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Nuestras Historias

Los famosos nos cuentan sus mejores recuerdos con sus papás

Suelen ser los primeros superhéroes, los más grandes consejeros y guías cuando las cosas no andan bien.
domingo 21 junio 2020
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Ana Serrailla y su papá

Celebramos el Día del Padre con un poco de nostalgia y recuerdos de la infancia, patrocinados por este grupo de celebridades.

Oli Peralta y el papá más alivianado de México

Dice Olivia que gran parte de su personalidad libre y curiosa se la debe a su padre, el empresario Carlos Peralta, quien crío a sus hijos sin ataduras, pero siempre bajo su protección incondicional. “Amaba esos días en Tequesquitengo, donde pasábamos horas en la lancha para que yo esquiara más y más”, recuerda Oli.

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Desde entonces, enfatiza su hija, don Carlos Peralta era ya el típico papá barco, pero siempre con una personalidad que se imponía y equilibraba ese aparente exceso de libertad que le daba a sus hijos. Hoy las cosas son similares, Oli es todavía su pequeña hija, pero es consciente que es ya una mujer adulta que toma sus propias decisiones. “En mi relación con Justin ha sido uno de mis mayores cómplices, sin emitir juicios sobre la forma en la que hemos decidido llevar nuestro amor”, dice orgullosa.

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Oli Peralta y su papá

Lo describe como un hombre generoso cuyos chistes y alegría de vivir son los ingredientes perfectos para tener una hija plena. “Hoy tengo que decirte papá, que la relación que tenemos es muy especial porque las almas libres nos entendemos demasiado bien. Te quiero como papá en todas mis vidas”.

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Benny Ibarra y un súper papá de los escenarios

Cuando le preguntamos al cantante sobre lo que más admira de Benny Ibarra Garza, no dudó en responder que su energía, ligereza y su desenfadado trato con la gente. “Él me enseñó a tratar a las personas como quieres que te traten; siempre con respeto y de forma accesible”, dice el ex Timbiriche.

Aunque sus padres se separaron cuando tenía tres años, sintió que su familia seguía intacta, pues tanto Julissa como Benny papá decidieron que la educación de sus hijos sería prioridad, al igual que el legado artístico. “Me daba orgullo que pasara por mí a la escuela o cuando me dirigía en el papel de Danny Zuko en Vaselina, como él lo hizo años atrás”.

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Benny Ibarra y su papá

El rockero siempre estuvo presente y apoyó a sus hijos, “incluso fue súper barco, pero firme en sus convicciones”, como lo describe el esposo de Celina del Villar, quien recuerda con alivio cómo su padre lo sacó de un apuro, cuando a los 17 chocó su coche y puso en peligro su vida y la de otras siete personas. “Sabía que vendría a apoyarme y así fue”. Su padre llegó a darle tranquilidad, vio el auto contra el que había chocado (que estaba destruido) y lo pagó al momento.

“Hoy tengo que decirte papá, amado Benito Raúl Ibarra Garza: genio y figura. Buen hombre y amigo. Gracias por siempre estar y por tanto amor. Seguiré tus pasos siempre. Te amo mas que nunca”.

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Ana Serradilla. Un papá muy ocupado, pero amoroso

No, la actriz no es hija de Ernesto Zedillo ni pasó su infancia en Los Pinos, como sus seguidores en Instagram bromean cada que sabe una foto con él, quien a pesar de no tener nada que ver con la política, demostró que se puede ser un gran administrador y servidor. “Siempre lo admiré. Es mi mayor ejemplo a seguir porque pasó de no tener nada y vivir las circunstancias más difíciles, a crearse la vida que siempre soñó”, dice la protagonista de “La boda de mi mejor amigo”.

Con tres carreras universitarias y largas jornadas de trabajo, su padre tenía poco tiempo para jugar con sus hijas, pero la futura actriz se las ingeniaba para convivir con su héroe de la vida real: reprobaba matemáticas a propósito para acercarse más a él, y le funcionaba al 100%.

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Ana Serrailla y su papá

De sus papás, era él el que corregía. Cuenta Ana que le tenía mucho respeto, incluso algo de “miedo”, hasta que una vez, cuando se lo merecía, la encerró de castigo pero al mismo tiempo le guiñó un ojo. Ahí entendió que sólo la estaba educando y que quería lo mejor para ella.

Elegir su propia escuela cuando era niña o tener diferencias en cuanto a las posturas políticas, son parte de las libertades de esta relación padre e hija que siempre han traído buenos resultados. “Hoy tengo que decirte papá que si volviera a nacer, te volvería a escoger como mi padre. Eres el mejor”.

