Las historias de cuatro mujeres que se renovaron

Jacky Bracamontes, Liz Gallardo, Claudia Lizaldi y Vanessa Huppenktohen nos cuentan el momento en el que tocaron fondo y aprendieron a levantarse como el ave fénix.
 Jacky Bracamontes, Liz Gallardo, Claudia Lizaldi y Vanessa Huppenktohen nos cuentan el momento en el que tocaron fondo y aprendieron a levantarse como el ave fénix.  (Foto: Especial)

JACKY BRACAMONTES

El momento más difícil que he vivido fue la pérdida de mi bebé. Nunca había llorado tanto en mi vida. Salí adelante con el tiempo, con mucha fe en Dios y sobre todo de la mano de Martín (su esposo). Sin él simplemente no hubiera podido.

En ese momento no había nada que me animara, mas que mi niña. El mismo día que me pasó lo más terrible de mi vida, me pasó lo más hermoso porque me convertí en mamá de una nena preciosa que necesitaba todo de mí. El único momento en que me sentía tranquila y feliz era cuando estaba con mi Jackita. No quiero ni pensar lo que pasan las mamás que salen de un hospital sin un bebé, con los brazos y el corazón vacíos. No se lo deseo a nadie.

Durante mucho tiempo me pregunté por qué me pasó a mí. Después aprendí que la pregunta correcta era para qué, con qué fin pasó esto. Y eso fue lo que me transformó la vida.

Ojalá que nadie que lea esto tenga que pasar por algo así, porque es un dolor tan fuerte que no puedo describirlo. Mi consejo para quienes viven una situación similar es que se agarren de Dios porque si no, no encuentras la salida. Y llorar mucho porque a veces nos queremos hacer las fuertes, pero ese es el momento de llorar y sacar toda tu tristeza. Déjense apapachar por la gente que las quiere. Mi familia y mis amigos nunca nos dejaron solos, ellos nos ayudaron a salir adelante y nos dieron el cariño que nos fue sanando.


Liz Gallardo
 Liz Gallardo  (Foto: Cortesía)

LIZ GALLARDO

Cuando tenía 18 años, en Guadalajara, mi familia de cinco miembros se desbarataba. Por destino o por consecuencia pero se desintegraba. Cuatro meses despues de la separación, nos llegó una noticia fatal: cáncer. Quien hasta ese momento fue la cabeza de mi familia vislumbraba cómo su vida se le iba de las manos.

Sin mucho más que hacer, sólo lo tradicional, la vida y el ánimo en general se consumían. Pero detrás de esa oscuridad un sueño anhelado no dejaba de palpitar. No podía ocultar que deseaba crecer...evolucinar. Entre la espada y la pared, supe que después de tomar aire y exhalar, tenía que volar. Por mi propia cuenta. Hacia mi horizonte particular.

Así que con la inseguridad de no saber si era la decisión correcta, tomé dos maletas, un perro, $2,500 pesos, muchas metas por cumplir y me dispuse a salir.

Salir del entorno y emprender el vuelo siempre es un camino colmado de muchas lágrimas, las cuales sirvieron para regar la semilla de los sueños que se acababan de sembrar.

Y florecieron. Y lo siguen haciendo cada primavera. Y cuando llega el otoño, las hojas mudan y se van. Y todo vuelve a empezar. Como el ciclo de la vida: a la vida le sigue la muerte y luego otra vez vida. Hoy presiento que mi ángel, ahora desde el cielo, aproboó mi decisión.


Claudia Lizaldi
 Claudia Lizaldi  (Foto: Cortesía)

CLAUDIA LIZALDI

A mí suele pasarme que la gente piensa que mi vida es rosa. Que no tengo razones para sufir, cuando en realidad lo único que he aprendido a hacer (y lo aprendí desde muy pequeña) es a fijarme en lo bueno. A literalmente poner mi atención en las situaciones, personas, historias, en las cosas que me dan felicidad; que me conectan con lo bueno, lo poderoso, con lo real en mí.

A todos nos ha tocado el dolor a la puerta, la diferencia es saber agradecer su presencia, aprender y gozar de ella para después dejarle partir y no comenzar un viacrucis de sufrimiento. En realidad puedo decir que por elección aprendí a no sufrir, pero tampoco escondo el dolor, pues la realidad es que el dolor es inevitable, lo que es una decisión personal es volcarse en el sufrimiento o tomar la lección y salir más fuerte de ella.

Uno de los momentos más dolorosos de mi vida fue la separación de mi primer matrimonio. El dolor que sentí fue uno de los más profundos de toda mi vida, pero decidida a cambiar esa historia, me dediqué a llenar mi vida de nuevas experiencias, a enriquecerla, a estudiar más, y definitivamente tomé el compromiso conmigo misma de creer más intensamente en el amor.

Creí y creí y volví a creer hasta que me crucé con Eamonn, mi ahora esposo. Otro loco que creía con todo su corazón. Ahora sé que si hubiera escuchado a las voces --las de mis propios monstruos o las de los que con sus mejores intenciones me pedían que ya no creyera más para no volverme a decepcionar, para no volver a sentir dolor-- jamás habría conectado con Eamonn.


Vanessa Huppenkothen
 Vanessa Huppenkothen  (Foto: Cortesía)

VANESSA HUPPENKOTHEN

Hace tres años subí 20 kilos en tres meses. Empecé a comer compulsivamente y nada me saciaba. No quería un plato de arroz, carne y ensalada, quería tres iguales.

Tenía un vacío emocional que necesitaba llenar. Decidí salir adelante en el momento en el que mi trabajo se vio afectado y dejé de hacer televisión. Contrario de lo que piensa la gente este medio es muy cruel. Sin embargo, salí adelante.

Estuve yendo con 14 nutriólogos, pero ninguno me pudo ayudar hasta que encontré un centro de ayuda de comedores compulsivos. También comencé a ir con un psicólogo y un nutriólogo y no dejé de hacer ejercicio.

Gracias a Dios esto me hizo regesar a mi centro, volver a quererme y aprender que antes que nadie, siempre estás tú.

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