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Nuestras Historias

19 voces que exigen #NiUnaMenos: Parte 1

En enero pasado reunimos a 19 mujeres que trabajan y alzan la voz para exigir un país libre de violencia para las mujeres. Esta exigencia está más viva que nunca.
viernes 21 febrero 2020
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En enero pasado reunimos a 19 mujeres que alzan la voz en pro de los derechos de las mujeres.

Las cifras dicen que en México 8 de cada 10 mujeres se sienten inseguras en las calles. Detrás de esa estadística hay historias: acoso, desapariciones, violaciones, familias destruidas y vidas interrumpidas. Este contexto despertó la indignación, la rabia y el malestar social que se ha volcado en los espacios públicos, en debates y en las redes sociales para alzar la voz. Reunimos a 19 activistas, madres de víctimas, escritoras, cineastas, productoras, actrices y artistas que desde su campo dan la batalla para propiciar un cambio definitivo.

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Ya son las 6:30 de la mañana, hace algo de frío pero te levantas y le haces el desayuno a Eduardo (se ha cambiado su nombre para proteger su identidad), tu hijo menor. Mientras tomas café, intentas ignorar la pila de trabajos de tus estudiantes que te falta calificar. “Mañana acabo”, piensas, y tomas un sorbo. Ha sido una semana complicada entre el trabajo, las actividades de los hijos, las labores de la casa, la escuela y los problemas de pareja.

Pero miras a tu hijo que lleva su tazón de cereal a lavar al fregadero y te da gusto ver que lo has educado con amor para que sea responsable, independiente y conviva con sus hermanas y las mujeres como sus iguales. También te alegras de tus dos hijas muy autosuficientes y libres a las que, aunque adoran a su hermano menor, nunca les has pedido que se encarguen de él. Ya son otras épocas.

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Tus hijas pasan a darte un beso antes de salir volando a sus clases. Te preguntan si se ven bien. Son hermosas. Dejas a Eduardo en la escuela y de camino al trabajo te duele pensar que ellas son de esas 8 de cada 10 mujeres en México que tienen temor de salir a la calle. Te gustaría que se sintieran tranquilas, que pudieran ser ellas mismas y no se vieran obligadas a pensar todas las mañanas cómo vestirse para evitar ser acosadas en la calle o en su salón de clases, y que tú no tuvieras que preocuparte junto con ellas de si esa falda o ese top pueden ser una sentencia.

Tú sabes lo que pasa cuando no “cuidas tu ropa”; te ha pasado que Juan se pone pesado porque le da celos algo que traes, quiere que te cambies y, cuando toma, te empieza a reclamar que por qué te vestiste así, te pregunta que si te quieres ligar a alguien. En fin. Estás un poco cansada de esa relación. Al principio él era encantador, bromista, simpático y amable con tus hijos. Todo pintaba bien. Hasta que no. Ahora cada vez que toma alcohol, y es cada vez más seguido, la situación se sale de control.

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19 voces que exigen #NiUnaMenos.

Este movimiento me ha ayudado a hacer conciencia de muchas cosas que hemos normalizado y que incluso yo misma he normalizado y normalicé en el transcurso de mi vida.
Marina de Tavira, actriz.

A pesar de que has hecho todo lo posible, esto es precisamente lo que sucede después de comer, cuando empieza a discutir contigo por cualquier tontera. No te enganchas, tratas de hacerte chiquita a ver si se calma. Tu hijo Eduardo, que conoce la dinámica, se esconde. Juan saca un cuchillo y empieza a amenazarte. Está aún más fuera de control que la vez pasada. Piensas en Eduardo escondido y decides en ese instante que esa será la última vez, que mañana lo sacas de la casa. Piensas “que me toque a mí para que no lo toque a él”. Y Juan pierde el control y sigue insultándote, te deja de amenazar porque de pronto se te lanza con el cuchillo. Te tira. Su furia es tal que te apuñala. No una vez, sino una y otra. Tantas veces que mientras está en ello, Eduardo puede escapar a avisarle a la vecina lo que está sucediendo. Cuando llegan casi te ha degollado a puñaladas. En un último acto de cobardía, Juan se intenta suicidar.

Tu nombre es Raquel Padilla Ramos, historiadora, antropóloga y defensora de derechos, y fuiste asesinada por tu pareja el 7 de noviembre de 2019 en Ures, Sonora. No te olvidamos ni a ti ni a las otras nueve niñas y mujeres que murieron contigo ese día en México víctimas de feminicidio (de acuerdo con las cifras de la ONU).

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19 voces que exigen #NiUnaMenos.

Nos dijeron que mi hija se había suicidado. Iniciamos un proceso por la verdad y la justicia, ya que la justicia sin verdad no es justicia.
Araceli Osorio Martínez, madre de Lesvy Berlín Rivera Osorio, víctima de feminicidio.

Como Raquel están Abril, Mari Chuy, Mariana, Karla, Lesvy, Abigail, María Fernanda, Victoria y Manuela. En una semana se sumarán casi 70 mujeres, adolescentes y niñas víctimas de feminicidio; en un mes, casi 300. En un año la cifra, que es como la de una guerra, asciende a las más de 3,500 mujeres asesinadas tan sólo por ser mujeres. La mayoría (40%) a manos de su pareja o expareja en su casa y, de acuerdo con el INEGI, casi todas ellas sufrían violencia doméstica previa.
(Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas CEAV).

