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La protagonista de 'Dirty Dancing' arruinó su carrera por un consejo de su mamá

La mamá de Jennifer Grey le repitió desde pequeña que no conseguiría triunfar en el cine con su nariz y, cuando finalmente siguió su consejo y se sometió a dos rinoplastias, nadie la reconocía.
martes 19 abril 2022
Ron Galella Archive - File Photos 2009
Jennifer Grey y Patrick Swayze

Tras el inesperado éxito de Dirty Dancing, una película de bajo presupuesto que nadie esperaba que se convirtiera en un clásico de culto, todo hacía presagiar a que su protagonista Jennifer Grey tenía por delante una carrera tan larga y fructífera como la que acabó construyendo su compañero de reparto Patrick Swayze. Sin embargo, ese no fue el caso. El motivo de su 'fracaso' fueron dos rinoplastias que cambiaron por completo su aspecto e hicieron que su amigo Michael Douglas no la reconociera cuando coincidieron en una alfombra roja.

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"Gasté mucha energía tratando de averiguar qué había hecho mal, por qué fui desterrada del reino. En realidad eso es mentira. Me desterré a mí misma. De un día a otro, me volví invisible, y se convirtió en un problema. A ojos del mundo, yo ya no era yo", recordó en una entrevista a People.

Lo más irónico de toda la situación es que Jennifer se había resistido durante años a pasar por quirófano para operarse la nariz porque sentía "que era lo suficientemente guapa" y, cuando por fin lo hizo, tuvo claro que estaba cediendo a la presión "del enemigo".

60th Annual Academy Awards
Jennifer Grey and Patrick Swayze

Quien la hizo cambiar de opinión fue en gran parte su mamá, que había trabajado como actriz antes de casarse con el papá de Jennifer, la estrella de Cabaret Joel Grey, y que le había repetido desde niña que, con su nariz, no conseguiría triunfar.

"Ella me quiere, me quería, siempre lo ha hecho, y fue pragmática porque me decía: '¿Adivina qué? Es muy difícil que te den un papel. Pónselo un poco más fácil'", recordó.

 

En defensa de su mamá, Jennifer reconoce que jamás le dijo que no fuera guapa, sino que le habló con una franqueza absoluta de los estándares de belleza imposibles que se esperaban entonces -y ahora- de las estrellas de cine.

"Me decía: '¿Adivina qué? Si no quieres ser actriz, me parece perfecto. Pero si quieres serlo...'. Pero cuando yo era pequeña, estaba completamente en contra de la rinoplastia. Quiero decir, era como mi religión. Me encantaba que mis padres lo hubieran hecho [someterse a rinoplastias]. Entiendo que eran los años 50 y estaban tratando de encajar. Sé que entonces tenías que hacer ciertas cosas, como cambiarte el nombre, y se consideraba algo normal".

 
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