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Nuestras Historias

El retrato de Fer Agundis

Lo suyo es estar detrás de la lente, pero posar para las cámaras también se le da. Te presentamos la entrevista y la sesión de fotos que le hicimos a una de nuestras fotógrafas favoritas.
miércoles 01 abril 2020
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Fer Agundis

Lleva más de 10 años como toda una pro de la fotografía, y aunque sus primeras clases formales fueron hace más de 15, no imaginó que lo suyo sería enfocar y disparar una cámara para subsistir.

Pensaba que se iba a dedicar a la valuación de obras artísticas y hasta se especializó en la rama después de estudiar Historia del arte, pero la vida le tenía otro camino —también artístico—, pero un poco más cercano a la naturaleza y los espacios abiertos.

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Fer fue la típica niña que andaba con su cámara y se la pasaba haciendo retratos a los que estaban cerca. Irónicamente eso es justo lo que menos disfruta hacer en este momento; fotografiar gente. Agundis es de esas fotógrafas que prefiere capturar imágenes de paisajes y objetos antes que personas.

Hacer y vivir de lo que más le gusta

Todo dejó de ser un hobbie cuando vendió su primer foto.“¡Igual y no soy tan mala!. No si alguien quiere pagar por tener una imagen mía colgada en la pared”, pensó Fernanda, quien también ha explorado el campo de la fotografía abstracta.

Se describe como una cazadora de momentos y memorias, alguien que disfruta de la tecnología fotográfica y sus avances, pero que de nada servirían sin un objetivo natural para retratar.

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Fer Agundis

Se la pasa buscando lugares nuevos para fotografiar, afortunadamente, dice entre risas, su esposo es lo bastante paciente como para esperar por ella cuando están de viaje. Él sabe perfecto que si la luz y el paisaje se prestan, su esposa no se moverá hasta lograr una buena imagen.

Su parte favorita es cuando la foto la sorprende a la hora de editarla, es decir, cuando estudia la imagen con calma y resulta algo inesperado o variando a lo que originalmente planeó.

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Digital sí, pero sin abusar...

No es muy fan del photoshop o manipular las imágenes, de hecho la transición de las cámaras análogas a las digitales fue complicada para ella, pero sabe que los retoques en las fotos de nuestros tiempos son el pan de cada día.

Concuerda con la idea de que todos somos fotógrafos gracias a lo teléfonos celulares y las redes sociales, pero no está de acuerdo con que se les clasifique a todos de la misma forma, pues las herramientas, técnicas y la utilización de los valores correctos de una cámara siempre harán la diferencia entre un profesional y un aficionado.

“Lo que está increíble es que mucha gente puede ver nuestro trabajo a través de Instagram, porque las redes sociales son una gran plataforma para la venta de nuestro trabajo”, dice Fer, quien dice “no sentir feo” cuando algunas de sus fotos se quedan sin ser impresas. Algunas, dice, no llegan al papel porque su momento de ser vistas puede ser sólo a través de una pantalla. “Claro que prefiero las fotos impresas, pero no es fácil, sobre todo cuando sales a trabajar y regresas con una memoria casi llena, aunque de todas esas fotos te quedes con sólo 90”.

No justifica el uso del modo automático de las cámaras, ni siquiera los viajes, pero lo recomienda para quienes todavía no dominan su equipo y en momentos en los que el instante para tomar la imagen es muy corto. A lo que no le hace el feo es a la selfie, incluso en el elevador.

Ha participado en varias exposiciones colectivas en galerías, y el próximo año espera concretar su primer presentación sola, algo que es ya casi un hecho.

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