La edición 2026 de la Biennale di Venezia ha estallado en una crisis sin precedentes. En un movimiento que sacude los cimientos del arte contemporáneo global, el jurado internacional renunció en bloque, dejando en el aire uno de los rituales más importantes del circuito: la entrega de premios, incluido el codiciado León de Oro.
El terremoto no tardó en sentirse más allá de Venecia. La dimisión colectiva, confirmada por la propia organización, responde a tensiones profundas que mezclan política, ética y representación cultural. Lo que tradicionalmente era un espacio de validación artística se ha convertido en un campo de disputa ideológica donde las posiciones ya no son fáciles de conciliar.