Quién 50: `Alberto Athié, como don Quijote y Sancho´ José Barba

Los exmiembros de la Legión de Cristo que, demandaron canónicamente a Marcial Maciel, a parecen en esta edición, Athié como personaje que mueve a México y Barba hablando de él.
Los exmiembros de la Legión de Cristo que, demandaron canónicamente a Marcial Maciel, a parecen en esta edición, Athié como personaje que mueve a México y Barba hablando de él.
 Los exmiembros de la Legión de Cristo que, demandaron canónicamente a Marcial Maciel, a parecen en esta edición, Athié como personaje que mueve a México y Barba hablando de él.  (Foto: Archivo Quién ®)

No tenemos que esperar, para reconocer -sólo ya post mortem, como los positivistas de antaño- a aquellos que R. W. Emerson llamó ‘hombres representativos´. Por el valor de su ejemplaridad viva debemos elogiarlos ante nuestra propia sociedad en nuestra propia época.

Hay quienes hacen el bien a la sociedad con excedentes, por así decir, de su bienestar personal. Otros sacrifican grandemente por ella su propio derecho a la paz y al descanso para preservar y proteger a sus conciudadanos víctimas de la injusticia. A este segundo grupo pertenece Alberto Athié, uno de esos a los que la lengua inglesa describe como `every inch a man´.

El común de la gente conceptúa al profeta sólo como predictor de hechos; pero es también función suya, si cabe más propia, la de apuntar los males que abruman a grupos o a individuos del pueblo y la de tratar de remediarlos, señalando al mismo tiempo a los causantes de las injusticias, sean de la naturaleza que sean.

En tal función conocí a Alberto Athié, casi a mediados de los años noventa, durante una homilía suya de misa fúnebre oficiada por él ante el féretro de un amigo común, Juan Manuel Fernández Amenábar, exmiembro de la Legión de Cristo, negado ya por ella después de su salida y abandonado casi en el Sanatorio Español de la Ciudad de México.

La mirada y las palabras de Alberto se escanciaban lentamente, con sentimiento religioso y, al mismo tiempo, con aplomo viril. Su actitud y la evidente vivencia de su fe me hicieron reconsiderar mi desilusión ante la que parecía ya inconfiable presencia eclesial.

No imaginaba yo entonces el drama verdadero que venía fraguándose a la manera de alguna pieza de Albert Camus, en y entre las almas de esos dos seres, sacerdotes ambos: "Nadie ama más a su amigo que quien da la vida por su amigo", enseñó Cristo. Y fue precisamente la renuncia a ella (a su vida como sacerdote) el sacrificio que Alberto hubo de realizar. Pues, en el proceso de re acercar a Juan Manuel Fernández Amenábar a la Iglesia por la justicia y por la verdad, se vio él mismo en el riesgo y la necesidad de apartarse de Ella, como él testimonió en la segunda parte de `La Voluntad de no saber´ (*), empujado por la supuesta incredulidad -mala fe- de su superior inmediato, el arzobispo de la Ciudad de México, Norberto Ribera Carrera. Como en la ley de Gresham también en el campo del espíritu algunas monedas malas sacan de la circulación a algunas monedas buenas.

Ante la falta de escucha y del apoyo debido por parte de altos dignatarios del intrigante Vaticano (Ratzinger incluido) a quienes, y conforme al Derecho Canónico, Alberto había acudido, éste decidió continuar su lucha en pro de la verdad y de la justicia por la vía civil, que en la Ciudad del Hombre nos queda abierta a todos. Por la cercanía de su amistad algunos hemos podido atisbar en su alma algo del dolor inevitable de la 'noche obscura del alma", que casi siempre sobreviene a ciertos luchadores sociales. Porque Alberto Athié, como don Quijote y Sancho, también se topó con la Iglesia en momentos obscuros; con esa misma Iglesia que, hace ya hace tiempo, estudió Juan Ignacio García Hamilton en el ámbito de nuestra América (**).

Alberto está comprometido de por vida, y sin pensamiento de retirar su mano del arado: su lucha principal ha sido y seguirá siendo por la defensa de los Derechos Humanos de los niños y niñas, en contra de la pederastia general, pero sobre todo de la eclesiástica.

Los exmiembros de la Legión de Cristo que, con gran esfuerzo, demandamos canónicamente a Marcial Maciel y a su institución desde 1998 y que, con Alberto y varias víctimas levantamos la voz ante representantes de tres partidos políticos mexicanos el día diez de Abril de este año en el recinto del Congreso en San Lázaro somos quizás los principales testigos de la dimensión de su benemérita lucha ante la Iglesia, ante nuestro país y ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas.

Por ello nos alegramos de ver a Alberto Athié elegido por la Revista Quién para el grupo de los cincuenta personajes que transforman a México en este año 2014.

(*) Alberto Athié, José Barba, Fernando González, México, Random House-Mondadori.

(**) "El autoritarismo hispanoamericano y la improductividad": sobre todo en los capítulos: VII, (La influencia religiosa); VIII, (Catolicismo y subdesarrollo); IX, (Religión y democracia), Buenos Aires, Editorial Sudamericana."


Alberto Athié aparece este año en el listado "Quién 50, los personajes que transforman a México" se realiza desde hace 6 años con una seria metodología en la que participan 25 jurados de distintos ámbitos para recopilar a los 50 personajes que más han influido de una manera constructiva a la transformación positiva del país durante el último año. La edición digital puede comprarse en línea aquí.


Quién 50
 Quién 50  (Foto: Archivo Quién ®)
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