Si sabes de moda, entonces sabes de la existencia de Marangoni. La icónica escuela italiana, fundada en 1935, ha sido la responsable de formar a más de 45 mil profesionales alrededor del mundo, que van desde Domenico Dolce hasta Franco Moschino. Poco a poco se ha expandido a otras ciudades como Florencia, Mumbai y Londres, y en 2018 llegó a su nueva casa: Miami, su primera sede en el continente americano. Este destino no fue casualidad. Todo sucedió gracias al inversionista turco Hakan Baykam, que vio en la ciudad del sol el escenario perfecto para formar a la próxima generación de creativos. “Era como un lienzo en blanco”, recuerda. “Había muchísimo potencial, pero todavía no existía una identidad sólida dentro del mundo de la moda”. No fue una tarea sencilla. Convencer a la institución italiana de abrir su primera sede estadounidense parecía casi imposible. “Cuando abrimos, muchos cuestionaban por qué habíamos elegido Miami. Hoy dicen que es el lugar donde hay que estar”, comenta entre risas.
¿La nueva capital de la moda? Isituto Marangoni
Y no se equivoca. Durante los últimos años, Miami ha experimentado una transformación gigantesca. La llegada de nuevos residentes que vienen de ciudades como Nueva York, Chicago y Los Ángeles, sumada al crecimiento de las industrias creativas, ha redefinido la identidad de la ciudad, y para Baykam, la escuela también ha contribuido a esa evolución. “Hemos traído sofisticación, una visión europea y una nueva forma de entender la moda y el diseño”, asegura.
Actualmente, en su escuela tipo flagship ubicada en el corazón del Design District, ofrece licenciaturas en Fashion Design, Fashion Styling, Fashion Business e Interior Design. Sin embargo, su momento más importante acaba de llegar. Tras varios años, Istituto Marangoni Miami obtuvo la acreditación del gobierno estadounidense que los convierte en una universidad oficial. “Eso cambia todo”, afirma. “Podemos pensar en grande”. Y pensar en grande significa construir el siguiente capítulo de la escuela: un campus nuevo inspirado en el modelo universitario estadounidense, que planea abrir sus puertas en 2031. Esta nueva sede se pensó para que los estudiantes puedan vivir, estudiar y trabajar en un mismo espacio. “Ese es el futuro de la educación creativa”, reflexiona Hakam.
Lo que distingue a los estudiantes Marangoni Miami es que, a diferencia de quienes crecen en ciudades históricamente dominadas por gigantes de la moda como Milán, París o Londres, aquí desarrollan su talento con mayor libertad. “No tienen miedo. Son apasionados, seguros de sí mismos y muy entusiastas”, explica. La mayoría provienen de Latinoamérica, específicamente México y Colombia, y esa conexión con el talento latino también se refleja en sus programas de becas, desarrollados en colaboración con diseñadores y marcas como Lorena Saravia y Silvia Tcherassi para tener oportunidades laborales mientras siguen en la carrera.El talento de los estudiantes es innegable. Cada fin de curso, organizan un desfile gigante donde presentan sus colecciones frente a familiares y líderes de la industria. El de este año fue titulado “La Grande Bellezza”, y más allá de los diseños, hay algo que llama especialmente la atención: la pasión colectiva que se respira en la comunidad de la escuela.
Desde los profesores y directivos hasta los alumnos, todos parecen compartir la misma convicción por lo que pasa dentro de ese edificio. Eso explica por qué, después de ocho años al frente del proyecto, Baykam sigue involucrado en prácticamente cada detalle de la escuela. “Todos me dicen que debo delegar más”, admite entre risas.Pero para alguien que apostó por una ciudad antes de que se convirtiera en referente global y logró traer una de las instituciones de moda más importantes del mundo a Estados Unidos, es fácil entender por qué todavía le cuesta soltar las riendas.