Kate Middleton transformó su regreso a Wimbledon en una lección de elegancia, valor personal y responsabilidad institucional.
En el banquillo real, desde donde presenció el encuentro entre la polaca Iga Swiatek y la estadounidense Amanda Anisimova, se dejó ver plena y segura, tras superar el diagnóstico de cáncer, y comprometida con tantas actividades como se lo permite el proceso de recuperación que continúa, tras haber confirmado que estaba en remisión.