Secretos de un matrimonio real

Uno de los periodistas mejor informados sobre la realeza española revela episodios inéditos sobre la relación que han sostenido Juan Carlos y Sofía.

A principios de año comenzó a circular en España Juan Carlos y Sofía: Retrato de un matrimonio (Ed. La Esfera de los Libros, 2008), un libro que de inmediato se convirtió en el foco de atención de la prensa de aquel país. Jaime Peñafiel, autor del texto, es uno de los periodistas que mejor conoce los secretos de la monarquía española: ha cubierto cuarenta bodas reales y ha realizado más de un centenar de viajes al extranjero con los Reyes. Durante años fue el reportero consentido de Juan Carlos de Borbón.Por mucho tiempo se dijo que las crónicas de Peñafiel favorecían a los habitantes del Palacio de la Zarzuela, hasta que hace algunos años comenzó a lanzar duras críticas a la familia real a través de la columna que publica en el diario El Mundo. Con la publicación de este libro, que aún no se distribuye en México, Peñafiel se colocó bajo la lupa de los simpatizantes de la monarquía y de los detractores de la misma.Llamamos a la Casa Real para conocer la postura oficial sobre este libro. José María Padilla, del departamento de prensa del Palacio de la Zarzuela, nos dijo que esta institución no tenía ningún comentario al respecto.Aquí presentamos algunos de los episodios que han marcado el matrimonio de Juan Carlos y Sofía, quienes cumplirán 46 años de casados el próximo 14 de mayo. La presión de la suegraA principios de los años sesenta Sofía de Grecia estaba enamorada del rey Harald de Noruega, pero se había llevado una decepción cuando supo que el corazón de éste le pertenecía a una plebeya, Sonia, la actual reina del país nórdico. Juan Carlos de España, por su parte, aún suspiraba por su novia de la adolescencia, María Gabriela de Saboya, pero en su entorno, específicamente el general Francisco Franco, no la aceptaban por considerarla una mujer muy liberal.Peñafiel cuenta que Sofía y Juan Carlos coincidieron en la boda de los duques de Kent. Ya se habían visto en otras ocasiones pero fue ese 8 de junio de 1961 cuando inició su noviazgo. Los reyes de Grecia, Pablo y Federica, estaban complacidos con esta relación, al igual que Juan y Mercedes, condes de Barcelona. Los papás de ambos hicieron todo lo posible por casarlos.Un mes después de haber empezado a salir, la reina Federica de Grecia, una mujer de carácter muy fuerte, organizó unas vacaciones con los condes de Barcelona en Corfú, Grecia, para formalizar lo antes posible ese noviazgo. Mandó un avión oficial para recogerlos en Lisboa, donde radicaba la familia de Juan Carlos luego del exilio. Cuando estos se marcharon de Corfú, Federica le gritó a su yerno: â??Sois novios aquí y ahora. La boda en octubre. No quiero que sea más tardeâ?.Peñafiel narra en su libro que este comentario le cayó como balde de agua fría a Juan Carlos, quien comentó años después: â??Tuvimos entonces la primera de las grandes broncas, la primera â??agarradaâ??... Yo le decía (a Federica) las cosas muy claras. Y ella a mí... Fue muy duró para mí porque parecía que me echaba atrás. Y no era así, pero no quería que me organizara mi vidaâ?.Despedida de solteroEl 11 de septiembre de 1961, dos días antes de que se comprometiera con Sofía, Juan Carlos viajó a Roma, donde residía su tía la infanta Beatriz y el esposo de ésta, Alejandro Torlonia, príncipe de Civitella-Cesi, jefe de la casa principesca.Aquella noche salió con el esposo de una de sus primas al Club 84, que entonces estaba de moda. No se sabe si fue de manera casual o si se habían quedado de ver, pero ahí se encontró con la condesa Olghina de Robilant, quien había sido una de sus primeras novias.Luego de que su primo político se retiró del lugar, el Príncipe y Olghina tomaron un taxi que los llevó a una modesta pensión. Ella cubrió estos gastos porque él no traía dinero en efectivo. Peñafiel relata que â??en 1993, la polémica condesa recogió en un libro la historia de esa noche, en la que un anillo con dos rubíes redondos y un diamante talla baguette había estado rodando