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La vida sigue para la familia Mouriño

Marigely asegura que siente que va a llevar el luto siempre, aunque reconoce que día con día mejora.
Marigely asegura que siente que va a llevar el luto siempre, aunque reconoce que día con día mejora.
Altar a Juan Camilo Marigely asegura que siente que va a llevar el luto siempre, aunque reconoce que día con día mejora. (Foto: Uriel Santana)

Para la entrevista, Marigely, quien aún usa la argolla matrimonial, nos recibió en su departamento días antes de la sesión de fotos.

En la entrada yacían todavía unas cajas de cartón cerradas con masking tape. Eran los objetos personales que se encontraban en la oficina de quien fuera secretario de Gobernación y que ella no había podido aún abrir, pues no ha tenido la fortaleza para hacerlo.

Sobre la mesa del comedor estaba montado un pequeño altar que pusieron los niños en honor a Juan Camilo. Y su clóset… el clóset estaba intacto: decenas de trajes y camisas colgados en perfecto orden, zapatos sin usar y hasta su loción Essenza Di Zegna a medio llenar (que al pequeño Iván, de siete años, le gusta usar para recordar el olor de su papá). “Hay muchas cosas de él que voy a guardar para mis hijos, que estoy segura que las van a apreciar cuando crezcan; sobre todo las de valor emocional”.

Sobre el buró del lado derecho de la cama king size se hallaba aún el libro que Mouriño estaba leyendo, el que nunca pudo terminar: La otra historia de los Cátaros, de Malcolm Lambert.

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“Hasta el día de hoy está el dolor, la angustia, el sentimiento de pérdida”, dice Marigely acongojada. “Ya pasaron tres meses y parece que fue ayer. Siento que voy a llevar el luto siempre, aunque reconozco que día con día mejoro.” ¿Qué es lo que te ha ayudado a salir adelante? Mis tres hijos. Los veo y son el reflejo de su papá. Ahorita lo principal es estar con ellos, ayudarlos a seguir con su vida normal. ¿Ellos cómo están? Bien, no han bajado de calificaciones en la escuela ni nada. Han tenido diferentes reacciones: María se alegra de que sus amigas le den regalitos, cartas y que la consientan; sin embargo, Iván ya no quiere que lo abracen, lo besen y le hablen de su papá. Él al principio estaba enojado y no sabía cómo canalizarlo.

La Navidad ha de haber sido muy difícil…

Pues sí, fue muy dura. La pasamos en Campeche tanto con mi familia como con la de él. Nos hemos unido más en lugar de separarnos, somos más afines y así seguirá siendo. ¿Cuáles son tus miedos? El futuro de mis tres hijos; saber que es algo que depende sólo de mí y de mis acciones. Los días posteriores al accidente me aterraba que Juan Camilo (de tres años) no se fuera a acordar de su papá. Sin embargo, hoy te puedo decir que su papá está ahí y que yo le voy a enseñar a los tres a recordarlo. ¿Piensas trabajar? No es el momento idóneo. Gracias a Dios, Juan Camilo nos dejó con cierta liquidez con su esfuerzo y trabajo. Aunque tengo una carrera profesional (Ciencias de la Comunicación), ahorita me quiero enfocar en mi casa y mis hijos. Eres muy joven, ¿crees que podrías algún día rehacer tu vida? No sé. Te diría que no, que voy a dedicarme a mis hijos y a que ellos hagan su vida. Sin embargo, he aprendido que el destino tiene trazadas muchas líneas que no te esperas nunca. ¿Vas a regresar a vivir a Campeche, donde está tu familia? No es una decisión tomada. Iré viendo conforme me vaya sintiendo. Eso sí, jamás me iría fuera del país. Mis hijos y yo nacimos en México y aquí nos quedaremos. ¿Qué pasará con tu seguridad? Por orden del Presidente, durante su sexenio seguirá conmigo la escolta que he tenido desde hace tiempo. Es una atención que tuvo hacia mí y mis niños. Si pudieras regresar el tiempo, ¿hubieras preferido que Juan Camilo no se dedicara a la política? No, porque eso es lo que lo hacía feliz. Lo veía tan pleno y consagrado a su carrera… Además cuando me casé con él, ya era político. ¿Y si ahorita lo tuvieras enfrente, qué le dirías? En un principio estaba hasta molesta con él, no sabía cómo reaccionar. Le decía “¿Qué te pasa? ¿Adónde te fuiste? Me dejaste sola con los tres niños”. Pero me fui tranquilizando y ahora siento que tengo una ayuda bien grandota allá arriba. Le diría que sus hijos y yo vamos a estar bien y que vamos a ser felices.

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