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Juan Camilo Mouriño por Marigely

Su viuda nos platica la historia de amor, describe a Mouriño como papá y esposo, habla sobre el secuestro que él sufrió y los planes truncados.
Su viuda nos platica la historia de amor, describe a Mouriño como papá y esposo, habla sobre el secuestro que él sufrió y los planes truncados.
Juan Camilo Mouriño Su viuda nos platica la historia de amor, describe a Mouriño como papá y esposo, habla sobre el secuestro que él sufrió y los planes truncados. (Foto: Cortesía)
Juan Camilo y Marigely se conocieron en secundaria. Se reencontraron al terminar la universidad.
Juan Camilo y Marigely se conocieron en secundaria. Se reencontraron al terminar la universidad.


Recuerdo muy bien la primera vez que te vi. Estabas ahí tirado en el piso afuera del salón de clases. Te sacaron porque te portaste mal. Yo había ido a tu escuela muy arregladita porque se iba a realizar una kermés. En tu secundaria iban puros niños, pero fuiste tú el que hizo latir tanto mi corazón que hasta sentía los latidos en las orejas. Eras el españolito guapo que apenas había llegado a Campeche por lo que te quería sólo para mí.

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Se casaron en la Catedral de Campeche el 20 de junio de 1998.
Se casaron en la Catedral de Campeche el 20 de junio de 1998.


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Como vivíamos en una ciudad relativamente chica y éramos de la misma generación, coincidimos en muchas fiestas y nos volvimos buenos amigos. Aunque los dos sabíamos que había algo más. Fue muy triste cuando te mandaron a estudiar la prepa al Montverde, en Florida. Aunque seguíamos en contacto, escribiéndonos cartas y viéndonos en las vacaciones, te extrañaba mucho. Luego me diste la noticia que te quedarías a estudiar la universidad en Tampa. Elegiste economía mientras que yo me fui a estudiar ciencias de la comunicación al Tec de Monterrey, en Nuevo León. Quién iba a pensar que en cuanto terminamos nuestras carreras la vida nos volvería a juntar. Era 1994, ahí estábamos los dos de nueva cuenta. Frente a frente en Campeche, pero esta vez con las manos entrelazadas.

Suenan las campanas A tus 26 años, te fuiste a un Super Bowl en Miami con tu familia. Yo esperaba ansiosa el regalo que me habías prometido. Y me sorprendí mucho cuando vi el obsequio, ¿una bata de baño? Ay Iván, pero qué ocurrencias las tuyas, ¿quién regala eso? En fin, la usaba para salir de la regadera; así fueron varios días hasta que una vez se me ocurrió meter la mano en la bolsa de la bata. ¡Oh sorpresa! Había una cajita con un anillo. A mis 25 años dije “acepto”, sin necesidad de pensarlo.

Cuando me diste tu acta de nacimiento para ir apartando la iglesia me enteré que te llamabas Juan Camilo y no Iván, pero es que toda tu familia te decía así desde chiquito, aunque esa es otra historia.

Un año después, en junio de 1998, cuando yo tenía 26 y tú 27, nos casamos por el civil en casa de mis papás ante un aire acondicionado descompuesto, ¡qué cosa! Todos sudaban y yo estaba intacta. No sé cómo le hice, ni me di cuenta por tanta felicidad. Ahora que lo veo en las fotos todavía no comprendo.

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A la semana fue la boda religiosa. Entramos a la Catedral de Campeche para jurarnos amor “hasta que la muerte los separe”. Ay Iván, quién iba a decir que tan pronto.

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