El coach dad de Vanessa Huppenkothen

Cuando se es una Sport Billy desde niña, sobresalir se convierte en un estilo de vida. Eso le pasó a Vanessa desde la primaria, cuando no había evento deportivo en el que su padre no le echara porras desde las gradas. “Él era quien me entrenaba en el parque y me daba consejos para ser más rápida o saltar más”, dice la experta en futbol.

La disciplina en las canchas no es la única herencia de Dieter Huppenkothen, quien en más de una ocasión le demostró a su familia que siempre es válido dejarlo todo y empezar de cero. “Literal, renació de las cenizas cuando se fue de México y empezó una nueva vida en Alemania. Es un ejemplo de perseverancia, fuerza, disciplina y trabajo, como buen alemán”, cuenta Vane.

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Vanessa Huppenkothen

Ser exigente y perfeccionista, pero alivianado a la vez, es otra de las virtudes de su padre, quien día a día se ganaba el título del “dad bad cop” a la hora de las tareas. Hoy es el mayor cómplice y admirador de su hija, a quien no le importa recibir decenas de mensajes a las cinco de la mañana con las últimas noticias del futbol alemán. “Hoy tengo que decirte papá, que te quiero, admiro y agradezco todo lo que has hecho por mí. Quiero que seas muy feliz, el más orgulloso de lo que soy y mi razón para hacer las cosas bien”.

Julio Ramírez y su hombre fuerte pero amoroso

El músico fue el típico niño deportista que competía en cuanto torneo se le atravesaba, y su papá; la viva imagen del padre orgulloso que alienta a gritos desde las gradas. Básquetbol, fútbol, karate o incluso concursos de la escuela, su papá siempre estuvo presente.

“Sin duda siempre fue de apoyo total, pero también estricto, incluso con un carácter muy fuerte y sin filtros. Él Intentó educarnos de forma firme, pero con amor”, recuerda el integrante de Reik.

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Julio Ramírez

Siempre han sido muy buenos amigos y confidentes, de hecho, cuando Julio se enteró que sería papá por primera vez, no dudó que fuera su padre el primero con el que compartiría la gran noticia. “Hoy tengo que decirte papá, que te amo y te agradezco todos estos años de amor incondicional. Estar conmigo en las buenas y en las malas, por tu paciencia y el tiempo prudente que siempre tienes para platicar conmigo, especialmente cuando son temas para ayudarme a mejorar”.

Bárbara López y su héroe de la pantalla chica

Cuando la actriz era sólo una niña, la llegada de su padre después de una jornada de trabajo significaba algo más que una familia completa que estaba por sentarse a cenar. “Amaba ese momento porque me abrazaba y percibía un olor muy particular como a cuero. Eso para mí era el olor de su trabajo”. Con el tiempo, Bárbara compartió la afición de su padre por la televisión. Él, como productor, y ella, del otro lado de la pantalla.

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Bárbara López

Lo conoce bien, después de todo ha sido su guía desde la infancia, así que seguir sus consejos en el set es pan comido. “En casa él era el estricto, pero cuando mi mamá se ponía muy dura, él tomaba el papel de barco para equilibrar y relajar un poco la situación”, recuerda.

Aunque ya es una mujer adulta, sigue siendo la niña de su padre. Hace poco le robaron su bolsa con documentos importantes y las llaves de su camioneta. Bárbara estaba desesperada, pero héroe llegó para solucionarlo y tranquilizarla. “Hoy tengo que decirte papá, que ser padre puede ser más difícil de lo que parece. Hoy quiero agradecerte todo tu esfuerzo y hacerte saber que ha valido la pena.

Loreto Peralta no acepta devoluciones; se queda con su papá

“¡Es mi héroe! Se esfuerza diariamente para darnos lo mejor, es lo máximo y lo amo muchísimo”, dice orgullosa la protagonista de la película “Todas las pecas del mundo”, y quien en más de una ocasión ha declarado que fue el mismo Juan Carlos Peralta quien inspiró la ternura de su papel en su debut cinematográfico. “Mi papá es un poco más formal que el personaje de Eugenio Derbez, pero es igual de necio y amoroso que mi “papá” de la película”, nos cuenta la actriz.

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Loreto Peralta y su papá

Otra característica de su papá es que mantiene el equilibrio perfecto entre un padre barco y uno estricto, porque, dice Loreto, es alguien que siempre está ahí para echar la mano y apoyar de forma incondicional, sobre todo en tareas o proyectos que tengan que ver con el arte.

