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Murió Pedro Friedeberg, el último surrealista mexicano y el artista que convirtió el absurdo en una obra eterna

El artista Pedro Friedeberg, creador de la icónica “Silla Mano”, murió a los 90 años. Su obra irreverente, simbólica y profundamente original marcó una época en el arte mexicano.
jue 05 marzo 2026 12:12 PM
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Pedro Friedeberg, artista (Archivo. )

El mundo del arte mexicano despide a una de sus figuras más excéntricas y singulares. El artista Pedro Friedeberg murió el 5 de marzo de 2026 a los 90 años en su casa de San Miguel de Allende, Guanajuato, rodeado de su familia, según confirmó su entorno a través de un comunicado difundido en redes sociales.

Con su partida se cierra un capítulo fundamental del arte contemporáneo mexicano, marcado por una obra inclasificable que mezcló surrealismo, arquitectura imaginaria, humor y un profundo sentido del absurdo.

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Durante más de seis décadas, Friedeberg se convirtió en uno de los artistas más reconocibles de México. Pintor, escultor, diseñador y provocador intelectual, su trabajo escapó siempre de cualquier etiqueta estricta. Aunque muchos lo consideraron “el último surrealista mexicano”, él mismo prefería definirse como un creador libre, obsesionado con la geometría, los símbolos, la repetición y las arquitecturas imposibles.

Nacido en Florencia, Italia, en 1936, Friedeberg llegó a México siendo niño cuando su familia huyó de Europa durante la Segunda Guerra Mundial. En territorio mexicano encontró el terreno perfecto para desarrollar una sensibilidad artística profundamente híbrida, donde convivían referencias al arte prehispánico, el misticismo, la arquitectura barroca y el imaginario surrealista europeo que se plasmó. en gran parte de su obra.

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Pedro Friedeberg junto a una de sus piezas más emblemáticas la Silla Mano. (Archivo. )

Aunque estudió arquitectura en la universidad, pronto abandonó el camino tradicional para dedicarse por completo al arte. En la década de los sesenta comenzó a llamar la atención por sus obras cargadas de patrones geométricos, símbolos ocultistas, juegos ópticos y paisajes visuales infinitos. Su estilo, irónico y exuberante, contrastaba con las corrientes dominantes del arte moderno, lo que lo convirtió en una figura incómoda pero fascinante dentro del panorama artístico.

Entre sus creaciones más emblemáticas destaca la famosa “Silla Mano”, una escultura funcional con forma de mano gigante que se convirtió en una pieza icónica del diseño del siglo XX. A lo largo de su carrera también produjo pinturas, grabados y objetos escultóricos caracterizados por perspectivas imposibles, escaleras infinitas, laberintos geométricos y un uso exuberante del color y el ornamento.

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Su obra también dialogó con la crítica cultural de su tiempo. En los años sesenta formó parte del grupo Los Hartos, impulsado junto a figuras como el escultor Mathias Goeritz y el artista José Luis Cuevas, quienes cuestionaban la solemnidad del arte moderno y proponían una visión más irónica y crítica de la creación artística. Ese espíritu irreverente se mantendría como una constante a lo largo de toda su trayectoria.

Pedro Friedeberg
Pedro Friedeberg (HILDELIZA LOZANO GARDUÑO)

A pesar de su carácter excéntrico, Friedeberg alcanzó reconocimiento internacional. Sus obras se exhibieron en museos y colecciones de distintas partes del mundo, incluyendo instituciones en Estados Unidos y Europa. En México recibió importantes reconocimientos, entre ellos la Medalla Bellas Artes en 2012, un homenaje a una carrera marcada por la originalidad absoluta.

En años recientes, su figura volvió a despertar interés entre nuevas generaciones gracias al documental Pedro, dirigido por Liora Spilk disponible en Netflix, que ofreció un retrato íntimo del artista dentro de su propio universo creativo. La película mostró al pintor en su taller, rodeado de objetos, símbolos y dibujos que parecían formar parte de un mismo ecosistema fantástico, revelando la mente detrás de una de las obras más singulares del arte mexicano contemporáneo.

Con la muerte de Pedro Friedeberg desaparece no solo un artista, sino una forma particular de entender el arte: como juego, como ironía y como una exploración sin reglas de la imaginación. Su legado permanece en piezas que continúan desafiando la lógica y recordando que el arte puede ser también una celebración del absurdo.

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