La Ciudad de México está a punto de recibir una nueva Copa del Mundo. Sin embargo, para millones de personas, el torneo nunca abandonó realmente sus calles. Permaneció en fotografías familiares, boletos guardados en cajones, álbumes de estampas, camisetas heredadas y relatos que han pasado de generación en generación desde que el país organizó algunos de los capítulos más memorables de la historia del futbol.
Esa memoria colectiva es el corazón de “La Ciudad Que Nunca Dejó de Jugar”, una exposición que reúne cerca de 600 piezas rescatadas de colecciones personales para reconstruir la manera en que los habitantes de la capital vivieron los Mundiales de 1970, 1971 y 1986. Más que una muestra de objetos históricos, el proyecto retrata la relación sentimental entre una ciudad y el deporte que ha marcado buena parte de su identidad cultural. Aunado a esta celebración futbolera, Airbnb también presenta una experiencia especial encabezada por Hugo Sánchez.