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Según la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), existen seis tipos de violencia contra las mujeres: violencia psicológica, violencia física, violencia patrimonial, violencia económica, violencia sexual y, por último, toda acción que las dañe de cualquier manera. La violencia feminicida es la forma más extrema. En nuestro país es cada vez más común, pero ¿por qué haría algo así un hombre? La respuesta más básica y terrible es: porque puede. Porque en ello se juega todo su poder. Además, la impunidad de estos crímenes es del 96% (según cifras del centro México Evalúa). Es decir que 9 de cada 10 feminicidas no son llevados a juicio ni mucho menos a la cárcel. Viven impunes, a nuestro alrededor.

A algunas personas esto les sonará lejano de sus vidas cotidianas, rogamos porque así sea; sin embargo, las mujeres, adolescentes, niñas e incluso adultas mayores, de todos los estratos económicos, de todas las razas y culturas son víctimas de feminicidio. Proporcionalmente, a las mujeres las asfixian, acuchillan y envenenan más; también las matan más con fuerza corporal y armas blancas y esto prevalece en la vivienda, en el espacio privado y de lo familiar (Data Cívica/ Cide).

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19 voces exigen #NiUnaMenos.

Espero que sea una revolución que no nos suelte en ninguna parte del mundo, que vayamos todas juntas y de la mano. Sé que es una bola de nieve que ya no la va a parar nadie.
Gabriela de la Garza, actriz

Porque aunque duela leerlo, el feminicidio casi nunca es un homicidio sin más, casi siempre incluye una o varias de las siguientes acciones terribles: desaparición forzada, secuestro, violación, mutilación, lesiones graves, trata de personas, tráfico de personas, tortura, abuso sexual, prostitución forzada, esterilización forzada, así como discriminación por orígenes étnicos, raciales, preferencias sexuales o por estado de gravidez. Matar mujeres por el hecho de ser mujeres es un crimen de odio.

Pero ¿por dónde empieza un feminicida?, ¿cuáles son las formas en que la violencia escala de simples gritos a golpes y cuchilladas o de piropos al acoso y a la violación? Sucede de las formas más imperceptibles y se va construyendo a lo largo de una vida: además de que vivimos en una sociedad en la que existe una gran inequidad de poder, en la que la mujer se percibe como menos, como alguien que debe estar al servicio del hombre, que es su subalterna, la violencia de género también es posible en el momento en que la mujer es percibida como un objeto a ser tomado y, por ende, desechado. No es coincidencia que a menudo las mujeres víctimas de feminicidio se encuentren como despojos en bolsas de basura, en maletas, en cajuelas, descuartizadas...

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19 voces que exigen #NiUnaMenos.

Me parece terrible que tengamos que llegar a estos extremos de pararnos enfrente de las personas y gritarles y pintar en los monumentos que nos están matando y no se está haciendo nada para detenerlo.
Eréndira Ibarra, actriz y activista

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¿Cómo se va construyendo esa desigualdad de poder en nuestra cultura? A menudo desde que nacemos. A los varones se les orilla a formar parte de un mundo masculino, invitados constantemente a abusar de su poder sobre las mujeres y sobre otros varones percibidos como afeminados o vulnerables. A las mujeres se les educa a que pongan sus sentimientos y sus cuerpos al servicio de los varones: sirviendo la mesa, haciendo labores del hogar en vez de tareas escolares, dejando los estudios por el cuidado o por trabajo, para servir al padre, los hermanos o al marido. Pero también desde niños a los varones se les educa a percibir a las mujeres como objetos de admiración o deseo o para ser poseídas, controladas, subyugadas.

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19 voces exigen #NiUnaMenos.

Por un lado me da una tristeza y una desesperación profundas, pero por otro creo que es el momento de unirnos realmente a hacer que esto pare lo más pronto posible.
Paula Amor, directora de la Corriente del Golfo, cofundadora de El Día Después y de #YaEsHora.

Expresiones comunes como “Calladita te ves más bonita”, “¿Para cuándo los bebés?, se te va a ir el tren”, “Si vas vestida así te la estás buscando”, “Esa malcogida”, “Ya te urge un marido”, “Con tu hermano es distinto porque él es hombre”, “El sexo débil”, “¿Estás en tus días?”, “A la prima se le arrima”, así como situaciones también comunes como los piropos en la calle o como pensar que el que “manda” en la cama y en casa es el hombre, en realidad revelan una desigualdad que hemos naturalizado a tal punto que nos cuesta ver que contribuyen a la violencia de género.

Pero todos los expertos y las expertas en el tema de violencia explican que es un continuo: un espectro de tonos, por llamarlo de una manera, donde pasamos de una cosa que parece menos seria a otra más grave, y que generalmente están interconectadas. Pareciera que es difícil pasar de un piropo a la violación, pero en su gran mayoría, los hombres que se sienten con el derecho de imponer su voluntad sobre la de un mujer empiezan por cosas que aparentan ser poco graves, como gritarles en la calle, pero deciden ir más lejos: tocar sin permiso en el cine, en el metro o en un antro, y luego puede empeorar: dar un beso a la fuerza en una fiesta, hasta forzar a una mujer a tener relaciones sexuales y, cuando eso no funciona o cuando ya terminaron de usarla, la descartan.

Hoy, justicia para las mujeres que han sufrido violencia significa no sólo que sus agresores estén pagando las consecuencias conforme a la ley, también significa que se hagan acciones para que esto no siga sucediendo.
Ruth Fierro Pineda, coordinadora del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres en Chihuahua.

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