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¿Quién es Diego Luna Mata, el empresario mexicano (y tocayo de Diego Luna) cuya vida bien podría inspirar una película?

Entrevistamos a Diego Luna Mata movidos por la curiosidad de lo que significaría para él ser tocayo del actor Diego Luna y descubrimos una historia de vida digna de contarse en un texto o, incluso, en una película.
Diego Luna Mata, empresario mexicano radicado en Valencia, España
Diego Luna Mata, empresario mexicano (Cortesía)

Una coincidencia hizo que Diego Luna Mata fuera tocayo (en nombre y apellido) de Diego Luna, uno de los actores y directores mexicanos más conocidos y respetados de su generación.

Sin embargo, más allá del nombre (y de la divertida anécdota en torno a las veces en que han coincidido en persona), la historia de Luna Mata es completamente diferente a la del “Charolastra”, aunque también podría ser digna de una película.

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La importancia de llamarse Diego Luna Mata

Ser homónimo de una figura del cine mexicano le ha provocado a Diego Luna Mata situaciones tan curiosas como conseguir una mesa en el área privada de un restaurante en Paseo de la Reforma —porque alguien esperaba la llegada del actor— o protagonizar una broma familiar que terminó con una repartidora esperando encontrarse con el protagonista de Y tu mamá también.

Incluso llegó a mostrarle su identificación oficial al actor cuando lo conoció por primera vez, en un intento por prolongar una presentación que, para él, tenía un significado especial.

Diego Luna Mata, empresario mexicano radicado en Valencia, España
Diego Luna Mata, empresario mexicano (Cortesía)

Pero la vida de Luna Mata, a quien llamaremos Diego en este texto, tiene otros protagonistas y, sobre todo, una historia que habla de decisiones, cambios y de la posibilidad de comenzar de nuevo cuando aparentemente ya se tiene una trayectoria construida.

Emprendedor, empresario en el área de la publicidad y el marketing (su agencia se llama Los Magicians), esposo, papá de tres hijos y apasionado de la natación, Diego encontró en una mudanza a España la oportunidad de replantearse sus prioridades.

Y lo que originalmente había imaginado como un proyecto para dentro de una década terminó por convertirse en una decisión que transformó su vida familiar y profesional.

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Diego Luna Mata y la decisión que no podía esperar diez años

La idea de Diego mudarse a España no era nueva. Él tenía contemplado hacerlo alrededor de los 50 años, cuando tuviera más resueltos sus compromisos profesionales y personales.

Sin embargo, una circunstancia familiar modificó sus planes: su esposa fue operada para extirparle un tumor en la cabeza.

La experiencia representó un antes y un después. Frente a la incertidumbre y la posibilidad de que los proyectos personales quedaran siempre para después, comenzó a cuestionar cuánto sentido tenía seguir posponiendo aquello que deseaba hacer.

"Si no lo hago ahora, a lo mejor en diez años no lo voy a hacer", recuerda sobre el razonamiento que los llevó a tomar la decisión.

La mudanza implicaba dejar atrás una vida construida en la Ciudad de México, donde tenía negocios, una rutina establecida y compromisos que ocupaban buena parte de sus días.

Pero eso también significaba reconocer que no existía un momento perfecto para cambiar de rumbo.

"La vida se vive tan rápido y hoy puedes estar aquí, mañana no", reflexiona.

La decisión de comenzar una nueva etapa en España no fue, por lo tanto, una ocurrencia ni una búsqueda de mejores condiciones económicas. Fue el resultado de una experiencia que lo hizo reconsiderar la manera en que quería vivir y el tiempo que estaba dispuesto a dedicar a cada aspecto de su vida.

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De empresario en Ciudad de México a emprendedor en Valencia

Antes de establecerse en España, Diego tenía una dinámica que describe como "rutinaria". Se levantaba temprano para hacer ejercicio, acudía a su oficina, atendía llamadas y reuniones, regresaba a casa para comer y acompañaba a sus hijos a algunas de sus actividades. Después volvía al trabajo para resolver pendientes.

Aunque procuraba mantener un equilibrio entre su familia y sus empresas, reconoce que la separación entre ambos espacios era más complicada de lo que parecía.