“Hoy tengo que decirte papá, gracias por todo lo que haces por mí y por nuestra familia. Gracias también por el ejemplo de trabajo y responsabilidad que nos das. Mis hermanos y yo te vamos a amar para siempre”.

Aarón Díaz y un papá amigo, casi como un hermano mayor

“Mi papá es el hermano menor de 11 y desde muy chico tuvo que aprender a trabajar. Se casó muy joven con mi mamá y poco después nací yo”, así resume el actor parte de su historia, en la que el papel de hombre responsable y proveedor de su padre fue siempre la constante. “Él ha trabajado mucho para darnos todo lo que necesitamos. En nuestra casa nunca faltó nada y eso fue gracias a mi papá y mi mamá”.

El suyo fue uno de esos casos poco comunes en el que el orgulloso en las gradas era el hijo. Aarón amaba acompañarlo a sus partidos de futbol, donde su héroe dejaba todo en las canchas y goleaba a al equipo contrincante. “Era el mejor y todo el equipo lo amaba por su carisma, corazón y amabilidad”, recuerda orgulloso.

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Aarón Díaz

De sus papás, él era el de corregir y lo hacía de forma un tanto fuerte, pero “siempre con motivos”, dice Aarón, quien agradece, entre muchas otras cosas, que su padre fuera también el “alivianado”, como cuando lo ayudó a entrar a una discoteca sin ser mayor de edad o cuando le permitió irse a vivir a Estados Unidos, aún sin tener 18.

"Hoy tengo que decirte papá, que te amo. Gracias por el ser el padre que eres, por darme el ejemplo que siempre me ha dado”.

Paola Espinosa y el papá trampolín

A don Marco Antonio Espinosa le debemos a una de las glorias más importantes del deporte mexicano. “Ya no está físicamente, pero su recuerdo se hace presenta cada día”, dice la dos veces medallista olímpica en clavados. Fue él quien la animó a aprender a nadar y lanzarse desde las plataformas más altas. “Desde muy chica no quería aprender porque me daba mucho miedo. Los profesores eran un poco rudos al enseñarme, pero con mi papá fue distinto”, recuerda la campeona mundial.

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Paola Espinosa y su papá

De él guarda muchos recuerdos, como cuando ella y su hermana pasaban horas esperando a que su padre regresara del trabajo para hacer sus típicos volados de monedas. “Era un papá muy consentidor. De él casi no tuvimos regaños porque más bien era el que consentía, besaba y abrazaba. Era el más cariñoso”.

Su complicidad y apoyo con su hija fue total, desde lograr los puntajes más altos en las competencias, hasta luchar por su lugar en los torneos realizados fuera de la Ciudad de México o incluso el país. “Hoy tengo que decirte papá que te amo con todo mi corazón y que siempre te recuerdo con mucho amor y cariño. Gracias por todo lo que me enseñaste”.

Maestro, galán y caballero, así era el papá de Luis de Llano
Le gustaba llamarlo “Don Luis”, y así le decía desde niño a pesar de crecer en una época en la que el respeto a los mayores era casi una ley y la convivencia con él era sólo los fines de semana.

Sus padres se divorciaron cuando De Llano y Julissa eran muy jóvenes, sin embargo, los paseos dominicales en el Centro Histórico eran lo máximo para este par de futuros productores. “Él era un ejecutivo, pero también le gusta dirigir cámaras y producciones de teatro, así que siempre dije que de grande quería ser como él, porque siempre lo admiré”.

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Luis de Llano y su papá

Empezaron a trabajar juntos cuando regresó de estudiar en Estados Unidos y su padre lo puso a aprender de todo y desde abajo, como él lo hiciera en los inicios de la televisión mexicana con don Emilio Azcárraga Vidaurreta. “Desde entonces ya no me separé de él, hasta su muerte, a los 97 años”, recuerda Luis.

De él aprendió de música, teatro y televisión, y el amor por los libros. Admiraba su carácter y fortaleza, además de su porte español y galanura de caballero. “Hoy tengo que decirte papá, que sería el hombre más feliz del mundo si te tuviera a mi lado en estos momentos. Te extraño y te tengo presente.”

Paty Cantú y su gran ejemplo de vida

No hay duda de que el gran héroe de la cantante y compositora es su padre, quien de no tener nada y vender seguros, logró ser maestro, director y fundador de una una escuela de inglés. Es, dice Paty, un ejemplo perfecto de superación.

