David Cohen: Mr. Perfection, el hombre detrás del éxito de Yayoi Kusama

Guapo, joven, trabajador, romántico, disciplinado y en la cima. ¿Qué le falta al presidente del Patronato Olga y Rufino Tamayo para que su vida sea perfecta? (Una pista: está soltero y no tiene hijos)
Guapo, joven, trabajador, romántico, disciplinado y en la cima. ¿Qué le falta al presidente del Patronato Olga y Rufino Tamayo para que su vida sea perfecta? (Una pista: está soltero y no tiene hijos)
 Guapo, joven, trabajador, romántico, disciplinado y en la cima. ¿Qué le falta al presidente del Patronato Olga y Rufino Tamayo para que su vida sea perfecta? (Una pista: está soltero y no tiene hijos)  (Foto: Ricardo Trabulsi)


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Esta es la historia de un hombre que tiene una vida casi perfecta. Joven, guapo, exitoso, culto, hogareño, trabajador, deportista, disciplinado, detallista, buen bailarín, niñero, filántropo y soltero, David Cohen Sitton vive como muchos y muchas quisieran vivir (siendo como él, o a su lado).

A sus 39 años, además, es una especie de role model de los promotores de arte contemporáneo en nuestro país por haber sido el cerebro detrás de la euforia que logró que en 100 días entraran arriba de 330 mil personas a la exposición de la artista japonesa Yayoi Kusama en el Museo Tamayo (mínimo, para tomarse una selfie).

Lo vemos en los mejores eventos, hablamos de su éxito en las sobremesas, pero es muy discreto con su vida privada. ¿Quién es el ser humano detrás de la imagen institucional que tiene como presidente del Patronato Olga y Rufino Tamayo? ¿Cómo vive? ¿Quién ocupa su corazón? ¿Cuáles son sus pasiones? ¿Qué le falta en la vida? ¿Cómo conquistarlo?

EN UNA NOCHE, NOS OBSESIONÓ

David fue el artífice de una noche que se convirtió en el acontecimiento social y cultural de 2014: la Gala Suma de la Fundación Olga y Rufino Tamayo, que esa noche fue todo menos tradicional.

"Noche histórica en el Tamayo. Yayoi Kusama llena de magia la gala en el museo", titulamos en la portada de Quién. Esa noche en el museo (dirigido en ese momento por Carmen Cuenca y, ahora, por Juan Andrés Gaitán) se instaló una decoración sin precedentes para que los invitados vivieran una "experiencia infinita" del mundo de la japonesa Yayoi Kusama, una artista que, si bien es una de las más importantes en el arte contemporáneo, no era tan conocida para muchos en México. Ahí estaban personalidades del arte, la cultura, la sociedad, los negocios, la política y todas las esferas, desde Mauricio y Barbara Berger, Miguel Ángel Morantinos y Sofía Aspe, Juan Domingo Beckmann y Laura Laviada, Lina Botero y Elías Sacal, y Sylvana Beltrones y Escudero, hasta el jefe de gobierno del DF Miguel Ángel Mancera, la senadora Ninfa Salinas y el gobernador del Estado de México Eruviel Ávila.

La intención de David era clara. Además de recaudar fondos, tenía que sorprender y "obsesionar" con el estilo de Kusama a los invitados para que luego comunicaran de boca en boca (o de selfie en selfie) lo que habían vivido. Funcionó. Los invitados fueron los primeros en ver lo que del 26 de septiembre de 2014 al 18 de enero de 2015 se volvería un fenómeno pocas veces visto en México. La exposición "Obsesión Infinita" fue visitada por más de 330 mil personas en 100 días (algunas acamparon en la fila para entrar), contra las 170 mil anuales que fueron al museo en los últimos dos años.

David, presidente del Patronato de la Fundación Olga y Rufino Tamayo, supo en ese momento que esa noche iba a marcar un antes y un después en la vida del museo. Y en la de él.

¿POR QUÉ TUVO TANTO ÉXITO?

David atribuye el éxito de Kusama en México a tres cosas: al valor artístico de la exposición, a las redes sociales, y a que México está ávido de ver exposiciones de primer mundo. Pero también es resultado de los tres años que lleva presidiendo el patronato con criterios que aprendió en la empresa de su familia, como la negociación y el trabajo por objetivos (el más importante es México, dice).

Su mayor logro es la creación de la primera asociación público-privada en el sector cultural en México y le emociona poder replicarlo en el futuro en todo el país. Fernando Chico Pardo, amigo suyo, lo ve muy viable. "Su modelo de asociación público-privada puede funcionar en todos lados de México", nos dijo el empresario, "todos los museos serían muchísimo mejores y más adecuados para que la gente los viva y los utilice".

David también consiguió que la Cámara de Diputados le etiquetara recursos a la fundación por cuatro años consecutivos (aunque la primera vez que fue no conocía a nadie y sólo buscaba a los diputados que había visto en televisión). Además, recaudó 110 millones de pesos (28 de Conaculta, 41 del INBA y 41 de la Fundación) para remodelar y ampliar el museo, un proyecto que llevaba tres años en un cajón y que logró realizar en 10 meses sin rebasar el presupuesto.


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MODELO, TENISTA, ACTOR, EMPRESARIO...

Ricardo Trabulsi, uno de los mejores fotógrafos de México, retrató a David para la revista Quién. Acostumbrado a trabajar con celebridades, pero también con personajes que se intimidan ante su lente, estaba sorprendido con él. "Da un paso y gira el cuerpo a la derecha, alza la barbilla y ahora gira, pero sólo la mirada", le indicaba. Ante la sorpresa de todo el crew, David lo hizo perfecto. No bien: perfecto. Eso y cuidar cada detalle de su ropa, que se cambió varias veces durante el shooting. "Soy un modelo frustrado", nos confesó. "Creo que no di la estatura", bromeó.

