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Nuestras Historias

El "síndrome de las ventanas rotas" explicado con peras y manzanas

Cuando tenemos algo nuevo, intentamos que no sufra rasguños o golpes pero una vez que inicia el deterioro de cualquier objeto, lo descuidamos totalmente, ¿es ahí cuando comienza el principio del fin?
lunes 03 agosto 2020
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Síndrome de las ventanas rotas

En un experimento que realizó Philip Zimbardo (psicólogo social de la Universidad de Stanford en el año de 1969) se abandonó un coche sin placas y con las puertas abiertas en Bronx, un barrio que en ese entonces era pobre, peligroso, conflictivo y lleno de delincuencia. Zimbardo dejó el vehículo para observar qué ocurría y al cabo de solo diez minutos, el coche empezó a ser desmantelado. Días más tarde, ya no quedaba nada de valor en el coche.

En la segunda fase del experimento se abandonó otro vehículo en condiciones exactamente iguales pero en un barrio muy acomodado y tranquilo: Palo Alto, California. Durante una semana no le pasó nada al vehículo, fue entonces cuando Zimbardo decidió intervenir, tomó un martillo y rompió una de sus ventanas. De este modo, el coche pasó de estar en un estado impecable a mostrar signos de deterioro y abandono. Fue en ese momento que se confirmó la hipótesis de Zimbardo.

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¿Qué ocurrió?
A partir del momento en el que el coche se mostró en mal estado, los habitantes de Palo Alto destrozaron el vehículo a la misma velocidad que lo habían hecho los habitantes del Bronx. Años más tarde, este experimento se convirtió en el origen de la teoría del “síndrome de las ventanas rotas” acuñado por James Wilson y George Kelling.

¿Qué nos enseña este experimento social?
A muchos nos ha pasado que cuando tenemos algo nuevo, lo cuidamos de manera exagerada. Intentamos que no sufra rasguños o golpes, sin embargo, cuando inicia el deterioro de cualquier objeto, deja de importarnos y lo descuidamos totalmente y es ahí cuando comienza el principio del fin. Un ejemplo muy claro es una casa, poco a poco permitimos el desorden, descuidamos detalles y al cabo de poco tiempo, los espacios se vuelven viejos y tristes, cosa que genera mucho más descuido y negligencia entre los habitantes.

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Síndrome de las ventanas rotas

Pero, ¿qué pasaría si en lugar de hablar sobre un objeto o un inmueble habláramos sobre nuestra persona o una relación? La primera mancha en una camisa blanca molesta mucho, la segunda nos afecta menos y después de éstas, nos relajamos del todo hasta llegar al punto de terminar totalmente manchados. Así ocurre con nosotros mismos, si nos permitimos una falta de cuidado personal o un mal hábito de higiene y no lo corregimos de inmediato, entonces nos debilitamos poco a poco y sumamos nuevas dolencias a las anteriores hasta terminar con una salud y una calidad de vida cada vez más deterioradas.

Lo mismo sucede con las relaciones, la primera vez que hablamos mal, decimos una grosería, golpeamos, traicionamos un compromiso o permitimos al otro que lo haga, nos horrorizamos pero si lo dejamos pasar inadvertido después se convierte en algo normal.

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¿Podría llegar a ser esa nuestra primera ventana rota?
Si miramos con honestidad y en retrospectiva un vínculo ya roto, ya sea de amistad, de una relación de pareja e incluso de una sociedad profesional, sabremos cuál fue aquella primera ventana rota que nunca reparamos y a partir de la cual inició una caída. En muchas ocasiones esta comienza de forma casi imperceptible y poco a poco se hace cada vez más y más grande hasta ya no poder detenerla.

Lo que debemos hacer es cuidar la primera ventana rota y arreglarla tan luego se rompa porque de no hacerlo así, el mensaje que reflejaríamos sería: “aquí no hay nadie que cuide y por lo tanto, cualquier transgresión es válida”. Una reparación a tiempo, una disculpa oportuna, un “lo siento” honesto y espontáneo, una reparación del daño causado al otro o a sí mismo, un asumir la responsabilidad del error cometido (con o sin intención), puede evitar la caída en cascada, mejorar una relación y más importante: conservar el vínculo.

Nelly Glatt es psicoterapeuta, con especialidad en tanatología y violencia intrafamiliar con 23 años de experiencia. Nelly da consulta privadas, impartición de clases y conferencias.

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