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Big Brother: cuando Pedro Torres revolucionó la televisión mexicana

La llegada de Big Brother México, producido por Pedro Torres, no solo rompió esquemas de audiencia, también transformó hábitos televisivos, lenguaje y la conversación pública en los hogares.
vie 30 enero 2026 09:55 AM
fashion parade sears
fashion parade sears (Ricardo Bernal)

Cuando Big Brother México aterrizó en las pantallas nacionales en marzo de 2002, no solo fue un estreno: fue un terremoto cultural para la televisión abierta. Producida por Pedro Torres junto con Endemol y Televisa, el formato internacional basado en el diseño original de John de Mol Jr., la telerrealidad llegó como un experimento y se convirtió en fenómeno.

La fórmula era sencilla: doce desconocidos convivían aislados en una casa equipada con 40 cámaras y 60 micrófonos, filmando “su vida real” las 24 horas del día. Cada semana, el público votaba para eliminar participantes, convirtiéndose en parte activa del espectáculo. Esta dinámica, novedosa para la época, capturó rápidamente la imaginación de los televidentes.

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El impacto fue inmediato. La final de la primera temporada alcanzó casi 36 puntos de rating, lo que en cifras de audiencia significó que más de 6 millones de hogares estaban sintonizados al mismo tiempo. Más allá de números, Big Brother impulsó una conversación popular que pocas producciones antes habían logrado: familias completas, desde jóvenes hasta adultos, se encontraban discutiendo sobre nominaciones, estrategias y vida dentro de la casa.

Adela Micha durante la primera emisiónd e Big Brother.
Adela Micha durante la primera emisiónd e Big Brother. (Especial)

Ese impacto no estuvo exento de polémica. Organizaciones conservadoras y sectores tradicionalistas expresaron su desconfianza hacia un formato que exhibía la vida cotidiana de desconocidos, mientras los anunciantes inicialmente se mostraron cautelosos ante la posibilidad de ofender sensibilidades. Sin embargo, la curiosidad y la participación del público terminaron por consolidar al reality como un fenómeno ineludible.

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La llegada de Big Brother también se percibió en otros ámbitos culturales. El lenguaje coloquial, con expresiones como güey —entonces consideradas marginales o transgresoras en horario estelar— empezó a aparecer con más naturalidad, reflejando cómo el programa no solo mostraba comportamientos sino que también influía en ellos.

Todos los concursantes acudieron ayer al programa para la final, en la que El Chile resultó ganador.
Todos los concursantes acudieron ayer al programa para la final, en la que El Chile resultó ganador. (Twitter)

Además, el éxito del formato abrió las puertas a otros realities y consolidó un nuevo modelo de entretenimiento en México: uno que dependía de la interacción del público, de la espontaneidad más que del guion y de un vínculo diario con los participantes. Versiones posteriores, como Big Brother VIP con celebridades, extendieron esa fórmula y demostraron que el género podía renovarse sin perder su esencia básica.

Hoy, a más de dos décadas de su estreno, Big Brother México sigue siendo una referencia para entender cómo la televisión abierta pudo transformarse con la telerrealidad, dejando una huella que va más allá del rating: cambió hábitos de consumo, introdujo nuevos lenguajes y consolidó una forma de mirar y participar en la pantalla.

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