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Nuestras Historias

Berger: La historia del imperio joyero comenzó hace un siglo

Rodeados por las piezas más exclusivas de una de las joyerías más importantes del continente, Sergio Berger comparte un siglo de legado familiar.
sábado 12 octubre 2019
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Ari, Maurice, Silvain y Sergio Berger

Berger, una de las joyerías más importantes del continente cumple 100 años. La historia de esta empresa es la del exilio, la migración y la de un nuevo comienzo en otro país. Sergio y Ari, la nueva generación al frente, presentan un libro de gran formato para celebrar el primer centenario. En él, desempolvando el baúl de los recuerdos, los álbumes familiares y presumen las piezas de su acervo.

Bajo la edición de Carla Zarebska y Humberto Tachiquin Benito ‘Tachi’, este libro presenta la historia de los Berger, desde su vida antes de la guerra en Bélgica pasando por su llegada a Cuba hasta su constitución en México. El diseño del taller de Alejandro Magallanes cierra esta coffee table book de colección con un tiraje de dos mil quinientos ejemplares.

Previo a este lanzamiento, conversamos en exclusiva con Sergio Berger , el actual director general de la joyería y uno de nuestros Quién 50 , personajes que transforman a México. Compartimos aquí esta conversación.

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En diciembre de 1963 Sergio y Ari llegaron al mundo con dos semanas de diferencia. Desde entonces, la vida de los primos Berger ha estado unida no solo por esta cercanía temporal, también por la forma en que han asumido su participación en la empresa familiar. Hoy, ambos son el eslabón que dirige una de las joyerías más importantes de América Latina a la que le anteceden cien años de historia.

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Sergio Berger posa frente a la sede de Berger en la calle de Presidente Masaryk en la Ciudad de México.

Todo comenzó a principios del siglo pasado con Eliasz Alex Berger, un tallador de diamantes polaco de origen judío que, cuando la Segunda Guerra Mundial se expandió en Bélgica en 1940, huyó junto con sus hijos Sylvain y Maurice. La leyenda familiar cuenta que con solo una bolsa de diamantes como patrimonio, atravesaron por Francia, España y Portugal en busca de un refugio.

Pero Europa ya no era un lugar seguro. Con ayuda de visas falsas cruzaron el Atlántico y llegaron a Cuba donde, tanto el patriarca como los hijos, comenzaron una nueva vida. Pero en la mente de Eliasz, Nueva York siempre fue el destino y México un paso estratégico para llegar a él. El 16 de abril de 1943 llegaron a la capital mexicana donde, al poco tiempo, instalaron un taller en el centro de la ciudad, muy cerca del zócalo.

Berger Joyeros 100 años
Silvain Berger Seifman y Maurice Berger Seifman.

"Mis primeros recuerdos de infancia son en la oficina de mi papá y de mi tío y con mi abuelo. Toda la vida los veía en un mundo de brillantes y de piedras; de zafiros, de rubíes y de perlas. Crecí con ello,” cuenta Sergio Berger, rodeado por algunas de las piezas más exclusivas que habitan en la tienda ubicada en la calle de Presidente Mazaryk en la colonia Polanco.

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PULIENDO EL TIEMPO

Pero esta joyería, una de las de mayor prestigio de la región, no siempre fue así. Al principio la compañía se llamaba Bermex, su sede estaba en el centro y su giro era el de piedras preciosas que vendían a fabricantes y joyeros. Con el tiempo, cambió de nombre a Maurice y Sylvian Berger y se empezaron a producir piezas de joyería ya fabricadas, anillos, aretes, prendedores, que se ofertaba por mayoreo.

Berger Joyeros 100 años
Sergio y Ari, tercera generación de la familia Berger.

Ari, hijo de Maurice y Sergio, hijo de Sylvain, tienen los mismo apellidos, sus madres también son primas. “Siempre nos vestían igual,” recuerda Sergio, “era muy chistoso porque uno era rubio y el otro más moreno.” Esta relación fue madurando y trasladándose a la vida profesional. Ambos decidieron estudiar gemología y diseño de joyería en GIA (Gemological Institute of America) en California, donde abrieron oficinas cuando la crisis golpeó la economía nacional en la década de los 80.

Originalmente Sergio quería ser arquitecto pero su herencia familiar se impuso. “Fue como un destino para mí” dice. La formación de los Berger también se dio en en la India y Tailandia donde pasaron temporadas aprendiendo y compartiendo con diferentes joyeros.

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UN NEGOCIO DE CONFIANZA

Confianza es la palabra que utiliza Sergio como distintivo de Berger. “Tiene que haber una relación muy especial que confíen en ti. Hay veces que la gente no sabe el valor de las piezas entonces hay que enseñarles el porqué y cómo. Yo te enseño tres brillantes diferentes y tú los ves exactamente iguales. Hay que enseñarles del valor de cada pieza.”

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Sergio, Maurice y Ari Berger.

Y el valor de cada pieza se esconde detrás de su particularidad. Cada una resguarda en sus características su riqueza. La calidad del mineral, la variedad del color, lo complejo de sus cortes. Los preferidos de Sergio son los diamantes. “Me encanta, es la piedra más fuerte, su color, su brillo y lo que significa.”

Ari y Sergio Berger asumieron la dirección de la empresa familiar en la década de los años 90. Con ellos también se inauguró una nueva época en la organización: el arribo de la relojería a través de las principales marcas en el ramo Cartier, Chopard, Bvlgari y Rolex quienes también han confiado en ellos para ser sus representantes en México.

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