El espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny no solo fue música, colores y fiestas, también fue un collage de referencias culturales latinoamericanas.
Entre ellas destacó la presencia del boxeador mexicano "El General" Emiliano Vargas, cuya aparición funcionó como un guiño directo a la tradición combativa, resiliente y popular que el boxeo representa en México y en buena parte de América Latina. Su figura en el escenario fue más que un cameo: fue un símbolo.
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Emiliano Vargas, conocido como “El General”, es uno de los nombres que han comenzado a sonar con fuerza dentro del boxeo profesional mexicano. Hijo del excampeón mundial Fernando “El Feroz” Vargas, Emiliano ha construido su propio camino arriba del ring, combinando técnica, disciplina y una narrativa de legado familiar que inevitablemente lo coloca bajo los reflectores. Sin embargo, lejos de vivir únicamente del apellido, ha demostrado determinación para consolidarse por méritos propios.
"El General" Emiliano Vargas y Bad Bunny.(Instagram. )
Con un estilo agresivo pero calculado, Vargas ha ido sumando victorias que lo perfilan como una de las promesas a seguir dentro del boxeo internacional. Su presencia en un espectáculo global como el de Bad Bunny no es casualidad: responde a una generación de atletas que entienden el deporte también como fenómeno cultural y mediático, donde la identidad y la representación pesan tanto como los títulos.
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Hablar de Emiliano Vargas es hablar también del boxeo como columna vertebral deportiva de la cultura popular mexicana. Desde mediados del siglo XX, el box se convirtió en uno de los deportes más arraigados en el país, forjando ídolos que trascendieron el ámbito deportivo para convertirse en símbolos nacionales. Figuras como Julio César Chávez, Salvador Sánchez, Rubén “Púas” Olivares, Erik “El Terrible” Morales o Saúl “Canelo” Álvarez consolidaron a México como potencia mundial.
"El General, Emiliano Vargas, Bad Bunny y el puertoriqueño Xander Zayas.(Instagram)
El boxeo en México no solo se mide en campeonatos internacionales —donde el país históricamente ha figurado entre los más laureados— sino en su profunda raíz popular. Es un deporte que nace en barrios, gimnasios comunitarios y pequeñas arenas, donde disciplina y movilidad social se entrelazan. En ese sentido, que un artista global como Bad Bunny incorpore a un boxeador mexicano en su show de medio tiempo confirma algo evidente: el box no es solo deporte, es identidad, narrativa y orgullo latino.