en una triste cama de colcha de cretona de una no menos triste y barata pensión de Romaâ?. Era el mismo anillo de compromiso que Juan Carlos entregaría a Sofía.Unas semanas después el Príncipe le envió por correo a la condesa el dinero que ella había desembolsado para pagar el taxi y el hostal.Juan Carlos viajó de Roma a Suiza para cumplir con sus responsabilidades de novio. Tenía que llegar a la casa de su abuela Victoria Eugenia, donde se encontraría con la princesa Sofía y con los papás de ésta. Aquel 13 de septiembre, durante una cena en el Hotel Beau Rivage de Lausana, el joven de 23 años pidió la mano de Sofía, de 22. El rey Pablo de Grecia no tuvo inconveniente en dar su permiso para la boda. En algún momento de la cena Juan Carlos gritó: â??Sofi, cógeloâ?. En el aire iba un paquetito que contenía el anillo de compromiso.Un novio detallistaEl matrimonio no se realizó en octubre de 1961, como la reina Federica había propuesto, sino el 14 de mayo de 1962. En Atenas se celebraron dos ceremonias: una ortodoxa, para seguir las tradiciones de la familia de la novia, y una católica, para cumplir con las creencias de la del novio.Los esposos se fueron de luna de miel a la isla de Niarchos, en Grecia, luego a España, y enseguida a un viaje a varios destinos como India, Nepal, Tailandia, Filipinas, Hong Kong, Japón y Estados Unidos, el que duró, en total, cinco meses. Peñafiel revela que en Bangkok los recién casados visitaron una joyería donde Sofía vio un zafiro que la encantó. Pero no lo pudieron comprar pues entonces vivían con recursos limitados: recibían 70 mil pesetas al mes (unos 420 euros). Cinco años después Sofía y Juan Carlos regresaron a esa ciudad. Sin que su marido lo supiera, ella fue a la tienda donde había visto la codiciada piedra, pero ésta ya no estaba. La pareja real siguió el recorrido y en Bombay Juan Carlos la invitó a cenar. Durante el postre le regaló esa joya por la que ella había esperado tanto tiempo.

Misión: conquistar a los españolesâ?¦ y a Franco La relación ente Sofía y Juan Carlos tenía otra peculiaridad: ella no hablaba español y él no entendía griego. Al principio se comunicaban en inglés a pesar de que el príncipe de España no comprendía cabalmente este idioma, pero ella se apuró a aprender castellano. â??Juanitoâ?, le decía de cariño. â??Sofiâ?, la llamaba él.Otra tarea de Sofía fue hacer equipo con su marido para conquistar la simpatía de Francisco Franco, quien había enviado a los Borbón al exilio en Lisboa. El general quería mucho a Juan Carlos, era cierto, pero aún no lo nombraba príncipe de Asturias ni mucho menos heredero de la Corona. La princesa de Grecia logró simpatizarle al dictador y pronto se instalaron en el Palacio de la Zarzuela. Peñafiel narra que aunque estaban ilusionados por vivir en España, Sofía y Juan Carlos no gozaban de intimidad pues en el mismo Palacio, Franco tenía gente que le reportaba santo y seña de los príncipes. Cuentan que les fiscalizaban hasta las Coca-Colas y las llamadas de Sofía a Grecia. En este contexto nacieron los tres hijos de Sofía y Juan Carlos: Elena, la consentida del Rey, en 1963; Cristina, la más independiente, en 1965, y Felipe, el consentido de la reina, en 1968.El Rey inquietoLuego de la muerte de Franco, a finales de 1975, Juan Carlos asumió la jefatura de Estado y fue proclamado Rey de España. Los esfuerzos de la pareja por mantener viva la flama de la monarquía habían rendido frutos, pero pronto Juan Carlos se vería envuelto en un problema que puso a prueba su relación con la reina Sofía.Peñafiel cuenta que en febrero de 1976 el Rey le dijo a su esposa que se iría de caza a una finca cerca de Madrid. Una tarde ella decidió ir a ésta con la intención de comer con su marido, pero al llegar se encontró con la sorpresa de que el dueño de la misma intentaba entretenerla para que no pasara. Cuando al fin entró a la casa se percató de que Juan Carlos estaba con una mujer. Sofía salió desconsolada y se dirigió al Palacio de la Zarzuela, donde tomó a sus tres hijos. Luego se fue a Madrás, Grecia, para llorar en los brazos de su madre. Su sentido de