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Anne Hathaway en El Casamiento de Raquel

Más que una película sobre la disfunción familiar o la adicción, es el “viaje” que muchas familias emprenden en su camino al perdón y la reconciliación.
Más que una película sobre la disfunción familiar o la adicción, es el “viaje” que muchas familias emprenden en su camino al perdón y la reconciliación.
RACHEL Más que una película sobre la disfunción familiar o la adicción, es el “viaje” que muchas familias emprenden en su camino al perdón y la reconciliación. (Foto: Especial)

Después de diez años de entrar y salir de rehab, Kym (Anne Hathaway) regresa a la casa familiar para la boda de su hermana Raquel (Rosemarie DeWitt) ; pero en el mundo real no sólo la esperan los fantasmas del pasado, sino los resentimientos y las culpas del presente. Una mujer proscrita en los laberintos de la adicción, Kym parece que va a explotar en cualquier momento, pese a los intentos familiares por contenerla. Hathaway lleva muy bien su personaje de junkie en rehabilitación y demuestra que es más que una niña bonita que camina por alfombras rojas. Su claro intento por interpretar roles más complejos y abrirse paso a su siguiente etapa como actriz en Hollywood, da buen resultado. La tensión de la película recae en sus hombros y lleva bien su papel de “granada de mano” que puede hacer volar en pedazos la aparente serenidad de la vida de los suburbios norteamericanos. Hathaway contagia angustia y desesperación pero también es capaz de dotar a Kym de registros tan sutiles como el humor, la dulzura y la fragilidad, más allá de su ira epidérmica. Logra un retrato de una mujer demandante, inmadura y con una necesidad insaciable de ser el centro de atracción. Uno de los mejores momentos del film es cuando Kym y su madre, interpretada por Debra Winger, discuten sobre la muerte del hermano de Kym. Descubrimos entonces que es justo ese silencio el eje de la tragedia familiar. Lo cierto es que el director Jonathan Demme (El silencio de los inocentes, Filadelfia) parece no querer terminar con la agonía subrayada por la música con la que Sidney, (interpretado por el actor-músico Tunde Adebimpe) el prometido de Raquel y su banda, machacan a la audiencia. Una especie de viaje psicotrópico del infierno al paraíso, y de regreso. Porque finalmente la película es el viaje expiatorio de Kym y redención al poder convertir en lenguaje su dolor. A pesar de la angustia que mueve la película al tratar temas como la disfunción familiar y la adicción, el director no deja de lado la celebración del amor que significa la boda. Una de esas películas que los estudiantes de psicología amarán, porque cada personaje encarna una psicosis distinta y perfectamente definida. Actúan: Anne Hathaway, Bill Irwin, Rosemarie DeWitt, Anna Deavere Smith, Debra Winger Dirige: Jonathan Demme

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