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¿En qué momento descansar empezó a dar culpa?

Tal vez nuestro problema no es que no sepamos descansar, sino que aprendimos a medir nuestro valor como personas en la productividad que tengamos al día.
Morning coffee
Pequeños cambios en tu rutina diaria pueden tener un gran impacto sin que tengas que renunciar a tus comodidades. ¿Tienes un amor incondicional por el café? Lleva tu propio termo cuando vayas por tu dosis diaria. (Cortesía)

Hay días en los que simplemente estás cansado. No quieres salir, contestar mensajes, hacer ejercicio, adelantar pendientes ni aprovechar cada minuto que tengas libre. Solo buscas acostarte, ver una serie que probablemente ya viste y dejar que el día pase sin convertirlo en una experiencia productiva.

Aún así aparece la sensación de que deberías estar leyendo, entrenando, organizando tu clóset, contestando mails o haciendo algo que te acerque a una versión que es supuestamente mejor de ti. Porque descansar ya no parece suficiente. Ahora también tiene que servir para algo.

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Hasta el descanso se volvió una tarea

Durante mucho tiempo nos repitieron que aprovechar el día era llenarlo. Tener muchos planes, cumplir objetivos, levantarse temprano, hacer ejercicio, trabajar en proyectos personales y, de preferencia, documentarlo todo.

Incluso el autocuidado terminó con la misma lógica. Dormir ocho horas para poder rendir más. Meditar para concentrarte mejor. Irte de vacaciones para regresar cambiada. Tomarte una tarde libre para poder volver a producir al día siguiente.

El problema es que así el descanso deja de ser descanso y se convierte en mantenimiento. Una pausa permitida únicamente porque después serás más eficiente. Por eso, cuando no hay una razón clara para parar, sentimos que no lo merecemos. Como si el cansancio tuviera que comprobarse y el tiempo libre necesitara una justificación.

Gadgets que todo amante de la lectura tiene que tener
Gadgets que todo amante de la lectura tiene que tener
(Elle Mundus/Getty Images/iStockphoto)

Estar ocupada se convirtió en una personalidad

Decir estoy agotada se volvió una forma de demostrar que estamos haciendo las cosas bien. Que tenemos trabajo, planes, metas y una vida suficientemente llena. En cambio, decir “Hoy no hice nada” todavía suena a confesión.

Nos cuesta aceptar que no todos los días tienen que dejar una lección, una foto bonita o una lista de pendientes terminada. Que a veces una tarde puede existir solo para estar acostada, caminar sin rumbo, comer algo rico o mirar por la ventana. Descansar también implica soportar el silencio que aparece cuando dejamos de distraernos con obligaciones. Tal vez por eso nos incomoda tanto. Porque cuando paramos, también dejamos de demostrar.

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Mujer leyendo un libro sobre el sillón de su casa
Practica y crea un nuevo hobbie para despedirte del estrés en tu día a día. (Daniel de la Hoz/Getty Images/iStockphoto)

No necesitas ganarte una pausa

El descanso no debería ser el premio que llega después de haberlo terminado todo, sobre todo porque nunca terminamos todo. Siempre habrá otro mensaje, otra meta, otro plan o algo más que podríamos estar haciendo.

Descansar de verdad empieza cuando dejamos de preguntarnos si ya hicimos suficiente. No todo momento tiene que mejorar tu cuerpo, tu carrera, tu casa o tu vida. Algunas horas pueden no tener propósito. Y eso no significa que sean horas desperdiciadas. Necesitamos volver a entender el descanso como algo normal y no como un lujo ni como una recompensa. Parar porque estamos cansadas. Dormir porque tenemos sueño. Cancelar porque no tenemos energía. Pasar un domingo sin convertirlo en contenido.

Porque descansar no te trata de abandonar tus metas. Es simplemente para recordar que tu vida también existe cuando no estás intentando llegar a ningún lado.

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