Diego Luna Mata, empresario mexicano radicado en Valencia, España
Diego Luna Mata, empresario mexicano (Cortesía)

"Yo iba a comer a mi casa o a estar con mis hijos y al final no estaba presente", admite. Incluso cuando compartía tiempo con ellos, su teléfono seguía sonando y sentía la obligación de responder inmediatamente.

En Valencia encontró una perspectiva diferente. Vivir en España, y no solamente visitarla como turista, le permitió observar otra manera de organizar los horarios, entender las responsabilidades laborales y dar espacio a la vida familiar.

"Me di cuenta de que yo estaba yendo hacia el camino equivocado como empresario, como emprendedor, como persona que busca dejar un legado más profesional que otra cosa", explica.

Uno de los principales aprendizajes fue entender que no todo necesita resolverse de inmediato y que prestar atención a todas las responsabilidades no significa necesariamente atender las más importantes.

Para Diego, reinventarse también implicó aprender a detenerse, reconocer qué merece su tiempo y dejar de medir el éxito exclusivamente a partir de los resultados profesionales.

La creatividad y la resiliencia como motores personales de Diego Luna Mata

Si hay dos características que Diego identifica como constantes en su personalidad son la curiosidad y la creatividad.

Considera que ambas lo acompañaron desde pequeño y que, con el paso de los años, se convirtieron en herramientas para enfrentar los desafíos de su vida.

"Lo que se ha mantenido en esencia es el tema de mantenerme curioso y creativo", afirma.

Esa disposición le ha permitido buscar soluciones ante las dificultades, encontrar alternativas cuando un proyecto no funciona y entender que los obstáculos forman parte de cualquier proceso de transformación.

Diego Luna Mata, empresario mexicano radicado en Valencia, España
Diego Luna Mata, empresario mexicano (Cortesía)

Su manera de enfrentar los cambios también está relacionada con una enseñanza que adquirió desde la infancia a través del deporte: aprender a convivir con la frustración.

Desde pequeño practicó actividades como correr y nadar. En ellas descubrió que no siempre se consiguen los resultados esperados y que, para alcanzar una meta, es necesario avanzar incluso cuando el camino se complica.

Utiliza una comparación con la natación en aguas abiertas para explicar su filosofía. Cuando tienes por delante una distancia de 20 kilómetros, concentrarte únicamente en el punto de llegada puede resultar abrumador. La solución es avanzar brazada por brazada.

"El miedo está, siempre vas a tener miedo, pero al final te das cuenta de que no va a pasar nada si lo hago", señala.

Para él, uno de los principales obstáculos al emprender o tomar decisiones importantes es el temor a lo que puedan pensar los demás.

También considera que pensar demasiado en las dificultades puede terminar por impedir que una persona dé el primer paso.

Esto no significa actuar sin preparación. Diego reconoce la importancia de tener objetivos y un plan, pero insiste en que llega un momento en el que es necesario tomar la decisión y comenzar.

Su reflexión parte de una idea que busca transmitir también a sus hijos y tiene que ver con la idea de que la vida no es lineal y aprender a levantarse después de una caída es tan importante como perseguir aquello que nos hace felices.

De hecho, actualmente trabaja en un libro sobre este tema. Su intención es compartir una visión menos idealizada de experiencias como emprender o formar una familia, pues considera que detrás de cualquier proyecto existen dificultades que también deben aprenderse a enfrentar. Aunque quedamos en ya platicaremos de ese otro proyecto llegado el momento.

Una nueva etapa profesional: publicidad, eventos y deporte en Valencia

En España, Diego continuó desarrollando su actividad empresarial a través de una agencia de publicidad y eventos. La publicidad representa el principal negocio, aunque su interés por el deporte abrió una nueva posibilidad de crecimiento.

A partir de contactos que estableció entre México y España surgió la idea de organizar una travesía de natación en aguas abiertas.

El proyecto fue creciendo con la incorporación de distintos ayuntamientos de la Comunidad Valenciana, donde actualmente reside.

Su agencia participa en el desarrollo de la publicidad y la comunicación de estas iniciativas, una combinación entre su experiencia profesional y una de sus principales pasiones.

