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Nuestras Historias

¿Cómo tus pensamientos pueden cambiar tu realidad?

Bárbara Castro, Life & Health Coach, explica cómo hacer para crear una nueva realidad tan sólo con los pensamientos. ¡Qué mejor que hacerlo ahora que inicia el año!
viernes 13 enero 2017
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pensamientos ¿Cómo tus pensamientos pueden cambiar tu realidad?

A lo largo de nuestra vida, todos vamos coleccionando experiencias, de las cuales, a través de los años podemos concluir cuales de ellas pudieron ayudarnos a tomar mejores decisiones dados los resultados que obtuvimos. Recuerdo que en la década de los 90´s se puso de moda que al terminar la preparatoria te tomabas un año sabático, en el que te ibas a estudiar idiomas a otro país. En esa etapa de nuestra vida, todos somos vulnerables. Es difícil tener consciencia plena de las consecuencias de nuestros actos. Nos dejábamos influenciar fácilmente por lo que sucedía en nuestro entorno salvaguardando el sentido de pertenencia hacia un grupo. Un ejemplo claro y conocido por todos es el comenzar a fumar. ¿Qué es lo que pasaba por nuestra mente para empezar a fumar? La primera vez que fumé, me dio asco; olía mal y no me gusto, pero lo volví a intentar varias veces hasta que terminé encontrándole el gusto. Porque si quería pertenecer a un estereotipo y ser “cool”, tenía que fumar.

¿Qué es lo que sucede en nuestra mente en un momento como este? Se crea un detonador (hay un enlace neuroquímico que se dispara al imaginarme quien soy y como me veo cool). Después, se comienza a generar un comportamiento (fumo para pertenecer) y al final se obtiene una recompensa (fumar me hace pertenecer y ser cool). Lo mismo pasa con la comida: se genera un detonador que es simplemente imaginarte como te vas a sentir una vez que hayas comido, lo que nos genera una conducta que es comer para sentir placer y estar contento porque viene una recompensa. Mucha gente come más allá de solo para alimentarse, para poder sentirse bien emocionalmente.

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Nuestra mente es tan poderosa que comienza a asociar estos mecanismos para implementarlos en momentos de tristeza, enojo, felicidad, ansiedad, y demás sentimientos.
Cuando recreamos una y otra vez el mismo proceso y lo llevamos a cabo por un periodo de tiempo suficiente (que generalmente toma tan solo 21 días) se genera un hábito.
Para romper con un hábito se necesita tener el grado de consciencia suficiente que de paso a la voluntad necesaria para poder interrumpir el proceso y efectuar cambios en nuestro comportamiento.

Generalmente a la edad de los 38 años ya estamos habituados a que nuestro comportamiento sea de cierta forma y día con día repetimos los mismos hábitos: Nos levantamos a la misma hora, vamos al baño, nos lavamos los dientes, nos metemos a bañar, desayunamos, vamos al trabajo por el mismo camino que tomamos todos los días y así sucesivamente hasta terminar el día. Esto es parte de nosotros. Pero al detectar que algo no nos hace sentir bien, que no tenemos satisfacción plena, o que nuestra recompensa por la cual iniciamos este hábito ya no es suficiente, es el momento justo cuando la vida nos brinda la iluminación de la consciencia, que es el primer paso para dejar de lado la monotonía, retando a nuestras rutinas.
Para obtener resultados diferentes necesitamos hacer cosas diferentes, pero eso ya lo sabemos.

Nuestra mente es predecible: Generamos alrededor de 60,000 mil pensamientos diarios y el 90% de estos pensamientos los volvemos a repetir al día siguiente. Son exactamente los mismos y por lo tanto, la posibilidad de que podamos generar algún cambio raya de forma muy cercana en lo imposible.

Romper o interrumpir con nuestros pensamientos rutinarios (que todos sabemos cuáles son) es el inicio de una cadena que impactará nuestro comportamiento, y por lo tanto, nuestras experiencias y emociones lo cual tendrá como consecuencia nuevas reflexiones, nuevos pensamientos, creando así círculos virtuosos en nuestra vida. Al hacerlo, estaremos tejiendo nuevas redes neuronales que se reforzarán para crear los nuevos hábitos.

Desafortunadamente cuando tenemos malas experiencias tendemos a generalizarlos. Cuando vuelve a pasar algo similar (que no tendría que ser extraño ya que pensamos casi igual al día anterior), automáticamente la recordamos y no intentamos ninguna acción diferente, porque catalogamos el suceso como una verdad absoluta. Ejemplos conocidos: Una decepción amorosa que automáticamente se conecta con la misma red neuronal, generando la misma emoción que se vivió en otro momento para evitar hacer algo, porque ya sé lo que volverá a suceder. Pierdo por no perder.

El conocimiento es la ventana que se abre para recibir aire fresco y observar el horizonte, invitándonos a explorar cosas distintas, permitiéndonos la oportunidad de reflexionar sobre nuestros valores y creencias desde una perspectiva diferente.

Pero ahora, la gran pregunta: ¿Y cómo lo hacemos? Una cosa es tener la información y otra diferente es saber qué hacer con ella.

Primero identifica que información necesitas, después obtenla y llévala a la acción. Si todo ese conocimiento que tienes -y que de alguna u otra forma, si estás leyendo esto, podemos suponer que en muchas cosas estas bien- ¿Que pasaría, si partiendo de ahí, comenzaras a generar una serie de nuevas ideas y pensamientos que te lleven a formar mejores creencias más asertivas para ponerlas en práctica en el entorno instantáneamente cambiante en el que vivimos?

Hoy es tu mejor día. Atrévete a crear nuevas redes neuronales, genera nuevos hábitos, transforma y descubre.

UN NUEVO PENSAMIENTO = UNA NUEVA OPORTUNIDAD DE CAMBIAR HABITOS.

Cuando el conocimiento te hace crecer, estas evolucionando, transformándote en una persona plena.

No te quedes estancado con el mismo conocimiento. Haz algo, la vida es movimiento, no te quedes en el mismo lugar en el que empezaste.

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