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Revelan secretos de la infancia de Edith González

A un mes de la muerte de la actriz, su hermano Víctor Manuel González guía a Quién en un recorrido por la Unidad Modelo, donde crecieron.

Hoy se cumple un mes de la muerte de Edith González a causa del cáncer de ovario que padeció y para honrar su memoria su esposo Lorenzo Lazo, su hija Constanza Creel, su hermano Víctor Manuel González y su sobrina Ukúme se reunieron con amigos de toda la vida de la actriz en la parroquia del Espíritu Santo para celebrar una misa.

Antes del servicio religioso, Víctor Manuel González dio a Quién un recorrido por las calles en las que jugó Edith en la Unidad Modelo, ahí donde aprendió esa pasión por vivir que la acompañó hasta el último momento. El paseo inició en el número 25 0 101, la casa de la infancia de la protagonista de Corazón Salvaje.

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Al lado está el hogar de la que fue su madrina de bautizo, quien ya tampoco está en este plano, pero a la que representó su hija Pilar Ceballos. Al grupo de gente que la actriz tanto amó se sumó su prima, Connie García de Gómez. Los tres reconstruyeron pasajes de la infancia idílica que González vivió en Modelo-Retorno 204.

Pilar Ceballos y Connie García de Gómez
Pilar Ceballos y Connie García de Gómez recordaron los buenos momentos que pasaron al lado de Edith González.

Edith llegaba de la escuela, estaba chiquita, en el camión, y se iba a comer con su madrina (de primera comunión) que cocinaba delicioso y la consentía mucho. Su mamá siempre se preocupaba hasta que le decían que estaba con doña Chayo”, recordó García, que también hizo eco de la ocasión en que González se disfrazó de Blancanieves para una kermés.

“Desde niña vivió con mucho entusiasmo, nos levantábamos temprano para tomar una vitamina C, que según nosotras nos daba fuerzas para las aventuras. Jugábamos a las muñecas, ella amaba a Juanita Pérez, porque tenía muchos vestidos y hacía lo que queríamos. El cuarto de servicio era el gran juguetero y nuestro palacio”, contó Connie.

El entorno que rodeó a la güera consentida de la televisión siempre fomentó su crecimiento, en casa con sus fiestas para las que se vestía con terciopelo y grandes moños, y en la parroquia, en la que hoy se rezó por su memoria, encontró un ambiente de libertad, que motivaba en los feligreses el interés cultural y donde conoció desde el verdadero Cantinflas hasta Julio Alemán.

Víctor Manuel y Ukúme González
Víctor Manuel y Ukúme González recordaron con cariño a Edith González.

“Decía que Manuel Ramírez Arriaga (nieto de Ponciano Arriaga), que vivía al lado, era su novio, a ella era la única que le permitía decirle licenciadito. Teníamos una tiendita donde nos daban créditos y a ella le encantaba ir. Cuando Edith no tenía clases se iba a buscar donativos para la tómbola de la kermés de la iglesia, fue una niñez de encanto”, contaron Pilar y Víctor.

La actriz trabajó desde muy niña, por gusto, y experimentó de todo: “En la zona comercial había un negocio que atendía Chava, un hombre flaco y alto, que ponía a Edith en su estante para atender a varios clientes. También estaba El Tigre, que había sido boxeador y la cuidaba, andaba con su moto, era de ojos claros, fuerte y güero”, compartió su hermano.

Otro conocido es Walter Ávila Gómez, que rememoró a Edith mientras caminaba de la mano con su mamá, mientras él y otros amigos le dedicaban piropos por su belleza. Él compartió cómo el universo es tan pequeño y tenía destinado para Edith el conocer a su último gran amor, Lorenzo Lazo: “La Unidad Modelo la diseñó Mario Pani, que tuvo la idea de hacer los grandes espacios.

“Y el arquitecto Carlos Lazo fue el que hizo la construcción y ahí está su hijo”, relató Ávila, mientras señaló a Lorenzo, quien también se unió al recorrido a pie por la cuadra en la que su esposa caminaba para tomar el camión de la ruta Colonia del Valle-Popo-Sur 73 que la llevaba a tomar sus clases de ballet y hawaiano al sur de la Ciudad de México, así como para ir a jugar boliche.

Walter Ávila Gómez
Walter Ávila Gómez contó que él y sus amigos siempre celebraban la belleza de Edith, cuando salía con su mamá para ir a Televisa.

Edith fue chambeadora desde los cinco años, mi mamá también la llevaba, hizo Radio Primaria, aprendió muchas cosas, estudiaba y jugaba, iba a la iglesia, era la niña equipo y por eso todos la quisimos mucho, la recuerdo con una gran sonrisa y tenacidad. Su legado es que no era una guerrera, era una amante de la vida”, finalizó Víctor González.

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