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Beatriz Simón convierte la limpieza en arte: una rebelión íntima contra lo invisible

La artista explora jabón, polvo y fibras para cuestionar el trabajo doméstico, el feminismo y la memoria invisible en 'This art is dusty, clear the table, flush the toilet, stay young'.
mié 18 marzo 2026 09:10 AM
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Beatriz Simón, artista. (Jonathan Saldaña. )

En un momento donde el arte contemporáneo insiste en incomodar, Beatriz Simón lleva esa premisa al terreno más cotidiano —y menos valorado— de todos: el hogar. Su exposición This art is dusty, clear the table, flush the toilet, stay young no solo transforma objetos domésticos en piezas escultóricas, sino que plantea una pregunta incómoda: ¿por qué lo que sostiene la vida diaria sigue siendo invisible?

Desde fibras de trastes hasta jabón derretido y polvo recolectado, Simón construye una poética visual que parte de lo íntimo para escalar hacia lo político. No es casualidad: el proyecto lleva más de una década gestándose.

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“Quería hacer una limpieza interior, abrir un clóset, sacar todo y dejar entrar lo nuevo. Pero entendí que eso no era tan simple”, explica la artista. Ese impulso inicial derivó en una investigación profunda sobre materiales, historia del arte y, sobre todo, sobre aquello que rara vez se nombra: el mantenimiento.

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Beatriz Simón, artista. (Jonathan Saldaña.)

La estética de lo que nadie quiere ver

Inspirada en el Manifesto for Maintenance Art de Mierle Laderman Ukeles, Simón retoma la idea de dignificar el trabajo doméstico y lo traduce a su propio lenguaje contemporáneo.

La operación es tan simple como radical: agrandar lo mínimo, visibilizar lo ignorado. “Tú limpias con una fibra pequeña y siempre la ves sucia, con asco. Pero cuando la presento en gran formato, es como si esos materiales nos cuestionaran”. El polvo —ese residuo inevitable— se convierte en protagonista.

“El polvo lo limpias y no desaparece, solo lo mueves. Pero sin polvo no hay vida”. En esa contradicción vive la potencia de la obra: lo que rechazamos es, en realidad, esencial.

El hogar como campo de batalla simbólico

El núcleo conceptual de la exposición está en el espacio doméstico, particularmente la cocina, entendida como un territorio donde ocurre mucho más que lo evidente.

Una de las piezas replica el piso de su propia cocina, convirtiéndolo en una superficie simbólica donde se condensan dinámicas familiares, afectivas y sociales. “Ahí se cocina todo: la comida, pero también la familia, las emociones, los valores”.

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Autorretrato, pieza realizada con jabón en barra para ropa. (Cortesía.)

Simón no romantiza el hogar, pero tampoco lo desecha. Lo reconfigura. “Es dignificar el trabajo de la casa. No es una carga: es lo que sostiene nuestras vidas”.

Feminismo sin estridencias, pero con profundidad

Aunque su obra dialoga directamente con el feminismo, Simón se aleja de posturas confrontativas para proponer una reflexión más amplia. “No es una exposición en contra de los hombres. Es una conciencia humana”. Su crítica apunta tanto a las estructuras históricas como a las dinámicas actuales, donde el trabajo doméstico sigue recayendo —en gran medida— sobre las mujeres.

“Cuando las mujeres salieron a trabajar, los hombres dijeron: perfecto… pero también haces la casa”. Sin embargo, su enfoque no se queda en la denuncia. “La mujer tiene que darse su lugar. Y también dárselo a otras mujeres”.

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Materiales efímeros, discursos permanentes

Uno de los gestos más contundentes de la exposición es el uso de materiales frágiles para hablar de permanencia. Los bustos escultóricos —tradicionalmente asociados al poder y la memoria— están hechos de jabón. “Si les echas agua, se diluyen. Pero la idea es que el lugar de la mujer no sea efímero”.

La elección no es solo estética, sino conceptual: tensiona la idea de legado, historia y valor. En lugar de mármol o bronce, Simón apuesta por lo cotidiano, lo doméstico, lo aparentemente banal.

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Beatriz Simón, artista. (Jonathan Saldaña. )

Del objeto al símbolo colectivo

En proyectos paralelos, la artista ha trabajado con materiales donados por más de 200 mujeres, convirtiendo la obra en una voz colectiva. Abogadas, maestras, madres, amas de casa: todas convergen en una narrativa que amplifica lo individual hacia lo social. “La voz se vuelve superlativa. Ya no es solo mía”.

Este gesto conecta también con la historia de mujeres invisibilizadas, evocando figuras como Virginia Woolf y su reflexión sobre las creadoras que tuvieron que ocultarse bajo seudónimos masculinos.

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"La Mariée", vestido de gran formato realizado con fibras de cocina. (Coetesía. )

El arte como incomodidad necesaria

Para Simón, el arte contemporáneo tiene una función clara: mover. “El arte está hecho para incomodar”. Y en ese sentido, su exposición cumple con creces. No solo por los materiales que utiliza, sino por lo que obliga a reconsiderar.

Al final, Simón entiende su trabajo como un punto de partida, no de llegada. “La obra ya no es mía cuando está frente al espectador”. Es en esa transferencia —del objeto al público— donde la exposición encuentra su verdadera potencia.

Porque lo que propone no es solo mirar distinto, sino pensar distinto. Y quizá, después de verla, también habitar distinto.

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