Collage de primeros planos de la piel y el contorno de ojos, acompañado de cremas y texturas de skincare con una estética limpia y natural.
Ximena Alessio
Seamos honestas: desmaquillarse a veces se siente como el paso que hacemos en automático al final del día, con los ojos medio cerrados y las ganas de ya estar en la cama. Pero lo que uses en este momento importa y mucho. Elegir mal tu desmaquillante puede ser la razón detrás de esos granos que no desaparecen, la resequedad que no cede o esa sensación de piel seca que ninguna crema logra resolver.
La buena noticia: no necesitas ser experta en skincare para acertar. Solo necesitas conocer tu tipo de piel y saber qué buscar en la etiqueta.
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¿Agua micelar, bálsamo o doble limpieza? Aquí el secreto
El formato de tu desmaquillante cambia todo. El agua micelar, atrapa impurezas sin necesidad de enjuague, es ligera, fácil de usar y perfecta para pieles sensibles o maquillajes del día a día, pero si usas fijador o maquillaje de larga duración, no es suficiente por sí sola.
Clarins Agua Micelar Limpiadora, 200 ml $790.00 Disponible en Sephora
Los bálsamos desmaquillantes, en cambio, usan una base oleosa que disuelve hasta las fórmulas más resistentes con solo masajear suavemente, aportando hidratación mientras limpian por eso son los favoritos de las pieles secas.
Clinique Desmaquillante en balsamo Take The Day Off Charcoal, 125 ml $1,016.00 Disponible en Sephora
Las toallitas desmaquillantes, aunque convenientes para una noche de emergencia, no cuentan como limpieza real, pues no limpian en profundidad y pueden irritar más de lo que ayudan.
Si usas maquillaje y protector solar a diario, el método que más vale la pena adoptar es la doble limpieza: primero un desmaquillante oleoso o en bálsamo que disuelve todo lo que el agua sola no puede, y luego un limpiador suave que termina de dejar la piel lista. Es el favorito de las dermatólogas y, una vez que lo pruebas, no hay vuelta atrás.
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¿Cómo limpiar la cara a profundidad?
Y ya que estamos, un par de tips que nadie te dice: enjuaga siempre con agua tibia, ni fría ni caliente, seca tu cara con toquecitos suaves y usa una toalla exclusiva para la cara.
El tónico después de la limpieza también ayuda, sobre todo si tu piel es sensible o grasa. No es un paso decorativo: equilibra tu pH de la piel, que se altera ligeramente con la limpieza, y la prepara para absorber mejor el producto que viene después, ya sea sérum, hidratante o protector solar.
Los detalles pequeños, al final, son los que hacen toda la diferencia. Una rutina de limpieza no tiene que ser complicada ni costosa para que sea efectiva, solo tiene que ser constante y estar bien ejecutada.