Michael Jackson, en la mente del Rey del Pop

La revista Quo presentó un recuento de las tormentas que pudieron haber convertido a un niño genio en un adulto incompleto.
La revista Quo presentó un recuento de las tormentas que pudieron haber convertido a un niño genio en un adulto incompleto.
 La revista Quo presentó un recuento de las tormentas que pudieron haber convertido a un niño genio en un adulto incompleto.  (Foto: Getty Images)

México 1979. En un programa cultural que conducía Jacobo Zabludovsky los domingos por la noche, el periodista Jaime Almeida y el locutor Adolfo Fernández Zepeda, la voz de Universal Stereo, alegaban sobre los méritos de un joven afroamericano que empezaba a impresionar al mundo con su voz, pero sobre todo, con su hipnotizante forma de bailar. “Discutíamos sobre si iba a pasar algo, si cambiaría la forma de pensar en la gente, hasta dónde podía llegar; se le comparaba con los Beatles, con los Rolling Stones. Yo estaba convencido de que sería muy bueno, pero no a tal grado”, recuerda Fernández Zepeda. Tres años después, el más pequeño de The Jackson Five, la otrora banda de funk-soul, lanzaría el long play Thriller y las predicciones de mucha gente alrededor del mundo serían rebasadas. Pero la fama y genialidad del Rey del pop no llegaría sola, sino acompañada de los fantasmas de un pasado complicado. ¿Fue un genio atormentado? Echemos un vistazo a la psicología de Michael Jackson. Infancia es destino Nació en el seno de una familia promedio del condado de Gary, en Indiana (EU); hijo de Katherine, una madre que cojeaba como consecuencia de la polio, y Joseph, un operador de grúas con pocas posibilidades de superación. Se menciona frecuentemente que empezó su carrera de canto y baile desde los tres años, pero esta afirmación carece de lógica: un niño de esa edad no tiene la coordinación suficiente para cantar y moverse al mismo tiempo, aunque es un hecho que desde pequeño, probablemente a partir de los cinco, mostró un enorme talento, tanto musical como relativo a la quinestésica motora, lo que hacía que bailara muy bien. El talento es una inteligencia y Michael clasificaba como un personaje genial; los genios no sólo repiten lo que el talento genera, sino que aportan su propio estilo. Y todo parece indicar que Michael no hacía más que cantar y bailar, es decir, ensayaba sobre su propio talento, y a expensas del mismo, vivió severas limitaciones, como no crecer en un entorno social adecuado: un niño necesita jugar con otros niños, prestarse juguetes y experimentar sentimientos propios de la edad. Probablemente él nunca tuvo la oportunidad de vivir esto, o lo hizo de manera muy limitada. Se vio inmerso de pronto en el mundo del espectáculo, sin desarrollar otras esferas, como la intelectual –de capacidades verbales– y la emocional. Lejos de tener una personalidad limítrofe, como se le ha etiquetado, nunca maduró como persona. El villano Te hacía pedazos si te equivocabas en la coreografía. Así que no sólo estábamos practicando, etábamosmos nerviosos ensayando porque se sentaba en una silla con el cinturón en las manos, y si no lo hacías bien, te hacía pedazos”, declaró la estrella para el documental Viviendo con Michael Jackson, de Granada Television, realizado por el periodista británico Martin Bashir con base en una serie de entrevistas durante ocho meses, entre 2002 y 2003. Se han difundido muchas historias acerca del terror que Joseph Jackson inflingía a sus hijos. Está la anécdota de que, un día, los asustó con una máscara mientras dormían, para que no dejaran abierta la ventana. Ha sido demostrado que los niños que han sufrido abuso físico tienen dificultades para formar y mantener relaciones de largo plazo, así como una personalidad ansiosa y evasiva, esto es, realizan sólo aquello en lo que sienten que van a tener éxito y evitan los desafíos fuera de su zona de confort. Intentan probar que son valiosos a través de sobresalir en un área particular y acaban pensando que esa habilidad es la única cosa por la que valen. Pero todos hemos tenido en algún momento de a infancia un evento traumático. Lo más probable es que su padre no fuera un tipo tan malo, como actualmente se le pinta; más bien, Michael tenía una hipersensibilidad. Cualquier comentario como “eres un tonto” o “lo hiciste muy mal”, o un golpe físico, le afectaba demasiado. Su padre pudo haber sido un hombre que explotaba a sus hijos por igual, a todos les decía lo mismo, a todos les pegaba, ¿cómo es que no afectó a los demás, pero en Michael tuvo un impacto permanente? Para él fue una figura que quiso complacer y quizá nunca lo logró. “Mi padre fue un genio como representante. Pero lo que yo realmente quería era un papa”, declaró Jackson en un discurso ante la Oxford Union, en 2001. Entre lágrimas, agregó: “Si había dado un gran espectáculo, me decía que había sido un buen espectáculo. Si había estado bien, no decía nada”. En otra ocasión señaló que se sentía más protegido en el escenario que fuera de él. Esto tiene su lógica porque lo que le transmitieron y él absorbió, es que sólo valía y lo querían cuándo bailaba y cantaba, cuando en realidad las personas deben ser queridas y amadas por lo que son, porque pertenecen a la especie humana, aunque sean feos, gordos, flacos o desentonen cuando cantan. Al asociar el afecto con su desempeño en el escenario, desarrolló un sentimiento de protección hacia el mismo.

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