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CAIE: El emprendimiento social que transforma semáforos en salones de clase

Paola Torres y Álvaro Balderas, fundadores de CAIE, nos platican sobre su proyecto social.
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Paola y Álvaro, fundadores de CAIE. (Cortesía )

En un país donde para algunos ir a la escuela y estudiar es lo normal, para otros es un privilegio. Paola y Álvaro, amigos de la carrera y egresados de Psicología por la Ibero, se dieron cuenta que en su camino a la universidad frente a un semáforo de Santa Fe, había un grupo de niños y mamás pidiendo dinero en la calle en vez de estar estudiando.

Con esta inquietud, fundaron CAIE: Un emprendimiento social donde los niños en situación de calle tienen la oportunidad de aprender y estudiar. Sigue leyendo para conocer más.

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Así es CAIE, la labor social que cambia vidas a diario

Paola cuenta que todos los días pasaba frente a esos niños y se decía a sí misma que tenía que hacer algo al respecto. “La impotencia era muy fuerte, hasta que un día pasé el semáforo, y algo en mí, un fuerte coraje, me hizo darme la vuelta y regresar”.

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En CAIE todos los niños tienen un espacio divertido y diferente para aprender.. (Cortesía )

Al platicar con ellos notaron que la mayoría de los niños y sus familias eran originarias de Chiapas y hablaban Tzotzil. Suelen pasar unos meses en Chiapas y otros en la CDMX, por eso se decidió que las clases de Español eran fundamentales, no solo para aprender, sino para hacer más sencillo su paso por la capital.

Para las familias, dedicar un momento de su día a estudiar significa sacrificar horas de trabajo y dinero perdido. Por eso en CAIE desarrollaron una estrategia en la que al cumplir con las asistencias, los niños y adultos pueden “intercambiar” las horas de clases por cualquier cosa que ellos necesiten de las donaciones recibidas.

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Los niños y sus familias asocian el estudio con algo positivo, motivando así sus ganas de seguir aprendiendo. (Cortesía)

Para dar voz a su labor decidieron empezar a subir videos en redes sociales, lo que les ayudó a dar visibilidad al proyecto. De un día para otro sus videos enseñando las clases a niños en los semáforos se volvieron virales y se dieron cuenta de la cantidad de personas que querían sumarse al proyecto.

“Nunca imaginamos que por videos en redes sociales podíamos crecer tanto”. Empezaron a recibir donativos para financiar los útiles, así como fondos recaudados que se empezaron a usar para contribuir a las necesidades básicas de las familias.

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Los niños en CAIE se sienten motivados y buscan seguir aprendiendo y creciendo todos los días. (Cortesía)

Mientras el proyecto crecía, Pao y Álvaro se dieron cuenta de que necesitaban más manos para llegar a más personas, y fue así como decidieron incluir voluntarios en el proyecto.

Gracias al apoyo de los voluntarios, las donaciones y al vínculo de confianza que se creó con las familias, hoy en día CAIE es mucho más que clases en un semáforo. Han logrado llevar la educación a distintas comunidades en la Ciudad de México, en las que llegan a tener más de 80 niños y padres de familia.

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En las comunidades se ha logrado llegar a más niños y familias. (Cortesía). (Cortesía)

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Las mamás y papás tienen clases sobre temas que se basan a sus necesidades, desde taller de manualidades hasta clases de derechos humanos. “Planeamos las clases con ellos, si los papás quieren ver temas de finanzas o ahorro, nosotros preparamos esas clases y se las damos”, cuenta Álvaro. Ellos investigan qué es lo que quieren y necesitan aprender, y así les facilitan la información.

Para los niños hacen que las clases sean llamativas y divertidas, con actividades como deporte y arte para desarrollar la creatividad y el aprendizaje a través del juego. “Tratamos de investigar y asesorarnos de cómo es el proceso de lectoescritura y qué cosas son necesarias para que un niño pueda leer y escribir”.

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La diversión es también parte de la enseñanza, los niños la relacionan con el aprendizaje. (Cortesía). (Cortesía)

En diciembre cumplen un año de haberse consolidado como una ONG. Después de graduarse, Pao y Álvaro se dieron cuenta de lo mucho que podían crecer y a la cantidad de personas que podían ayudar. Esperan llegar a más semáforos, colonias, más niños, familias e incluso llegar a diferentes estados de la República. “Queremos hacer que los niños estudien más y trabajen menos, mientras los niños tengan ganas de aprender solo se necesitan convicción, empatía y ganas”.

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No es necesario ir a la mejor universidad o tener la mejor computadora, a veces el mejor escritorio puede ser un coche, una cubeta y las ganas de aprender. (Cortesía). (Cortesía )

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