Hay postres que buscan enseñar su sofisticación desde que llegan a la mesa. El soft serve hace exactamente lo contrario. Se presenta en una copa sencilla, conserva su característica en forma de espiral y, a primera vista, podría confundirse con aquel helado que pedíamos de niños. La diferencia está en todo lo que lo acompaña.
Durante años estuvo relacionado con parques, máquinas de autoservicio y menús para niños. Ahora aparece después de una pasta hecha en casa, una hamburguesa de wagyu o una cena de varios tiempos. Los chefs lo están preparando con sabores de temporada, ingredientes inesperados y toppings que lo convierten en algo mucho más interesante que el clásico cono de vainilla.