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El Cielo en la tierra existe, y está en Valle de Guadalupe

El boom gastronómico y vinícola de Baja California está en su mejor momento, sobre todo con la llegada de hoteles de primer nivel, como el Cielo Winery & Resort
miércoles 06 octubre 2021
Suites, El Cielo Winery & Resort
Suites, El Cielo Winery & Resort

Operado en alianza por Grupo Presidente, este lugar le da un aire fresco a la zona vinícola número uno del país, donde hasta hace unos meses era complicado hospedarse y encontrar donde comer, sobre todo en temporada de vendimias o mientras se realizaban conciertos masivos.

Este hotel boutique de 95 villas se encuentra en medio de viñedos de El Cielo, un lugar inspirado por las noches estrelladas y oscuras de un valle alejado de grandes concentraciones urbanas como Ensenada o Rosarito.

Nuestra aventura enoturística empezó en la Ciudad de México, a bordo de un vuelo de Viva Aerobús que nos llevó puntualmente al aeropuerto de Tijuana, donde ya nos esperaban para llevarnos a Valle.

En cuanto llegamos nos llevaron al restaurante de hotel, Latitud 32, donde nuestros anfitriones hicieron lo que mejor saben hacer los que viven en este lugar; compartir sus vinos y cocina, a través de una cena de cuatro tiempos, inspirada en el estado de Yucatán y creado por el grupo de chefs y cocineros del restaurante El Chapulín, de la Ciudad de México.

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Comimos ceviche maya negro, salbute de pato, tacos de pork belly (todo estaba espectacular, pero esos se llevaron las palmas) y un bocado de guayaba como postre. El maridaje fue con vinos de la casa, como Cassipea, Capricornius, Procyon, y el G&G, de Gina Estrada, la sommelier del lugar.

Hicimos check in a media noche y después nos lanzamos a nuestras villas que estaban increíblemente espaciosas y con una vista espectacular a los viñedos, pero eso lo podríamos apreciar hasta el día siguiente.

Día dos en el Cielo
Desayunamos también en Latitud 32. Estábamos maravillados con la vista de los campos desde la terraza superior, pero la de abajo, donde comimos, no se quedaba nada atrás.

Ya desayunados conocimos a una de las águilas que “trabajan” en el viñedo, utilizadas para el control de plagas naturales como ardillas, ratones y conejos. Nos contaron que nacieron en cautiverio y que su llegada a este lugar fue gracias a un programa con reconocimiento de las autoridades, para evitar el maltrato animal.

Más tarde nos adentramos en los campos para cortar uvas y hacer el tradicional pisado, como se hacía originalmente siglos atrás. Poco después nos llevaron al Wine Club Lounge, donde conocimos de cerca los procesos de fermentación, estancia en cava y barricas, que terminó con una degustación de vinos.

El Cielo Winey & Resort, Valle de Guadalupe
El Cielo Winey & Resort, Valle de Guadalupe

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La comida fue en Pérgola El Cielo, donde comimos pastas y ensaladas. Había que dejar espacios porque después hicimos la actividad más divertida de nuestro itinerario; crear nuestro propio vino, que al final nos regalaron con todo y etiqueta.

Fue esa tarde cuando al fin pudimos disfrutar de nuestra habitación. Son enormes y frescas, llenas de jardines frontales y vistas a los viñedos, pero el mejor espacio fue sin duda la tina de hidromasaje.

La cena fue en la cava, donde las cocinas de El Chapulín, Palm, Alfredo Di Roma, Bhanu y Au Pied de Cochon, de la Ciudad de México, se lucieron con un tiradito de callo de hacha, robalo rostizado, fetuccine Alfredo y rib eye en salsa de périgourdine. Los vinos blancos y rojos de la casa fueron el maridaje y el postre, esponjas de mole con higos y coco.

Día tres en el Cielo
Desayunamos en Polaris, justo arriba del lobby del hotel. Los chilaquiles eran más que necesarios y los disfrutamos al máximo. Después tuvimos un meet and greet con Gustavo Ortega Joaquín, presidente del Consejo de Administración y Director General, quien nos explicó la alianza de Grupo Presidente con la vinícola y El Cielo Winery & Resort.

Chile en nogada, El Cielo Winery & Resort, Valle de Guadalupe
Chile en nogada, El Cielo Winery & Resort, Valle de Guadalupe

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La comida fue en el jardín de una de las casas del lugar, donde La Guerrerense, uno de los puestos de tostadas de mariscos más importantes de Ensenada, sirvió un verdadero banquete de cocina local.

Por la tarde fuimos los encargados de inaugurar la Terraza Equinox, donde se realizó la celebración por el octavo aniversario de la vinícola. El lugar es enorme, ideal para bodas, y recrea los típicos jardines europeos en medio de viñedos.

Comimos foie gras de pato, chile en nogada, risotto de camarón, short rib de black Angus y tarta cremosa de yuzu y lavanda. Durante la cena se presentó Hypatia, el primer espumoso de la casa.

Al día siguiente desayunamos de nuevo en Polaris para después hacer el check out y tomar una clase de cocina a base de atún fresco (sacado directamente del pescado).

La clase fue más bien una comida fresca elaborada frente a nosotros. Era nuestra última actividad en El Cielo Winery & Resort, así que la disfrutamos al máximo.

Horas después ya estábamos en Tijuana para nuestros vuelo de regreso (también en Viva), después de pasar cuatro días de vinos y, por mucho, una de las mejores cocinas del país.

El Cielo, hotel y viñedo
El Cielo, hotel y viñedo

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