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Nuestras Historias

El machismo del mexicano que no perdona ni la muerte

Las burlas contra las mujeres del accidente de Reforma muestran el gran retroceso al respeto de la mujer .
jueves 06 abril 2017
BMW Reforma
BMW Reforma Accidente BMW Reforma-Lieja

Doce segundos le bastaron a Carlos Salomón para estrellar su BMW en un poste de acero en Paseo de la Reforma y Lieja. Segundos en los que murieron cuatro personas, dos mujeres y dos hombres: Karla S. de 29 años, Carlos Roberto M. de 27, Luis Fernando G. de 30 e Ivonne R., de quien hasta el momento no se tienen más datos.

Salomón (33 años) sobrevivió, lo protegieron las bolsas de aire del vehículo que circulaba a 180 kilómetros por hora en una de las avenidas más importantes de la Ciudad de México. Sus exámenes de sangre arrojaron que estaba alcoholizado y drogado. Él mismo reconoció, en su declaración (Carpeta de investigación CI-FCH/CUH-5/UIC/D/689/03-2017) que llevaba 24 horas en vela, de fiesta, y que nunca imaginó que un pestañeo lo pusiera en esta situación.

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Después salió información de las víctimas, luego Facebook hizo un doloroso homenaje en los perfiles de los cuatro jóvenes (nadie sabe con la autorización de quien), al mismo tiempo los medios hacen un seguimiento puntual de la situación jurídica del responsable, quien podría alcanzar 20 años de prisión por homicidio culposo agravado –5 años de prisión por cada vida–.

En este ir y venir de información salió a relucir la cara más oscura de la idiosincracia mexicana: su machismo.

Y es que algunos medios ahondaron en la vida personal de una de las víctimas. Karla, decían las notas informativas, era emprendedora, administradora de empresas y le gustaba escalar. Pero el detalle que hizo eco en las mentes de los mexicanos es este: se había casado a escondidas con su novio meses atrás y él estaba por darle el anillo de compromiso para casarse por la iglesia.

Este detalle desató la ira de la sociedad mexicana y fue así que Karla pasó de ser la víctima de un hombre que excedió los límites de velocidad –mientras manejaba borracho y drogado–, para convertirse en la infiel –¿cómo comprobarían los críticos de las redes que Karla era infiel?– que salió de fiesta sin su esposo. Porque sí, según los comentarios que atiborraron las redes sociales, en México las mujeres se mueren por putas.

Los comentarios empiezan con un “no justifico al conductor, pero...” y luego una lista de interrogantes: ¿qué hacía una mujer casada a altísimas horas de la noche en el auto de un hombre que apenas conocía? ¿por qué una mujer saldría de fiesta sin su novio? ¿por qué una mujer se emborracharía? ¿por qué una mujer decente se subiría al coche de un ebrio?

Más y más comentarios sobre la vida de la víctima: “estaba toda tatuada, una 'wild girl' que vivía en la fiesta y murió enfiestada”, “en lugar de estar en su casa andaba de parranda”, “si era tan buena niña qué hacía de fiesta entre semana y luego hasta las 4 am”, “la policía y las autoridades no son niñeras de esposas fiesteras e infieles”, “si no hubiera pasado el accidente de seguro ni él (el novio de la víctima) se enteraba que ella se salía a media noche”, “por andar en la putería terminó con su vida”...

Este caso destapa la cloaca sobre cómo la sociedad mexicana sigue responsabilizando a las víctimas de los actos que cometen los verdaderos culpables. El debate nunca tuvo que estar en quién era Karla y cómo vivía su vida, el debate sí debe de estar en el hombre que manejó un automóvil a más de 180 kilómetros por hora, con mucho alcohol y muchas drogas en la sangre, con cuatro vidas a bordo.

Porque Karla –como cualquier persona– tiene el derecho a salir de fiesta, a divertirse y a hacer de su tiempo lo que le de la gana, sí aunque sean las 4 de la mañana. También porque Carlos –como cualquier persona– no tiene el derecho de tomar un automóvil en estado de ebriedad ni bajo el influjo de las drogas para poner el riesgo su vida ni la de otras personas.

Este artículo habla del machismo porque el caso de Karla demuestra que esto no es un tema aislado, incluso en un accidente automovilístico. Vivimos en una sociedad que culpabiliza a las víctimas, que las juzga por cómo viven sus vidas y deja de lado, como un ser libre de responsabilidad que ven justificados sus errores, a los verdaderos culpables. Y sí, es machismo porque nadie en redes cuestionó por qué Salomón, el hombre, llevaba 24 horas de parranda, por qué si tan "buen niño" estaba de fiesta, por qué accedió a llevar a desconocidos en su automóvil, por qué eran las cuatro de la mañana y estaba alcoholizado, por qué consumía drogas, por qué decidió manejar. Nadie.

Karla es una doble víctima, la primera por la irresponsabilidad de Salomón y la segunda por todos nosotros que seguimos teniendo el chip machista en la mente. Su único error fue haber perdido la vida en un país con una idiosincracia que no perdona ni en la muerte.

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