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Chicuarotes, ¿qué tal está el regreso de Gael García Bernal como director?

El actor mexicano vuelve a ocupar la silla de director en un drama que intenta adentrarse a la desesperanza.
Chicuarotes Film Press Conference
Gael García Bernal sonríe en la conferencia de prensa de su segundo largometraje 'Chicuarotes.'

A nadie le cabe duda, Gael García Bernal es una de las grandes figuras de esta prolífica y brillante etapa que vive cierto sector de la industria cinematográfica en México. Su faceta como actor no solo le ha dado una visibilidad internacional sólida como para trabajar bajo la dirección de cineastas como Pedro Almodóvar, Michel Gondry o Pablo Larraín, también se ha alzado con el Globo de Oro por su participación en la serie Mozart in the jungle. Sin embargo, su rol como director no goza de tan buena estrella.

El mexicano ocupa por segunda ocasión la silla de director para Chicuarotes, película que llega a las salas de cine nacional este fin de semana. La cinta, narra la historia de “Cagalera” y “Moloteco”, dos jóvenes habitantes de la comunidad de San Gregorio Atlapulco que buscan con desesperación salir de la situación social a la que “están condenados.” Para ello están dispuestos a todo, incluso a fingir el secuestro del hijo del carnicero del pueblo lo cual desatará consecuencias catastróficas para el dúo.

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Cagalera y Moloteco, los perosnajes principales en Chicuarotes.

Sí hay una evolución desde su ópera prima Déficit (2007) hasta este filme que tuvo su estreno en el pasado Festival de Cine de Cannes, sin embargo aún prevalecen algunas carencias narrativas, estéticas y de discurso que se asomaron en aquel primer intento de Gael por levantar un proyecto de largometraje.

Si en Chicuarotes hay buenas intenciones por parte de Gael de abordar el tema de la desigualdad, de la lucha de clases y de lo persuasivo que puede llegar a ser el crimen en situaciones de pobreza, este propósito queda sepultado bajo una serie incalculable de lugares comunes, de estereotipos anquilosados y en una narrativa que no logra llegar a buen puerto. Un planteamiento reduccionista y maniqueo de una situación que se antoja profundamente más compleja.

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Leidi Gutierrez en Chicuarotes

En una intención de darle su espacio y lugar a cada uno de los personajes, la cinta se pierde. No logra darle fondo, particularmente, a los roles secundarios y deja hilos sueltos que, más que ser propuestas creativas para que el espectador las complete, se convierten en elementos agotadores.

Su señalamiento a problemas sociales y el acercarse a entornos sórdidos parece más un intento desafortunado por secundar Los Olvidados de Luis Buñuel que una búsqueda autoral propia. Para acercarnos a estos submundos ya tenemos el brillante cine de Arturo Ripstein.

El gran acierto de Chicuarotes son las actuaciones. Benny Emmanuel demuestra una capacidad histriónica sólida que ya se había asomado en proyectos anteriores como el cortometraje Trémulo y su aparición en Desde la Infancia que, aunque se filmó hace nueve años, recién le otorgó un premio Ariel. Leidi Gutierrez, por su parte, da continuidad a lo que se antoja una presencia vital en el cine mexicano luego de su participación en Las Elegidas. Ambos jóvenes actores, se imponen incluso a algunas de las grandes estrellas del cine nacional que aparecen en los créditos.

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