Entre las muchas imágenes que definen el arte mexicano del siglo XX, pocas resultan tan reconocibles como la Silla Mano de Pedro Friedeberg. La pieza, una escultura con forma de mano gigante que funciona como asiento, se convirtió con los años en un símbolo del surrealismo mexicano y en la obra más famosa del artista.
La historia detrás de la escultura comenzó a inicios de la década de 1960, cuando Friedeberg, entonces un joven artista fascinado por la arquitectura fantástica y el surrealismo, buscaba romper con las formas tradicionales del diseño y la escultura. Su interés no era crear un simple objeto funcional, sino una pieza que desafiara la lógica y el sentido común.