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Javier Senosiain: el arquitecto que hizo habitable la naturaleza

Javier Senosiain, uno de los máximos exponentes de la arquitectura orgánica en México, nos cuenta cómo nació su visión y por qué cree que los espacios pueden transformar a quienes los habitan.
vie 03 abril 2026 08:10 AM
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Arquitecto javier Senosiain (Jessie Furlong)

De niño no soñaba con edificios. Lo suyo era el fútbol, las mañanas al aire libre y las escapadas al Bosque de Chapultepec, donde corría con amigos antes de que la ciudad despertara. Décadas después, ese niño terminaría convirtiéndose en uno de los arquitectos más singulares del país.

Hoy, Javier Senosiain es reconocido como uno de los máximos exponentes de la arquitectura orgánica en México, una corriente que busca acercar al ser humano a la naturaleza a través de espacios curvos, más cálidos y pensados para quienes los habitan.

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Javier Senosiain, uno de los máximos exponentes de la arquitectura orgánica en México

“Como todos los niños, estaba más metido en el futbol”, recuerda entre risas. “Me gustaba mucho ir a Chapultepec. Ya más adolescentes íbamos a correr, a remar. En las vacaciones nos levantábamos temprano, a las cinco o seis de la mañana, e íbamos allá. Pero sí, nunca me imaginé la arquitectura en mi vida”, confiesa.

El encuentro con Senosiain ocurre en uno de sus proyectos más emblemáticos: el Nido de Quetzalcóatl, en Naucalpan Estado de México.

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Nido de Quetzalcóatl en Naucalpan, Edo. de Méx. (Jessie Furlong)

El arquitecto llega con paso relajado, vestido de forma sencilla. Saluda uno por uno al equipo de Quién con un apretón de manos y, con la naturalidad de quien recibe en su casa, incluso ofrece parte de su lunch. El escenario no podría ser más adecuado. A nuestro alrededor, la arquitectura se funde entre árboles y jardines, como si la obra hubiera brotado del terreno en lugar de haber sido construida.

“En la naturaleza casi no existe la línea recta”, explica mientras señala las formas onduladas del lugar. “Por eso pienso que los espacios curvos son más humanos”, agrega.

Para Javier Senosiain, la arquitectura no es solo para mirar, sino para sentir. Sus espacios buscan envolver y proteger a quienes los habitan, como un gesto de cuidado. “Son espacios más abrigadores”, dice. “Como el vientre materno, como una cueva. Incluso como un abrazo”.

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La Casa Orgánica del arquitecto Javier Senosiain. (Despacho Arquitectura Orgánica.)

No es casualidad que mencione la palabra apapachar. “Proveniente del náhuatl”, explica, significa literalmente “abrazar con el alma”. Esa idea, tan simple, ha guiado más de cinco décadas de trabajo en las que Senosiain ha defendido una arquitectura que no solo se mira, sino que se vive.

Al platicar con él es inevitable hablar de la naturaleza. Su visión nace de las ideas de arquitectos como Antoni Gaudí, quien encontraba en la naturaleza soluciones y formas para crear espacios. “Gaudí comentaba que la palabra original viene de la palabra origen”, cuenta.

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La Oficina Cueva, en Santa Fe, un espacio de trabajo construido en madera que evoca la sensación de estar dentro de una gruta.
(Despacho Arquitectura Orgánica.)

“Decía que ser original es ir al origen de las cosas. Y sí, pienso que de alguna manera la intención fue ir al origen, ver al hombre primitivo, ver sus necesidades esenciales”.

Sin embargo, el momento en que descubrió su propio camino ocurrió casi por accidente. Mientras hacía su servicio social, poco antes de terminar la universidad, debía proponer un proyecto para una comunidad. Eligió diseñar un centro cultural y deportivo.

Al principio siguió el trazo habitual de la arquitectura: espacios cuadrados y líneas rectas. Pero algo no encajaba.

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El Nido de Qutzalcóatl, la obra más emblemática de Javier Senosiain

“Llegó un momento en que me di cuenta de que el deporte es muy fluido. Entonces cambié el concepto por espacios y formas curvas. A partir de ahí me entró la inquietud por la búsqueda de espacios curvos, que yo pienso que son más humanos”, menciona.

