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Diego Calva listo para el estreno de ‘El Infiltrado’ junto a Tom Hiddleston con un villano nacido del trauma

En la antesala del estreno de ‘El Infiltrado’, Diego Calva habla de la espera, del miedo y de cómo construyó un villano lejos del cliché, guiado por la intuición y la herida emocional.
jue 08 enero 2026 07:10 PM
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Diego Calva, actor mexicano. (Archivo Quién / @weshootmuch)

Antes de una premier hay un silencio particular. Un tiempo suspendido donde el proyecto ya no le pertenece al actor, pero todavía no al público. Diego Calva conoce bien ese territorio. Ahí, en esa pausa incómoda, lo encuentra el estreno de El Infiltrado, (The Night Manager) la serie en la que comparte créditos con Tom Hiddleston que marca un nuevo capítulo en su carrera internacional.

“Cuando uno termina un proyecto, nunca sabe cuándo se va a estrenar”, dice Calva, como quien ya aprendió a convivir con la incertidumbre. El calendario de las plataformas, los tiempos de edición, las decisiones que se toman lejos del set. Todo ocurre fuera de su control. Por eso, explica, ha tenido que entrenarse en soltar, en asumir que el trabajo del actor termina mucho antes del aplauso o la crítica.

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Entrar al universo de El Infiltrado fue hacerlo en una casa con historia. La serie, basada en la obra de John le Carré, llevaba años habitada por sus creadores y por un público que esperaba algo más que una continuación. “Fue como llegar a una familia que ya estaba muy bien armada”, recuerda. Compartir créditos con Tom Hiddleston, en una producción que se tomó una década para volver, implicaba una responsabilidad silenciosa, pero constante.

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Diego Calva y Tom Hiddleston en un fotograma de la serie El Infiltrado. (Cortesía. )

A ese escenario se sumó un desafío aún más delicado: interpretar a un villano latino sin repetir los gestos conocidos. “Como latinoamericano siempre es un reto encarar este tipo de personajes, que muchas veces pueden irse al lugar del narcotraficante. En este caso, el proyecto me permitió crear un personaje alejándome de todos los clichés narrativos que ya conocemos”, admite. La tentación del estereotipo estaba ahí, al alcance, pero Calva eligió otro camino. Uno más incómodo, más lento y, sobre todo, más humano.

“No tengo una escuela actoral”, dice sin rodeos. Su formación ha sido el trabajo mismo, personaje tras personaje. “Cada proyecto me presenta un método distinto”, explica. En El Infiltrado, esa búsqueda lo llevó a dejar de pensar primero en la forma y concentrarse en el origen. En lo que no se ve. En lo que duele.

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La respuesta apareció en la infancia. “Cuando pude ver al niño chiquito de mi personaje, ya pude crear a este villano”, confiesa. El trauma se convirtió en una llave narrativa y emocional. No para justificar la violencia, sino para entenderla. El resultado es un antagonista capaz de cometer actos atroces, pero atravesado por una ternura fracturada, por una herida que nunca cerró.

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Diego Calva en la serie El Infiltrado. (Cortesía. )

Esa lectura no fue solitaria. El diálogo con la directora Georgi Banks-Davies y con sus compañeros de reparto permitió reconocer una huella común entre los personajes: la orfandad, el abandono, el dolor compartido. “Los villanos son importantes porque nos permiten acceder a nuestra parte más oscura”, reflexiona Calva. El cine y la ficción, dice, son el lugar donde esas sombras pueden existir sin dañar a nadie.

Hoy, mientras la serie se prepara para encontrarse con el público, Diego Calva hace un corte de caja simple. Debutó formalmente en una película mexicana independiente titulada Te prometo anmarquia y su primer papel internacional fue Babylon, de Damien Chazelle junto a Margot Robie y Brad Pitt, el cual le dio su primera nominación a los Golden Globes.

“Mientras me siga poniendo nervioso con mi trabajo, me seguiré dedicando a esto”, afirma. El set, los guiones y la interpretación siguen siendo su refugio. Todo lo demás —la promoción, las entrevistas, el ruido— no es su parte favorita. Pero la acepta, como se acepta la espera antes de una premier: sabiendo que, al final, lo único que importa es haber sido honesto frente a la cámara.

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