Diego busca orientar cada vez más proyectos hacia el ámbito deportivo por una razón muy personal. Y es que considera que el deporte tiene una capacidad particular para reunir personas, crear vínculos y generar relaciones en las que existe un interés genuino por el bienestar y los logros de los demás.

La natación como una forma de mantener el equilibrio después de los 40

Aunque el ejercicio forma parte de su vida desde hace muchos años, Diego tiene claro que su motivación principal no es conseguir una determinada apariencia física.

Padre de tres hijos, dos de ellos gemelos, y responsable de proyectos empresariales en México y España, encuentra en la natación un espacio para liberar el estrés y ordenar sus pensamientos.

"Para mí es un liberador y es mi momento", explica.

Describe sus sesiones de natación como una especie de encuentro consigo mismo, en el que puede reflexionar sobre las decisiones que tomó durante el día, resolver dudas y recuperar la concentración.

"Cuando estoy nadando logro descifrar todas esas dudas que tengo en el día", dice. Por eso, más que una actividad para mantenerse en forma, considera que el ejercicio es una herramienta para cuidar su bienestar emocional.

Sin embargo, también reconoce que la condición física tiene un papel fundamental en la calidad de vida a largo plazo. Uno de sus objetivos es llegar a los 60, 70 y 80 años con fuerza suficiente para conservar su independencia y seguir realizando actividades sin depender de otras personas.

Su vida en Valencia le permitió observar a adultos mayores que conservan una condición física que le resulta admirable. Personas que pueden salir, viajar, acudir a restaurantes y disfrutar de distintas actividades sin las limitaciones que suelen asociarse con la edad.

"Quiero llegar a ser una persona mayor y que no me cuiden, que yo pueda hacer cosas, ir a conciertos, ir a restaurantes, viajar, ir a la playa", explica.

En esa imagen de futuro también incluye la posibilidad de cargar a sus nietos y compartir con ellos las actividades que disfruta actualmente.

Para Diego Luna Mata, reinventarse después de los 40 no significó renunciar a lo construido ni comenzar desde cero.

Significa reconocer que todavía existen objetivos por cumplir, proyectos por desarrollar y decisiones que pueden cambiar el rumbo de una vida.

Su mudanza a España comenzó como un plan que creyó que tendría que esperar diez años. Hoy, esa decisión le permitió descubrir otra manera de entender el trabajo, recuperar tiempo para su familia y convertir una pasión personal en una nueva oportunidad profesional.

Y aunque compartir nombre con uno de los actores mexicanos más conocidos le ha regalado algunas anécdotas difíciles de olvidar, su propia historia tiene una lección mucho más personal y significativa. No siempre hay que esperar a que llegue el momento adecuado (o que alguien grite "Acción") para empezar a vivir de otra manera.

Diego Luna conoce a Diego Luna Mata

¿Y Diego Luna Mata ha conocido en persona a Diego Luna? Por supuesto. Diego nos cuenta que ha tenido tres encuentros con su famoso tocayo, aunque sin duda el primero fue el que más lo marcó.

Todo ocurrió cuando el actor hacía teatro en San Ángel. Diego Luna Mata decidió esperarlo a la salida y aprovechar la oportunidad para presentarse.

"Yo le dije: “Me llamo Diego Luna”", recuerda. La reacción del actor no fue precisamente la que esperaba, pero eso no lo detuvo. Con la intención de darle mayor credibilidad a la coincidencia, sacó su identificación y se la mostró.

"Fue demasiado incómodo porque para él era como: 'Sí, pues está bien que te llames Diego Luna, a mí me da igual'", cuenta entre risas.

Diego Luna, actor y director mexicano, retratado en la ciudad de Morelia, Michoacán.
Diego Luna, actor y director (Jonathan Saldaña)

La escena no terminó ahí. Luna Mata había imaginado que compartir nombre podía convertirse en el inicio de una conversación más larga, quizá incluso de una amistad.

"Para mí era un tema de conversación: 'Oye, me llamo Diego Luna, me ha pasado esto y esto, nos llamamos igual'. Como si de ahí se fuera a llevar una amistad o no sé qué, pero nada que ver", recuerda.

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