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'El diablo viste a la moda': secretos, impacto cultural y por qué sigue vigente

A casi dos décadas de su estreno, la película redefine su legado: ya no es solo moda, es una radiografía del poder.
lun 30 marzo 2026 10:44 AM
Meryl Streep y David Frankel en el set de El diablo viste a la moda.
Meryl Streep y David Frankel en el set de El diablo viste a la moda. (Archivo. )

Cuando El Diablo viste a la moda (The Devil Wears Prada) llegó a los cines en 2006, fue leída como una comedia sofisticada sobre el mundo de la moda. Tacones, bolsas de lujo y una jefa imposible parecían el centro del espectáculo. Sin embargo, el tiempo ha reconfigurado su lectura: lo que parecía aspiracional hoy se percibe como una historia sobre jerarquía, presión laboral y el costo de pertenecer.

En un contexto actual donde el burnout y las dinámicas tóxicas de trabajo están bajo revisión, la película protagonizada por Meryl Streep y Anne Hathaway cobra una nueva dimensión. Más que una fantasía de moda, es un retrato incómodo de cómo opera el poder… y de lo que estamos dispuestos a sacrificar por estar cerca de él.

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Meryl Streep construyó a Miranda desde el silencio

Lejos del estereotipo de jefa histérica, Meryl Streep decidió interpretar a Miranda Priestly con frialdad y contención. Su inspiración incluyó figuras reales como Anna Wintour, pero también líderes masculinos de Hollywood. El resultado fue un personaje más inquietante: alguien que no necesita alzar la voz para imponer autoridad.

Anne Hathaway no era la opción obvia

Hoy es imposible imaginar a otra Andy Sachs, pero Anne Hathaway no era la favorita del estudio. Rachel McAdams era la primera opción para este personaje. Su elección terminó siendo clave: su vulnerabilidad y evolución conectaron con toda una generación que se vio reflejada en la presión por encajar y “aguantar”.

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Meryl Streep y Anne Hathaway en fotograma de El diablo viste a la moda. (Archivo. )

El vestuario fue tan real como el poder que retrata

Uno de los grandes aciertos de la película fue integrar piezas auténticas del mundo de la moda. Lejos de ser un simple recurso estético, el vestuario funciona como lenguaje narrativo: cada cambio en Andy refleja su adaptación —o rendición— a un sistema jerárquico. Patricia Field fue la encargada de este departamento y su trabajo le valió una nominación a los premios Oscar del 2007.

La industria sabía perfectamente de quién hablaba

La historia está basada en la novela The Devil Wears Prada de Lauren Weisberger, quien trabajó en Vogue. Aunque nunca se confirmó oficialmente, el paralelismo con Anna Wintour fue evidente. La industria jugó a desmarcarse, mientras alimentaba el mito.

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El libro de Lauren Weisberger. (Archivo. )

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Los detalles ocultos revelan un mundo real

Desde referencias al funcionamiento interno de revistas hasta la participación indirecta de marcas de lujo, la película está llena de guiños para quienes conocen ese universo. Más que ficción, funciona como un retrato estilizado de una industria altamente competitiva.

Frases que definieron una generación

Líneas como “Florals? For spring? Groundbreaking” o “That’s all” trascendieron la pantalla. Se convirtieron en símbolos culturales que encapsulan ironía, poder y distancia emocional, reforzando el carácter icónico de Miranda Priestly.

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Fotograma de The Devil Wears Prada. (Cortesía. )

Una lectura crítica que llegó con el tiempo

Lo que antes se interpretaba como disciplina hoy puede leerse como abuso normalizado. La película plantea una pregunta incómoda: ¿Miranda es la villana o es simplemente el reflejo de un sistema que premia la dureza? Andy, al final, no conquista ese mundo: decide abandonarlo.

Por qué la historia vuelve a ser relevante

En plena conversación global sobre cultura laboral, ambición y límites personales, El diablo viste de Prada resurge con fuerza. Ya no como fantasía aspiracional, sino como espejo de dinámicas que siguen vigentes —y que hoy estamos más dispuestos a cuestionar.

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