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Nuestras Historias

Visitamos un restaurante después de cuatro meses y esto fue lo que ocurrió

Ryoshi fue el restaurante seleccionado para conocer el modus operandi de "la nueva normalidad" en los restaurantes. Sigue leyendo para conocer la experiencia personal de un miembro de nuestro equipo.
miércoles 12 agosto 2020
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Ryoshi

Si al inicio del año alguien nos hubiera dicho que una pandemia revolucionaría la forma de hacer las cosas y que muchos, entre ellos los restaurantes, tendrían que reinventarse, no hubiéramos dado crédito. Durante casi cuatro meses hemos sobrevivido gracias al servicio de delivery y aunque no nos podemos quejar, ahora sabemos que la experiencia de disfrutar un platillo recién salido de la cocina no tiene comparación.

Hasta hace muy poco, las redes sociales y los medios de comunicación empezaron a anunciar que los restaurantes volverían a abrir puertas, claro, a pasos escalonados y de la mano de ciertas regulaciones y medidas de sanitización. En mi caso, todavía no me sentía lo suficientemente “segura” para salir y tuvieron que pasar un par de semanas más para que, por fin, aceptara darle una oportunidad a la nueva normalidad en el mundo de la gastronomía. ¿El elegido después de meses de encierro? Ryoshi porque, estarán de acuerdo conmigo, nadie le puede decir "no" a la llegada de un atún de cien kilogramos.

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Una vez aceptada la invitación, me aseguré que en Ryoshi se estuvieran llevando a cabo todas las medidas posibles para cuidar de sus clientes, además, fui cuidadosa de no olvidar mis nuevos tres básicos: cubrebocas, careta y gel. Llegué al restaurante, pise el tapete desinfectante de la entrada y me recibieron personas que, sonriendo con la mirada, tomaron mi temperatura e hicieron un breve cuestionario sobre mi salud. Acto seguido, pasé a una cabina sanitizante para después recibir, de nueva cuenta, gel antibacterial. Dato: ninguna persona puede entrar al restaurante si no lleva cubrebocas.

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Ryoshi

Me asignaron la mesa y asorada, observé a mi alrededor: había gente (separadas por mesas de distancia) pero al fin y al cabo, gente que probablemente estaba experimentando, al igual que yo, su primera salida después de meses de encierro. Ya en la barra y después de que el chef me diera la bienvenida, llegó la hora de ver el menú y un mesero, con cubrebocas y careta, me compartió un código QR para escanearlo desde mi celular (¡qué modernidad!). Después, me dieron un paquete de cubiertos y el cual, a lo largo de la comida, me cambiaron un par de veces más.

El festín comenzó y entre piezas de nigiris, rollos, especialidades de la casa y su postre estrella de macadamia, Ryoshi, me probó una vez más por qué es uno de los restaurantes japoneses consentidos de la CDMX. Cabe mencionar que entre plato y plato, un lavabo “portátil” llegó a la mesa para promover el lavado de manos constantemente. Me lo advirtieron cuando llamé al restaurante: “extremamos en medidas sanitarias” y sí, por experiencia propia, puedo decir que lo hicieron.

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¿Mi conclusión? Una experiencia en la que se debe mantener la sana distancia y el uso de cubrebocas así como extremar en precauciones de sanitización no es mejor ni peor, solo es diferente. Para mí, ir a un restaurante después de cuatro meses fue como dar una bocanada de aire fresco. Me arreglé, comí delicioso, me sentí especial y más importante, fui testigo de que la vida está adaptándose, con mucha responsabilidad, a una nueva normalidad. Por experiencia, puedo decir que un restaurante que extrema en medidas sanitarias es un lugar que te hará sentir más seguro y que hará que puedas disfrutar mucho más de tu experiencia. Por esa razón, creo que es importante que cada persona se tome el tiempo de verificar que el establecimiento que visitará está comprometido a cuidar de sus clientes y de sus trabajadores, como es el caso de Ryoshi .

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