Siempre que se viaja a un destino nuevo se tiene la ilusión de ser sorprendido, pero también la inevitable pregunta de si todo saldrá bien. Cuando elegí Corea del Sur como mi siguiente destino sabía que quería recorrer palacios, callejones llenos de cafeterías, comer en mercados tradicionales y, por supuesto, comprar los más popular en las tiendas de K-beauty. Lo que no imaginaba era que uno de los grandes protagonistas del viaje terminaría siendo el lugar donde me hospedé.
Four Seasons Seoul, el mejor punto de partida para entender la fascinación por Corea
¿Vas a Corea? Todas las razones para hospedarte en Four Seasons Seoul
Hay hoteles que simplemente complementan de manera espectacular un destino y Four Seasons Hotel Seoul es uno de ellos: se convierte en parte de la experiencia.
Bastaron unos minutos después del check-in para entender que aquí el lujo no sólo está en sus elegantes espacios o las impresionantes vistas hacia el Palacio Gyeongbokgung, está en la manera en que su personal consigue anticiparse a lo que necesitas antes incluso de pedirlo. En una ciudad tan grande como Seúl, esa sensación de que siempre hay alguien dispuesto a ayudarte mejora por completo el viaje.
Su ubicación también tuvo un papel fundamental. Frente a la Plaza Gwanghwamun y a unos pasos del Palacio Gyeongbokgung, prácticamente todos los días comenzaban caminando. Descubrí que Seúl es una ciudad que se disfruta mejor a pie, descubriendo los barrios de la Corea tradicional y comiendo en pequeños restaurantes que hacen sentir como uno local más.
Después de las largas caminatas por Bukchon Hanok Village, Myeongdong y Seochon y cargada de bolsas de compras, ansiaba llegar al hotel y encontrar una cama deliciosa y esa tranquilidad que te hace sentir como en casa y en Four Seasons así fue.
Amé su hospitalidad, pero si hubo algo que superó cualquier expectativa fue la gastronomía. Confieso que antes de llegar pensaba que la mejor comida estaría únicamente en los mercados locales, pero no fue así. Cada restaurante de Four Seasons Hotel Seoul tiene una personalidad propia, lo que hace posible viajar por distintas cocinas del mundo sin salir del edificio. En él se puede disfrutar de una cena italiana en Boccalino o de la sofisticación de la cocina cantonesa en Yu Yuan. Mención aparte merecen sus desayunos en The Market Kitchen, que combinaba especialidades coreanas con una impecable selección internacional.
Sin embargo, donde realmente entendí el nivel culinario del hotel fue en sus bares. Charles H. es de esos lugares por los que vale la pena cruzar una ciudad. Escondido detrás de una discreta puerta, este speakeasy (reconocido entre los mejores bares de Asia) ofrece una experiencia que va mucho más allá de la coctelería. La iluminación tenue, la música, el servicio y la originalidad de cada drink lo convirtieron en un gran recuerdo del viaje. Fue el lugar perfecto para cerrar el día luego de recorrer la ciudad.
Y luego está el universo que ha puesto a Corea en el mapa de los amantes de la industria de la belleza: el K-beauty. Viajar a Seúl es entender que el cuidado de la piel forma parte de la cultura cotidiana. Four Seasons consigue trasladar esa filosofía a su spa con tratamientos personalizados, masajes con jade caliente y experiencias diseñadas para que el bienestar no sea un lujo ocasional, sino parte del viaje. Después de días enteros caminando por la ciudad, dedicar unas horas al spa es tan importante como visitar un palacio o descubrir un nuevo barrio.
El concierge también entiende perfectamente esa obsesión mundial por la cosmética coreana. Desde recomendaciones para recorrer Myeongdong hasta la posibilidad de organizar experiencias enfocadas en belleza y bienestar, todo está pensado para que como su huésped vivas el fenómeno K-beauty.
Algo que terminé valorando enormemente fue que el hotel nunca intenta encerrarte en él. Todo lo contrario. Su equipo constantemente busca acercarte a la ciudad y su encanto. Recomiendan rutas para caminar, mercados que visitar, restaurantes locales, galerías, concept stores y rincones que probablemente no aparecerían en una guía turística o en un video de Tik Tok.
Volví a México con una maleta más llena de cosméticos, skincare y souvenires coreanos pero también con la sensación de haber elegido el mejor lugar para hospedarme, pues complementó a la perfección una experiencia inolvidable.