Su familia siempre estuvo primero, presume su orgullosa hija, quien desde niña amaba las emociones fuertes como subirse a la montañas rusas. “Mi papá se subía a todas conmigo, me hacía sentir y me trató siempre como una persona inteligente a la que incluía en sus conversaciones y gustos”.

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Paty Cantú y su papá

Dice Paty que su papá ha sido siempre un hombre de equipo y que su mamá es su pareja en todos los sentidos, aunque de los dos fue siempre el preocupón. “Cuando me vine a vivir a la Ciudad de México estaba muy chica, así que tuvimos una conversación difícil, pero al final me dejó venir por lo mío y prefirió ser parte de mi camino”, recuerda la cantante.

Siempre buscó la independencia de su hija, a pesar de su falta de organización, incluso le ayudó a conseguir su primer departamento y la asesoró en aspectos financieros, pero sobre todo, ha estado ahí para ella en aspectos sentimentales. Es su “recipiente de contención”, junto con su mamá.

“Hoy tengo que decirte papá; Armando, “Charmando”, porque sí que eres encantador, que te amo. Gracias por darlo todo por tu familia. Ha sido el camino de un hombre emprendedor y ejemplar. Te mereces tu propio libro y película”.

Carlos Gatica y un papá ídolo de una nación

Imagina que eres niño y tu padre sale todos los días en los espacios deportivos de la tele, en los que no paran de hablar de sus goles con la selección nacional de fut y del Cruz Azul. Eso le pasó al hoy actor Carlos Gatica, hijo del futbolista Carlos Hermosillo. “Fue mi héroe muchas veces, como en la final que ganó Cruz Azul en 1997 contra el León”, recuerda Emmanuel, de la obra Mentiras, el musical.

Pocos lo recuerdan pero esa final, Carlos Hermosillo la jugó con un chaleco antibalas, pues en la semifinal ante el Atlante, sufrió una fractura de costillas en el Azteca. “Que él haya metido el gol, con la cara llena de sangre después de que el portero de León lo golpeara en la ceja, es uno de los recuerdos que más orgulloso me hacen sentir”.

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Carlos Gatica y su papá

La carrera en las canchas terminó para su padre pero la afición mexicana no se ha olvidado de él y lo consideran unas de las grandes glorias del futbol nacional, pero a diferencias de las masas, el actor sigue disfrutando de su héroe personal, quien siempre le ha apoyado en su carrera. “Se sorprendió muchísimo cuando me vio por primera vez en los escenarios. Él no conocía la obra “Mentiras el musical” y le encantó. Ahora cada vez que está en México se toma el tiempo de ir a verme a Mentiras o a Myst”.

El ex futbolista vive ahora en Estados Unidos, pero el vínculo con su hijo sigue intacto y no hay función especial en la que su padre no esté ahí para apoyarlo. “Hoy tengo que decirte papá, gracias por confiar en mí y motivarme cuando más lo he necesitado. Es un orgullo enorme ser tu hijo”.

Alfonso Lizárraga y un papá leyenda de la música

Poncho, de Banda El Recodo, siempre tuvo un ídolo que arreglaba todo en casa y que lo mismo lo llevaba al campo a montar a caballo que a andar en bicicleta. Le impresionaba sus capacidades, pero algo que le despertó especial admiración fue verlo hacer música, porque cuando Poncho era sólo un niño, don Cruz Lizárraga era ya un ídolo de la música sinaloense que empezaba a hacerse sonar a nivel internacional.

Su papá era un hombre de campo y sabía que había que tener disciplina en el trabajo, pero también sabía cómo consentir a sus hijos. “Cuando regresaba de viaje nos llevaba al rancho a ver a nuestro tío y de regreso siempre hacíamos una escala en el malecón de Mazatlán para ir a las nieves”, recuerda Poncho.

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Alfonso Lizárraga y su papá

Además de trabajar arduamente, jugar y pasar tiempo con sus hijos era parte de la rutina para don Cruz, que siempre inculcó en sus hijos el amor por la familia, su tierra y la cultura sinaloense.

“Hoy tengo que decirte papá que han pasado 25 años desde que no estás con nosotros y que ha habido día que no estés en mis pensamientos y en mi corazón. Te amo y extraño. Me encantaría que estuvieras físicamente con nosotros para que pudieras conocer a tus nietas, a mi esposa y te sintieras orgulloso de la familia que he formado siguiendo tus valores”.

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