Hay escritoras que escriben sobre comida y hay escritoras que entienden que la cocina es un lenguaje. Laura Esquivel pertenece a la segunda categoría desde hace décadas, y este Día de Muertos lo confirmó con un texto inspirado en el pan de muerto de CUERNO, protagonista de una campaña que pone a la tradición en el centro de la mesa.
"Aquí estoy comiendo por todos ustedes": El pan de muerto de CUERNO según Laura Esquivel
Laura Esquivel y el pan de muerto
Para ella, todo empieza con el azúcar. “Para los ojos de un niño en México”, dice, el pan de muerto es pura fiesta: el ajonjolí, los huesitos, el brillo dulce. Y ahí está la diferencia que más le gusta de nuestra versión del asunto.
Aquí no hay fantasmas ni sustos. La celebración llega con gusto, con placer, y lo que se come se queda dentro. “Es un recuerdo”, nos dice.
(Cortesía)
Esa mirada amable sobre la muerte no es casual. Laura la explica desde un lugar que mezcla raíces ancestrales y ciencia con una naturalidad envidiable.
En las culturas originarias, dice, la muerte como tal no existe: es un ciclo, y el Día de Muertos es el momento en que el ciclo se cierra y se abre la puerta de regreso.
Luego va más lejos. Somos polvo de estrellas, nuestras células y nuestros átomos son parte de todo lo que fue antes, y de ahí viene su manera de estar en el mundo: valorar cada objeto, cada persona, cada cosa que vive, sabiendo que detrás hay todo un recorrido para que pudiera estar frente a ella, para tocarla, amarla y extrañarla.
Así celebra Laura Esquivel el Día de Muertos
El altar de Laura Esquivel tiene historia. Hubo un tiempo en que dejó de ponerlo, hasta que murió su padre. Ese año volvió a hacerlo y no ha parado desde entonces.
Hoy honra a familiares y amigos entrañables que se han adelantado, y lo hace con un cariño que se nota hasta cuando habla de los detalles.
Ya no abre la puerta de par en par como en los pueblos, porque la seguridad en las ciudades no lo permiten, pero conserva el gesto simbólico: el caminito de velas y pétalos de cempasúchil que guía a los suyos de regreso a casa.
La tradición, además, ya tiene relevo. Su nieto creció comiendo la ofrenda con ella, y cuando Laura tuvo que pasar un tiempo fuera de México por su labor como embajadora, él montó el altar sin ella. Se lo contó con orgullo evidente. Su teoría pedagógica es sencilla y difícil de rebatir: los niños aprenden si te ven comer la ofrenda.
Cuando le preguntamos con quién compartiría un pan de muerto si pudiera, la lista es larga: sus padres, su esposo, que falleció hace unos años, y grandes amigos.
Lo que les diría cabe en una frase: "Aquí estoy comiendo por todos ustedes, amando por todos ustedes, riendo por todos ustedes", y que la vida compartida con ellos sigue unida e impregnada de su presencia.
Laura Esquivel y la cocina como lenguaje y protagonista de su universo
Esa relación entre mesa y memoria atraviesa su obra. En Como agua para chocolate, la cocina es protagonista con un papel dramático, y Laura admite que cuando escribió la versión cinematográfica no logró trasladar del todo esa función al cine.
Nada que sorprenda: hay cosas que solo la literatura, y quizá un buen pan, pueden hacer.
Su colaboración con CUERNO, nos cuenta, le da gusto por una razón muy suya: la cultura mexicana le ha regalado amistades con chefs, cocineros y cocineras tradicionales, y le encanta que gente joven la invite a sus restaurantes y a nuevos proyectos.
Mientras tanto, prepara un proyecto de teatro en Nueva York.
Este año, entonces, el plan es claro, pon la vela, acomoda el pan y que la mesa haga lo suyo.