Cd. Juárez, la tierra adoptiva y los inicios de Juan Gabriel

Fue en este lugar donde Juanga escribió su primera canción, participó por primera vez en un coro, supo lo que era estar en un programa de televisión y debutó en centros nocturnos.
Fue en este lugar donde Juanga escribió su primera canción, participó por primera vez en un coro, 
supo lo que era estar en un programa de televisión y debutó en centros nocturnos.
 Fue en este lugar donde Juanga escribió su primera canción, participó por primera vez en un coro, supo lo que era estar en un programa de televisión y debutó en centros nocturnos.  (Foto: Publicada en la revista Quién Edición 114/Cortesía Archiv...)

Artículo publicado en la edición 114 de la revista Quién. Por Ana Ávila con colaboración de Jessica Sáenz, Katya Segura, Yessica Cancino López-Dóriga y Guillermo Alvarado.


El buscador de talentos Raúl Loya apadrinó a Juan gabriel con el nombre artístico de Adán Luna. Así debutço en televisión en el programa Noches Rancheras en 1965.
 El buscador de talentos Raúl Loya apadrinó a Juan gabriel con el nombre artístico de Adán Luna. Así debutço en televisión en el programa Noches Rancheras en 1965.  (Foto: Cortesía Sony BMG)

En Juárez el cantante y compositor co­no­ció la mú­si­ca. En po­cas pa­la­bras, Ciu­dad Juá­rez hi­zo a Juan Ga­briel y él in­mor­ta­li­zó a esta ciudad.

Juanga re­cuer­da que en su ado­les­cen­cia las ca­lles de Juá­rez eran otra co­sa. En ese en­ton­ces, él ven­día bu­rri­tas de tor­ti­llas de ha­ri­na con su mamá. Una tar­de, cuan­do ca­mi­na­ba por la ca­lle, le lla­mó la aten­ción un co­ro que can­ta­ba en una igle­sia me­to­dis­ta. En­tró al re­cin­to y pron­to se hi­zo ami­go de dos mon­jas: Leo­nor y Bea­triz Be­ru­men. Fue así co­mo el can­tan­te se aden­tró por pri­me­ra vez en la re­li­gión, tan­to que se fue a vi­vir con las hermanas y gra­cias a es­ta re­la­ción via­jó a Ca­li­for­nia, don­de can­tó en el co­ro du­ran­te seis me­ses.


A los 15 años, Juan Gabriel aprendió a tocar guitarra en un Centro de Mejoramiento Infantil.
 A los 15 años, Juan Gabriel aprendió a tocar guitarra en un Centro de Mejoramiento Infantil.  (Foto: Publicada en la revista Quién Edición 114/Cortesía Archiv...)

So­bre es­te epi­so­dio, la pá­gi­na ofi­cial del com­po­si­tor di­ce: "Su con­vi­ven­cia con una fa­mi­lia ne­gra le hi­zo ad­mi­rar pro­fun­da­men­te a es­ta ra­za, so­bre to­do por sus ma­ra­vi­llo­sas vo­ces, su amor a Dios y el he­cho de que to­do lo que ha­cían era pa­ra ala­barle".

Con ustedes... Adán Lu­na

A su re­gre­so a Ciu­dad Juá­rez, Juan Ga­briel lo­gró par­ti­ci­par en un pro­gra­ma de te­le­vi­sión lo­cal lla­ma­do No­ches ran­che­ras. De­bu­tó in­ter­pre­tan­do la can­ción "Ma­ría la Ban­di­da" del gran Jo­sé Al­fre­do Ji­mé­nez. Ahí el con­duc­tor Raúl Lo­ya lo bau­ti­zó co­mo Adán Lu­na.

Lleno de ilusiones, a los 16 años Juan Ga­briel ha­cía in­ten­tos por co­lar­se en al­gu­no de los cen­tros noc­tur­nos de la ave­ni­da Juá­rez. Que­ría que lo es­cu­cha­ran, sin em­bar­go, no só­lo era di­fí­cil, si­no que en su con­di­ción de me­nor de edad, la mi­sión era más que im­po­si­ble. En sus in­ten­tos pu­do pi­sar el es­ce­na­rio al­gu­nas ve­ces, pe­ro en­se­gui­da lo echa­ban de los lu­ga­res. Has­ta que por fin una no­che en el Noa Noa lo con­si­guió.

El gru­po Los Pri­sio­ne­ros del Rit­mo lo acom­pa­ñó mien­tras él in­ter­pre­ta­ba te­mas co­mo "Ado­ro", "Ce­ni­zas", "Yo te amo" y "Yo sé que no es fe­liz". Juan Ga­briel si­guió to­can­do puer­tas y lo­gró can­tar en locales co­mo La Cu­ca­ra­cha Bar, El Pa­la­cio Chi­no o el Ha­waian. En­tre pre­sen­ta­ción y pre­sen­ta­ción, el jo­ven via­ja­ba a la ciu­dad de Mé­xi­co en bus­ca de que al­gu­na dis­que­ra qui­sie­ra re­pre­sen­tar­lo. Pe­ro no encontraba respuesta.


En 1966 Juan Gabriel posa con una amiga en el Noa Noa durante un descanso después de cantar.
 En 1966 Juan Gabriel posa con una amiga en el Noa Noa durante un descanso después de cantar.  (Foto: Publicada en la revista Quién Edición 114/Cortesía Archiv...)

La suer­te em­pe­zó a cam­biar­le cuan­do lo con­tra­ta­ron en el cen­tro noc­tur­no Ma­li­bú, don­de re­ci­bía un suel­do dia­rio de 20 dó­la­res. Ahí co­no­ció a la se­ño­ra Mc­Cu­lley, quien lo apo­yó eco­nó­mi­ca y emo­cio­nal­men­te. Fue así co­mo reu­nió los re­cur­sos y el va­lor pa­ra re­gre­sar al Dis­tri­to Fe­de­ral a in­ten­tar­lo de nuevo.

No obs­tan­te, la vi­da le dio una vuel­ta más a la tuer­ca. En 1971, an­tes de que Juan Ga­briel pu­die­ra re­gre­sar a Juá­rez, vi­vió uno de los pa­sa­jes más di­fí­ci­les de su ju­ven­tud: lo en­car­ce­la­ron en Le­cum­be­rri pre­sun­ta­men­te por ro­bo.

Un año y me­dio des­pués, Que­ta Ji­mé­nez La Prie­ta Lin­da lo ayu­dó a sa­lir y lo lle­vó a rca pa­ra que hi­cie­ra sus pri­me­ras prue­bas mu­si­ca­les. Ahí lo es­cu­cha­ron los pro­duc­to­res Eduar­do Ma­ga­lla­nes y En­ri­que Okamu­ra, quie­nes lo con­tra­ta­ron y pro­mo­vie­ron la hoy clá­si­ca "No ten­go di­ne­ro". Los éxi­tos lle­ga­ron uno tras otro. Juan­ga de­jó de ser Adán Lu­na y México se po­ndría a sus pies.

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