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Enrique Acevedo: Pertenecer sin pedir demasiado

El periodista nos platica de su nuevo libro, "Essential", donde transita temas como identidad, fronteras invisibles y de por qué ya no cree que haya que escoger una parte de uno mismo para poder habitar la otra.
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Enrique Acevedo sobre su nuevo libro, Esencial. (Gustavo Rodríguez )

La pregunta parece sencilla. Casi demasiado. ¿Quiénes somos? Enrique Acevedo abre Essential con ella y, después de dedicar un libro entero a intentar responderla, admite que ya no la entiende de la misma manera. Antes, dice, pensaba en quién era a partir de la identidad: mexicano, estadounidense, alguien que vive entre dos idiomas y dos países. Hoy piensa más en la pertenencia. “No somos solamente lo que dice un pasaporte o una categoría del censo”, explica. También somos las historias que heredamos, los lugares que construimos y las comunidades que nos reconocen como propias. Y hay algo más que descubrió escribiendo: la pregunta de quiénes somos nunca se responde completamente en singular.

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Ahí está el tema central de Essential. El libro nació durante la pandemia, cuando Estados Unidos comenzó a utilizar constantemente una palabra: ‘essential’. Esenciales eran quienes seguían trabajando en hospitales, campos agrícolas, fábricas, restaurantes y sistemas de transporte mientras millones podían permanecer en casa. Muchos eran latinos. Al principio, recuerda Acevedo, el término parecía un reconocimiento. Después apareció la paradoja. “Podíamos llamar esenciales a quienes cosechaban nuestra comida o procesaban nuestros alimentos y, al mismo tiempo, aceptar que trabajaran por salarios bajos, con poca protección y muchas veces sin seguridad migratoria”. La palabra comenzó a incomodarlo porque revelaba que una sociedad podía considerar indispensable el trabajo de alguien sin considerar igualmente indispensable su bienestar. “Muchas veces confundimos el valor de una persona con su utilidad”. De ahí surge una de las ideas centrales del libro: los latinos no deberían tener que demostrar cuánto producen para justificar su lugar en Estados Unidos.

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“Podíamos llamar esenciales a quienes cosechaban nuestra comida o procesaban nuestros alimentos y, al mismo tiempo, aceptar que trabajaran por salarios bajos, con poca protección y muchas veces sin seguridad migratoria”- Enrique Acevedo (Gustavo Rodriguez)

Acevedo habla de la narrativa del “buen inmigrante”: aquel que trabaja más que todos, supera obstáculos extraordinarios, produce, agradece y nunca se equivoca. Pero, ¿qué ocurre con quien no es extraordinario? “El inmigrante no debería tener que ser extraordinario para merecer un trato ordinariamente humano”. Por eso el libro comienza hablando de lo que los latinos hacen, pero quiere terminar en otro lugar: en lo que son. “No pertenecen a Estados Unidos porque sean económicamente convenientes. Pertenecen porque forman parte de su historia, de su cultura y de su identidad”. Acevedo no está proponiendo añadir un capítulo latino a la historia estadounidense. Su argumento es que ese capítulo siempre estuvo ahí.

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Todo cambia dependiendo de dónde se empiece a contar la historia. Si comienza en la frontera contemporánea, el latino aparece como alguien que llega. Si se retrocede varios siglos, la imagen es muy distinta. En muchos lugares, dice, “no fueron los latinos quienes cruzaron la frontera; fue la frontera la que los cruzó a ellos”. Pero Essential habla también de otras fronteras, las que no aparecen en ningún mapa: la del apellido, el acento, el color de piel, la pregunta repetida una vida entera, “¿pero de dónde eres realmente?”. “Puedes cruzar una frontera en una tarde y pasar décadas cruzando la otra”.

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En Essential, Enrique Acevedo se propuso contar la historia de los latinos en Estados Unidos y terminó investigando algo mucho más difícil de delimitar: quién decide cuándo una persona pertenece. (Gustavo Rodriguez)

Acevedo conoció esa segunda frontera muy pronto. Tenía 12 años cuando se fue a estudiar a Estados Unidos. Algunos niños comenzaron a llamarlo wetback y beaner. Él ni siquiera sabía exactamente qué significaban esas palabras, pero entendió para qué servían: para señalarlo como distinto. Hasta entonces su nombre, su acento o el color de su piel eran simplemente partes de quien era. “Creo que fue la primera vez que fui consciente de mi mexicanidad a través de la mirada de alguien más”. Décadas después, escribir el libro lo obligó a enfrentarse a otro descubrimiento: cuánto desconocía de una historia que también era suya. “Soy mexicano, estudié en México y, sin embargo, había capítulos fundamentales de la historia compartida entre México y Estados Unidos que entendía de manera incompleta”.

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Cuanto más investigaba, más difícil le resultaba separar limpiamente lo mexicano, lo estadounidense y lo latino. Y quizá por eso hoy se resiste a las mitades. “No soy medio mexicano y medio estadounidense. Soy completamente las dos cosas”. Cuando le preguntamos dónde está su casa si eliminamos mapas, direcciones y pasaportes, responde: “Donde están mis afectos, mi familia, mi memoria y las partes de mí que no necesito traducir”.