Aquella intuición marcaría el rumbo de toda su carrera. Con el tiempo, esa filosofía tomaría forma en uno de sus proyectos más personales: la Casa Orgánica, también en Naucalpan Estado de México.

Más que una casa, fue un experimento de vida. Senosiain vivió ahí durante 25 años con su familia, experimentando en carne propia la relación entre el espacio y quien lo habita.

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Javier Senosiain (Jessie Furlong)

“El espacio sí puede transformar a una persona. Así como decimos que somos lo que comemos, también somos los lugares en los que hemos vivido”, asegura.

Si la Casa Orgánica fue su laboratorio, el Nido de Quetzalcóatl es quizá su obra más poética. Curiosamente, la serpiente que hoy define el proyecto no estaba contemplada desde el principio.

Todo comenzó con un estudio minucioso del terreno: la topografía, los árboles, las vistas, la orientación del Sol. Sobre una maqueta del paisaje, el arquitecto colocó un flotador infantil de alberca. Lo movía lentamente sobre el relieve, buscando la mejor manera de recorrer el terreno sin alterar el entorno natural.

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Nido de Quetzalcóatl en Naucalpan, Edo. de Méx. (Jessie Furlong)

“Lo colocábamos en la maqueta y lo íbamos moviendo de acuerdo con las vistas y la orientación”, explica.

Esa acción tan natural terminó definiendo la forma del proyecto. La serpiente apareció después, casi por intuición. Al agregar una cabeza en un extremo y una cola en el otro, la figura se hizo evidente. Fue su esposa, Paloma, quien finalmente bautizó el proyecto cuando escribió un texto para una revista.

Así nació el nombre: Nido de Quetzalcóatl. Hoy, el conjunto arquitectónico se abre paso entre la ve getación, integrándose con el paisaje como si siempre hubiera estado allí. Lo más sorprendente es que la intervención humana fue mínima: más del 90% del terreno se mantuvo intacto.

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Arquitecto Javier Senosiain en el Nido de Quetzalcóatl. (Jessie Furlong)

“La idea era integrarse a la naturaleza”, explica. Después de más de cinco décadas de carrera, Senosiain observa con curiosidad cómo el mundo parece acercarse cada vez más a las ideas que él defendía desde hace años.

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La Casa Orgánica: 42 años adelantada a su tiempo y más relevante que nunca.

Cuando construyó la Casa Orgánica, hace más de cuatro décadas, la conciencia ecológica era mucho menor. Hoy, dice, las nuevas generaciones entienden mucho mejor su propuesta.

“La Casa Orgánica se hizo hace 42 años, y ahora hay mucha más conciencia ecológica. A los niños y a los jóvenes les gusta más que en aquel entonces”, comenta.

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La Casa Orgánica, el proyecto más personal de Javier Senosiain, donde vivió con su familia durante 25 años. (Despacho Arquitectura Orgánica)

Aunque asegura que atraviesa una etapa más tranquila, pues va menos al despacho y dedica más tiempo a observar y reflexionar, su emoción por la arquitectura permanece intacta. Lo que más le apasiona, confiesa, es ver la reacción de quienes visitan sus espacios.

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Arquitecto Javier Senosiain en el Nido de Quetzalcóatl. (Jessie Furlong)

“Que la gente salga de los problemas de la ciudad, de la contaminación, del estrés y llegue a un lugar donde esté más tranquila, más relajada, donde se respire mejor”.

Después de medio siglo dando clases, diseñando proyectos y formando generaciones de arquitectos, su mayor interés ahora es compartir lo aprendido. “Creo que es muy importante transmitir los conocimientos a los jóvenes. Pero también es una retroalimentación, porque ellos también te enseñan”, dice.

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Arquitecto Javier Senosiain en el Nido de Quetzalcóatl. (Jessie Furlong)

Antes de despedirse, reflexiona con gratitud sobre todo lo que la arquitectura le ha dado: sus maestros, la naturaleza y el ser humano, los tres pilares que han guiado su obra, entre ellos recuerda especialmente a Mathias Goeritz y Ernesto Gómez Gallardo, este último, quien formó parte del equipo inicial de arquitectos que diseñaron Ciudad Universitaria, como figuras clave en su formación.

Luego hace una pausa y mira a su alrededor, hacia las curvas verdes que serpentean entre los árboles. “Todo está conectado. La naturaleza, el arte, la cultura... y nosotros somos parte de eso”, finaliza.

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