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De cara al futuro: Carlos… el 'sorpresivo príncipe modernizador'

En años decisivos para el futuro de la Casa Real con más de mil años de tradición, los Windsor, el heredero al trono británico no tiene un camino fácil frente a él.
jueves 08 septiembre 2022
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El príncipe Carlos es el futuro de la monarquía británica.

El Sorpresivo príncipe modernizador, así "bautizamos" al futuro rey Carlos . La rebeldía, contrario a lo esperado, ha estado presente en él desde siempre, pero hubo una ocasión en la que dejó en claro que estaba listo para defender sus ideales, a costa de un conflicto por el que fue tildado de egoísta y cuasi "peligroso", una osadía no propia de su estatus.

Carlos es un hombre con sus propias ideas y eso provocó roces con su mamá, en especial con el desaire que le hizo a China, en 1999, al no asistir a una cena de Estado, en la que Isabel II afianzó lazos diplomáticos, y todo para apoyar al Dalai Lama, a quien conoció cuando, "en secreto", la reina madre recibió al líder del Tíbet en su residencia oficial.

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Pero eso no ha sido todo, decidió no escuchar las peticiones de dejar de lado su propia fundación, con la que quiso apoyar a aquellas caridades a las que la monarquía nunca volteaba a ver (algo que también hizo Lady Di, al separarse) o su no rotundo a dejar de ayudar a los inmigrantes, en particular los musulmanes.

Amparado por la protección de su abuela Isabel Bowes-Lyon; tocado directamente por las protestas estudiantiles de los años 60 en contra del establishment, pero hasta cierto punto tradicionalista, resultado de su educación para ser rey, Carlos es una amalgama de búsqueda de libertad cortesana, pero sin perder la mira de su obligación.

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La reina Isabel II y el príncipe Carlos han tenido una relación complicada.

El 1 de julio de 1969 recibió su título de príncipe de Gales y la idea que dijo de cómo servirá a su nación ha sido profética: "Es algo que le das a la gente, sobre todo si quieren que lo hagas, y a veces si no quieren"; ese justo ese el escenario que se le plantea al King to be, tal perece que el mundo no lo quiere ver en el trono, pero su mamá y RU sí.

En honor a la verdad, en Gran Bretaña la atención, hoy más que nunca, está centrada en vigilar la salud de su majestad, pero ha sido ella misma, con el espaldarazo a su hijo y a su nuera en su speech más importante, a 70 años del Día de la Adhesión, que mostró de forma vívida lo urgente que es abrazar ya la idea de que el cambio es inminente.

 

El príncipe de Gales, quien, hace años, en su primer encuentro con tres editores de los periódicos más importantes de su país les aseguró que "tuve (y sigue) que luchar con cada fibra de mi ser por escapar al protocolo real", está dispuesto a modernizar la institución y si lo hace a paso mesurado, sin perder su voz, lo puede lograr.

Sin olvidar que debe ser una figura de representación y no de acción, podría, al lado de la mujer a la que ha defendido ante lo que sea, Camila —y con la que logró lo que ni Eduardo VIII: romper la fobia al divorcio de los Windsor—, gobernar y asegurar la corona para su hijo y su nieto, en años en los que parecería impensable que aún haya realeza.

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El miembros más 'senior' de la Casa Real de Windsor, el príncipe Carlos, la duquesa Camila y la reina Isabel II.

 
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