K-Pop Demon Hunters no es solo una película animada: su análisis amerita colocarla en la categoría de fenómeno y un manifiesto del pop contemporáneo. Con idols que combaten demonios entre conciertos y coreografías, la cinta condensa obsesiones actuales como la estética digital, la cultura fandom, el poder global del K-pop en una narrativa tan vibrante como autoconsciente y una insaciable búsqueda de los espectadores por una concreta renovación de las narrativas audiovisuales.
El proyecto nació como una idea híbrida que buscaba unir el lenguaje de la animación occidental con la mitología, el ritmo y el imaginario del K-pop. Desde su concepción, la película apostó por romper moldes, alejándose de los relatos clásicos del género para construir una historia donde la fama, la identidad y el sacrificio conviven con lo sobrenatural.