responsabilidad real y los consejos de la reina Federica, escribe Peñafiel en el libro, hicieron que luego de un tiempo Sofía regresara a España.Juan Carlos sigue de coquetoEn 1978 el Rey conoció a una catalana en Palma de Mallorca. Marta Gayá era 11 años menor que él, estaba casada con un ingeniero y se dedicaba a decorar departamentos de lujo y a los bienes raíces. Juan Carlos y Marta pronto iniciaron una relación sentimental que se prolongó durante 18 años.Peñafiel asegura que ella fue el gran amor del monarca, tanto que a principios de los noventa, cuando Marta cayó en una fuerte depresión, Juan Carlos se olvidó de los asuntos propios de su investidura para estar al lado de su amada. En paralelo, los preparativos para los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 avanzaban y atraían los reflectores de la prensa mundial. Y Juan Carlos no aparecía en ningún evento público. Muchos se preguntaban: ¿dónde estará el Rey?Por aquellos días el diario El País publicó: â??El Rey se encuentra, desde el principio de semana, en una clínica suiza donde está siendo sometido a un chequeo médico rutinarioâ?. El jefe de la Casa del Rey, que no acostumbra desmentir rumores, dijo que Juan Carlos no estaba enfermo sino que estaba pasando unas cortas vacaciones en la montaña.Para entonces, cuenta Peñafiel, era un secreto a voces que esa â??enfermedadâ? que reclamaba la atención del Rey se llamaba Marta. El periodista también narra que el Rey se ocupó tanto de la decoradora que incluso no asistió al cumpleaños de su padre, el conde Juan. Sofía sabía del romance y se sentía humillada, incluso lloró sin parar durante el trayecto del Palacio de la Zarzuela a donde se realizó la fiesta. â??Pero cuando llegó a la casa, antes de entrar, se retocó el maquillaje, se recompuso, cambió la expresión de profunda tristeza y apareció en el salón donde todos estaban reunidos esperándola con la dignidad y la prestancia característica de la reinaâ?, escribió Peñafiel.El romance con Miss EspañaLos conflictos entre Juan Carlos y Sofía se acentuaron en los 80 y 90. Peñafiel cuenta que en una ocasión el Rey le dijo a la Reina: â??Te odio, te odioâ?. Y ella le respondió: â??à?diame pero jódete que no te puedes divorciarâ?.Durante un viaje a Chile, en 1990, el periódico Fortín Mapocho publicó que Sofía y Juan Carlos dormían en camas separadas.Por aquellos días, relata Peñafiel, se supo que Juan Carlos estaba saliendo con Bárbara Rey, una vedette y presentadora de televisión que había sido Miss España en 1970. Más tarde se dio a conocer que Juan Carlos inició esta relación cuando aún salía con la catalana.Peñafiel cuenta que el romance desató un escándalo ya que Bárbara comenzó a temer por su vida. Al parecer ella le entregó a su amigo Antonio Herrero, locutor estrella de las emisoras de Antena 3, un video con sus encuentros sexuales con el Rey, sólo por â??si algo le pasabaâ?. El periodista murió ahogado en Marbella mientras practicaba buceo. Entonces se dijo que pudo haberse tratado de un asesinato pero nunca se comprobó que esta versión tuviera sustento.Felices abuelosLuego de casi 46 años de casados, los reyes de España han logrado sortear las dificultades que han marcado su relación. Peñafiel nos dijo en entrevista telefónica que en su libro quiso contar la historia de un matrimonio con problemas, como muchos otros. â??Ha habido de todo: infidelidad, infelicidad, problemas políticos, sociales, religiosos, familiares y dinásticos que pusieron varias veces al matrimonio en peligroâ?, asegura.También dice que de cada crisis salieron fortalecidos y que a su juicio ellos terminaron siendo un ejemplo para aquellos que sucumben ante los primeros obstáculos. â??El carácter genético de los Borbones (se refiere a lo ojo alegres que eran) obligó a doña Sofía a mirar para otro lado, para adelante. Por eso llevan más de 45 años de matrimonio convertidos en dos felices abuelos. Los reyes han demostrado que primero está la obligación y luego la devoción. Ese es el ejemplo que quise mostrar en el libroâ?, agregó Peñafiel.

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