Hace apenas dos semanas, los duques de Sussex apuraban su agenda real en Londres para empezar cumplir su sueño de independencia.
Una de las cosas que quedo claro en esos días era la tensa relación entre los Windsor y los Sussex, en especial con Meghan Markle. Además, no había evento en el que el príncipe Harry no se quejara o hiciera saber que eran precisamente ellos quienes lo había orillado a tomar esa decisión.
Herido, enojado y frustrado también Harry mostró cierta frialdad principalmente con su padre, el príncipe Carlos, y su hermano, el príncipe William, de quiénes no recibió apoyo que hubiera esperado.
Un juicio algo injusto sobre todo con su padre, ya que éste accedió a todos los caprichos de la norteamericana y para la cual tuvo que pagar dos remodelaciones, primero la del apartamento del palacio de Kensington (2.5 millones de libras) y después la de Frogmore Cottage en Windsor, en donde Carlos desembolsó otros 2.3 millones de libras para adaptarla a los gustos de Meghan.









