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Juan Villoro juega de 6: el escritor que recupera historias en un fútbol al borde del colapso

En Los héroes numerados, Juan Villoro convierte el fútbol en literatura: números, infancia, heroísmo y un mundo que se desmorona fuera de la cancha.
lun 11 mayo 2026 01:46 PM
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Retrato del escritor Juan Villoro. (Jonathan Saldaña.)

Juan Villoro es un número seis. No lo dice con falsa modestia, sino con precisión táctica. En la cancha —y en la literatura— el seis es ese jugador silencioso que recupera balones, los limpia y los entrega para que otros brillen. “es justamente ese recuperador de balones que recibe historias ajenas y las hace circular,”, dice.

La conversación ocurre en un momento de doble intensidad: la publicación de Los héroes numerados y la inminencia de un Mundial. Dos formas de la pasión que obligan a detenerse y mirar el mapa recorrido. Villoro habla de emociones como combustible: uno avanza sin saber del todo por qué hasta que, de pronto, toca revisar la ruta. El libro, en ese sentido, es una pausa reflexiva en medio del vértigo.

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En Los héroes numerados, los dorsales dejan de ser cifras para convertirse en psicologías. El 11 es el excéntrico que ve el mundo al revés; el 1, condenado a usar las manos en un deporte de pies; el 6, ese obrero táctico que piensa en colectivo. Villoro traza una mitología moderna donde los números son destinos. Como cuando Johan Cruyff decidió que el 14 podía ser más que una anomalía: una declaración de genio. Villoro trae a la platica al futbolista y entrenador neerlandés.

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Juan Villoro, escritor meicano. (Jonathan Saldaña. )

El fútbol, dice, no solo asigna posiciones: modela la vida interior. De ahí que un portero como Albert Camus pudiera entender la pena de muerte desde la experiencia íntima del fusilamiento simbólico en un penal. La cancha como laboratorio moral.

Pero si hay una idea que atraviesa la conversación es la del heroísmo. No el del más fuerte, sino el del más débil que gana. Villoro recurre a la vieja fábula de David contra Goliat y la traslada a partidos improbables: Camerún venciendo a Argentina en Italia 90, Senegal derribando a Francia en 2002. El héroe, insiste, es quien subvierte la lógica.

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Juan Villoro el escritor mexicano pambolero por excelencia. (Cortesía. )

Hay una anécdota, recuerda, de Diego Simeone gran entrenador de fútbol, que cuando su equipo, el Atlético de Madrid, se enfrentó con el Real Madrid, en el vestidor les dijo a los jugadores, "Lo primero que debemos saber es que ellos son mejores que nosotros. Lo segundo que debemos saber es cómo le ganamos a los que son mejores que nosotros”. Ese es el heroísmo, dice.

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Él, sin embargo, se queda en el seis. Aunque admite que, como todo mediocampista, a veces sueña con la gambeta del diez. Ha escrito libros que desbordan esa contención —Dios es redondo, Balón dividido— pero insiste en que su lugar está en la recuperación, en el pase oportuno. La reputación, dice, es un malentendido feliz.

Su relación con el futbol no fue premeditada. Antes del Mundial de Italia 90 escribió un texto —“Los once de la tribu”— como un intento único de explicar la pasión. No imaginó que ahí comenzaría una obra paralela. Hoy, con décadas encima, admite sorpresa: el fútbol era una actividad secundaria que se volvió persistente. Apenas el 10% de su escritura, pero uno de sus públicos más fieles.

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Juan Villoro, escritor mexicano. (Instagram / @jvilloro)

Nada esencial ha cambiado en su mirada. La escritura le ha permitido ordenar ideas, pero la emoción permanece intacta, incluso infantil. Sigue siendo ese aficionado que se desmorona si el Real Madrid vence al FC Barcelona o si el América derrota al Necaxa. Cambiar de equipo, dice citando a Javier Marías, sería como cambiar de infancia.

Y sin embargo, el fútbol que observa hoy está en crisis. No en la cancha —donde aún puede surgir el milagro— sino fuera de ella. Habla de una afición mexicana entregada a pesar de todo: precios abusivos, transmisiones fragmentadas, equipos desplazados de sus ciudades, una liga rica en dinero pero pobre en resultados. “La gente ha hecho más esfuerzo que los jugadores”, sentencia.

El Mundial de 2026, compartido entre tensiones políticas, desigualdades logísticas y contradicciones morales, le parece un escenario apocalíptico fuera del estadio. Un mundo roto donde conviven guerras, migración perseguida y estructuras deportivas opacas como la FIFA. Pero dentro de la cancha —y aquí Villoro vuelve a ser seis, optimista en la circulación— espera el carnaval.

Porque el fútbol, como la literatura, sobrevive a sus propias contradicciones. Puede surgir belleza en medio del desastre. Puede, incluso, reconciliarnos por un instante con el mundo. Y en ese instante, alguien —un seis— habrá recuperado la historia para ponerla otra vez en juego.

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