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El hijo de Leonora Carrington revela los secretos de su madre

Gabriel Weisz, uno de los dos hijos que tuvo la artista surrealista naturalizada mexicana con su esposo Emérico, escribió “El cuadro invisible. Mi memoria de Leonora”, libro de sus memorias con ella
martes 07 abril 2020
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Leonora Carrington

“Agradezco a Leonora por todas las conversaciones y enseñanzas que me brindó, por haber tenido la fortuna de participar en actos creativos que compartimos. Por la obra excepcional que dejó”, se pude leer en la penúltima hoja del libro “El cuadro invisible. Mi memoria de Leonora” (Editorial Gráfica Bordes, 2018), que escribió Gabriel, el primogénito de Leonora Carrington.

Estas palabras representan ampliamente la gran cantidad de anécdotas que Gabriel cuenta de Leonora y con Leonora en este libro que deja ver el lado humano, artístico y como mamá de una de las pintoras surrealistas más importantes del mundo.

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El apodo

A Leonora le pusieron el apodo de Prim cuando era niña y adolescente, así quedó comprobado en una carta que su mamá, Maureen Moorhead, le escribió durante la Segunda Guerra Mundial en la que le mostraba su cariño después de enterarse del arresto de Max Ernst, entonces pareja de Leonora y de quien fue el gran amor.

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Gabriel Weisz Carrington, hijo de Leonora Carrington en la presentación de su libro "El cuadro invisible. Mi memoria de Leonora" en el Museo de Arte Moderno el 1 de junio de 2019.

El arbolito de mariguana

Leonora plantó en una maceta de la azotea de su casa en la calle de Chihuahua número 194 de la colonia Roma una semilla de mariguana, la cual cuidada con esmero (al igual que al resto de sus plantas). Cuando era el momento apropiado, arrancaba las hojas de mariguana y las ponía a secar en su clóset. Según Gabriel, la cosecha estaba al servicio de las amistades de sus padres que visitaban su casa.

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Casa de Leonora Carrington en la calle de Chihuahua número 194 en la colonia Roma.

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No le gustaban los aviones

Gabriel cuenta que en dos ocasiones acompañó a su mamá a Europa. El recorrido que hacían para llegar era por tren y barco, ya que Leonora Carrigton detestaba los aviones, pues le parecía que se perdía la experiencia del recorrido y que en los aeropuertos no existía la posibilidad de ver en los rostros de los viajeros los largos trayectos para llegar a sus lugares de destino, como sí ocurría en las estaciones de tren.

Siqueiros le quitó un proyecto

Según cuenta Gabriel, Leonora sí incursionó en el mural, recordó que su madre preparaba unos bocetos para el Hospital de Cancerología, pero David Alfaro Siqueiros se apropió del proyecto. Sin embargo, el Museo Nacional de Antropología la invitó a realizar uno por encargo del entonces director Ignacio Bernal, creando el mural “El mundo mágico de los mayas”.

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Escondite secreto

En su casa de Chihuahua, Leonora construyó, con ayuda de un carpintero, una entrada secreta dentro de un clóset que conducía al doble techo del baño, ahí escondían una pistola de municiones y una carabina 30-30; hasta llegaron a esconderse ahí por una aparente visita del ejercito a su casa ya que recibieron varios avisos de cateos. Todo en el marco de los movimientos sociales de 1968.

Acusación de Elena Garro

En 1968, la escritora que fue esposa de Octavio Paz de 1937 a 1959 acusó a un grupo importante de intelectuales y artistas a través de un texto titulado “El complot de los cobardes”, entre los señalados estaban Leonora Carrington, Rosario Castellanos, Carlos Monsiváis y José Luis Cuevas.

Gabriel cuenta que ellos se enteraron un día antes de la publicación de este texto a través de un periodista que les advirtió que era posible que se emitiera una orden de aprehensión en su contra, por lo que decidieron salir de México lo antes posible. Gaby, como le decía Leonora a su hijo, relata que el verdadero problema para ellos era que en su casa había mucha propaganda antigubernamental que él había hecho con sus amigos con un mimeógrafo, por lo que tomaron un vuelo con dirección a Nueva Orleans.

Sobrino de Trotsky

Con su abrupta salida de México, los Carrington Weisz se refugiaron en el barrio francés de Nueva Orleans en uno de los departamentos de Larry Borenstein, quien según Gabriel era sobrino de León Trotsky. Larry, que de joven trabajó en circos y ferias leyendo las cartas con el nombre artístico “Prince Cairo”, se rumoraba que era parte del servicio de inteligencia.

No te pierdas más interesantes anécdotas en el libro “El cuadro invisible. Mi memoria de Leonora”.

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