Durante su carrera, Acevedo ha vivido otra forma de pertenencia: entrar a espacios en los que alguien como él no había estado antes. Cuando llegó a 60 Minutes se convirtió en el primer corresponsal latino de la franquicia. Ser “el primero” se sintió como una conquista personal, pero también como el recordatorio inevitable de cuánto había tardado en suceder. Acevedo insiste en no apropiarse de esa historia. “Mi oportunidad descansa sobre los hombros de quienes abrieron brecha en el mercado anglo mucho antes de que yo apareciera”. Sin embargo, llegar produjo una presión distinta. “Sentí que tenía cero margen de error”. Pensaba en cómo hablaba, cómo se veía, las historias que escogía y los ángulos que proponía. Al principio intentó demostrar que podía pertenecer a una institución como 60 Minutes sin alterarla demasiado. Después entendió la contradicción: “Si llegas como el primero de algo, tu sola presencia ya modifica la tradición”.

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“Soy mexicano, estudié en México y, sin embargo, había capítulos fundamentales de la historia compartida entre México y Estados Unidos que entendía de manera incompleta”- Enrique Acevedo. (Gustavo Rodriguez)

El aprendizaje fue dejar de intentar parecerse a quienes habían estado antes. “No tenía que parecerme a quienes habían estado antes para demostrar que merecía estar ahí”. La frase podría servir también como síntesis de Essential, porque el libro no intenta definir cuál es la manera correcta de ser latino. De hecho, Acevedo desconfía profundamente de esa idea. Un mexicano en California, un cubano en Miami, un puertorriqueño en Nueva York y un venezolano recién llegado pueden compartir ciertas experiencias y, al mismo tiempo, diferir en clase, generación, religión, raza, política, idioma o historia familiar. La palabra latino ilumina cosas. También las borra.

Le preocupa especialmente cuando la identidad comienza a utilizarse como explicación automática de lo que alguien debería pensar o cómo debería votar. “Decimos ‘los latinos’ y parece que ya hemos dicho algo definitivo sobre decenas de millones de personas”. Cuando le preguntamos a quién quiere incomodar con el libro, responde sin escoger bandos: “A cualquiera que llegue demasiado seguro de que ya entiende la experiencia latina”. No quiere sustituir una simplificación negativa por una positiva. Quiere complicar la conversación.

Esa resistencia a las certezas atraviesa también su manera de ejercer el periodismo. Durante décadas, reconoce, los medios contaron gran parte de la experiencia latina a través de inmigración, frontera, crimen y elecciones. Son historias importantes, pero “no son la historia”. “Cuando una comunidad aparece en las noticias casi exclusivamente cuando existe un problema, terminamos convirtiéndola, narrativamente, en un problema”. Y Acevedo no se excluye de la crítica. Él mismo cayó durante años en ese encuadre. “La inmigración es una historia latina, pero la historia latina no es solamente una historia de inmigración”. Hoy también cuestiona otra transformación de su oficio: el periodista convertido en personaje, obligado a reaccionar inmediatamente, tener una posición sobre todo y construir una identidad pública reconocible. Él intenta ir en dirección contraria. “Me interesa recuperar el carácter informativo del periodismo por encima de la construcción de una marca personal”. Pero la duda existe. Después de tantos años entrevistando, investigando y contando historias, una de las preguntas que más le cuesta contestar es si el periodismo todavía conserva la capacidad de cambiar aquello que revela. Puedes investigar, verificar, contextualizar y presentar los hechos con rigor, explica, pero esa información llega muchas veces a personas que ya decidieron qué creer antes de escucharla. Acevedo sigue convencido de que el periodismo es necesario. Sólo se pregunta cuánto poder conserva.

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“Después de tantos años haciendo periodismo, quizá lo que más ha cambiado es esto: cada vez me interesa menos tener razón y más entender mejor”- Enrique Avecedo (Gustavo Rodriguez)

Quizá por eso, después de años trabajando en un oficio construido alrededor de encontrar respuestas, cada vez desconfía más de la certeza. “Después de tantos años haciendo periodismo, quizá lo que más ha cambiado es esto: cada vez me interesa menos tener razón y más entender mejor”. Y entonces la conversación vuelve a algo mucho más íntimo. Sus hijos crecerán también entre más de una cultura, una nacionalidad y una identidad. ¿Qué quisiera que nunca tuvieran que demostrar? “Que son suficientemente algo. Suficientemente mexicanos. Suficientemente estadounidenses. Suficientemente latinos”. Quiere que entiendan que una identidad no necesita disminuir para que otra pueda crecer.

De México, Acevedo dice haber heredado una esperanza difícil de abandonar. De Estados Unidos, la idea de posibilidad. “México me enseñó a no perder la esperanza; Estados Unidos me enseñó a ampliar lo posible”. Quizá ahí esté finalmente la respuesta a la pregunta que abre Essential. Después de escribir un libro entero sobre pertenecer, Acevedo ya no cree que la pregunta sea México o Estados Unidos. Español o inglés. Una identidad o la otra. Cree que ésa era, desde el principio, la pregunta equivocada.

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