Cómo cuidar el hígado
La buena noticia es que cuidar el hígado no requiere cambiar por completo tu vida. Algo tan sencillo como moverte con frecuencia ya puede ayudar a reducir la grasa que se acumula en este órgano y mejorar la manera en la que el cuerpo utiliza la insulina, incluso si todavía no notas cambios en tu peso.
Lo ideal es realizar alrededor de 150 minutos de actividad moderada a la semana y combinarla con un poco de fuerza. Pero eso no significa seguir una rutina perfecta. Caminar, nadar, tomar una clase o entrenar con pesas funciona siempre que sea una actividad que disfrutes lo suficiente como para mantenerla.
Con la comida pasa algo parecido. No se trata de seguir un menú rígido, sino de acercarse a una alimentación de estilo mediterráneo, con más verduras, frutas, leguminosas, pescado, granos integrales, nueces y aceite de oliva. Al mismo tiempo, conviene reducir las bebidas azucaradas, los ultra-procesados y el exceso de grasas saturadas.
También hay buenas noticias para quienes aman el café. Tomarlo solo o con poca azúcar se ha relacionado con un menor riesgo de desarrollar cicatrización y cirrosis. Eso sí, no significa que tengas que comenzar a beberlo si no te gusta ni que un latte lleno de jarabes tenga el mismo efecto.
El hígado, además, es un órgano bastante silencioso. Puede existir algún problema durante años sin provocar síntomas evidentes, por lo que los chequeos médicos también forman parte de cuidarlo. Un especialista puede revisar tus análisis y tomar en cuenta factores como antecedentes familiares, diabetes, colesterol alto o hipertensión.
Al final, cuidar este órgano es mucho menos complicado de lo que nos ha hecho creer la industria del wellness. No existe un jugo que borre un fin de semana de excesos ni un suplemento capaz de reemplazar los buenos hábitos. Lo que realmente funciona es más sencillo: tomar menos alcohol, reducir el azúcar añadida, moverte, comer bien y no olvidarte de tus chequeos. No suena tan emocionante como un detox, pero sí hace una diferencia.