No lo admite, pero es claro que David se sabe guapo. No es muy alto, pero tiene un cuerpo fit. Desde chico juega tenis y dice que en la época de Iván Lendl, Mats Wilander y Chris Evert soñaba con ser como ellos de grande. "No se dieron las condiciones de que me pudiera dedicar al 100 por ciento porque mis papás siempre me dijeron que tenía que seguir la carrera y el estudio, en esa época no se combinaban las dos cosas", lamenta, "cuando vi cómo eran los profesionales decidí encaminar mi vida en otro sentido". Ahora es fan de Roger Federer, con quien se tomó una selfie el año pasado, que se lo encontró en Manhattan, pero el tenis no es la única vocación que David creyó tener.

"Me encanta el tenis como deporte, pero también siempre tuve una afinidad por la parte artística. Me gusta mucho la música, siempre me gustó mucho el teatro, soy un fanático del cine, y de muy chiquito me hubiera encantado incursionar como actor", se sincera con nosotros.

Cuando se graduó de secundaria hizo un casting y se ganó el papel protagónico de una obra de teatro estudiantil que hablaba de valores, pero lo más cerca que estuvo de un trabajo profesional frente a las cámaras fue en 1997, a los 22 años, cuando hizo otro casting, pero este para la película La máscara del Zorro, que Antonio Banderas y Catherine Z. Jones iban a grabar en México. "Pasé el segundo casting y ya en el tercero me dijeron que no tenía los rasgos necesarios (risas). Yo creo que políticamente me dieron las gracias, y, a partir de ahí, me dediqué otra vez a trabajar".

Desde los 19 años, cuando estudiaba el segundo semestre de Administración de Empresas en la Ibero (de donde se tituló con excelencia), David ya trabajaba en Baby Creysi, la empresa de ropa y accesorios para bebé que su familia fundó tres generaciones atrás.

Sus clases eran de siete a nueve de la mañana y de seis a 10 de la noche para que en el día pudiera trabajar. Empezó como almacenista, luego en puestos de distribución, operación y confección, trabajó con sindicatos, en manufactura, y, finalmente, lo promovieron ("por resultados siempre", asegura) a ser director de Operaciones de 2007 a 2009, de Planeación Estratégica de 2009 a 2011, y de Desarrollo Internacional de Nuevos Negocios, Relaciones Gubernamentales y Públicas de 2011 a 2013. Llegar a esto le llevó 18 años. Pero tras involucrarse en las labores del patronato de la Fundación Olga y Rufino Tamayo, y ver el potencial que tenía como promotor cultural, decidió, de nuevo, cambiar de camino. "Fue una decisión difícil, al principio llegó un momento en que mi familia me preguntó que si estaba yo seguro... ¡imagínate, tercera generación! En ese momento les dije que estaba más que seguro y más que convencido", recuerda.

"Yo creo que ellos se quedaron tranquilos porque me vieron que estaba contento, ellos parten siempre de que el ser humano tiene que estar contento en lo que hace porque va a dar lo mejor de sí mismo, y al final de cuentas me apoyaron", dice.


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EL HIJO SÁNDWICH

Viéndolo en la plenitud de su éxito, no podríamos pensar otra cosa más que David es un tipo muy afortunado. Pero él no está de acuerdo. Dice que todo esto no es cosa de suerte.

"Realmente soy una persona muy dedicada, he trabajado a lo largo de mi vida para estar donde estoy, y lo recibo con mucha humildad", recalca, "nada llega fácil, tienes que trabajar en todos los ámbitos, en el ámbito profesional, en el ámbito emocional, en el ámbito amoroso; el éxito se debe a una dedicación y a una disciplina que he tenido desde chiquito".

David es el "hijo sándwich" de Simón e Iris Cohen, menor que su hermano José y mayor que su hermana Aline. Era aplicado en la escuela y sacaba buenas calificaciones, pero jura que no era nerd. "Siempre fui muy sonriente, amiguero, hogareño y de familia", dice. En esa época aprendió la disciplina que sigue rigiendo su vida. "No podíamos faltar y no podíamos llegar tarde a la escuela por doble disciplina: uno, porque en el colegio donde estudié (en el Tarbut) no te dejaban llegar ni un minuto tarde, y dos, por la disciplina de nuestros papás: teníamos que estar listos 10 minutos antes de que pasara el camión escolar por nosotros. Dentro de la casa también había una disciplina de horarios de desayuno, comida y cena y, por supuesto, horarios de dormir. Creo que después de las ocho de la noche, si mal no recuerdo, ya apagaban las luces y teníamos que estar dormidos".

Nos contó una historia que muestra muy bien cómo le inculcaron sus valores: "Para enseñarnos el valor de la comida, llegábamos del colegio a comer y no podíamos levantarnos de la mesa si no terminábamos lo que había en el plato", recuerda. "En una ocasión -a mi mamá no le va a gustar lo que voy a decir- nos había hecho un platillo que me acuerdo perfecto que eran unas costillitas de Coca-Cola, así las guisaba, y yo no quería comerlas porque no me encantaban. Me acuerdo que llegamos a las dos de la tarde... ¡y me quedé hasta las siete de la noche sentado en la mesa en mi lugar con el plato, hasta que me dejaron levantarme! Luego me dijeron que si quería cenar, dije que sí... ¡y me trajeron las mismas costillas! (risas). ¡Entonces ahora que me siento a la mesa rara vez dejo algo!"

¿Qué crees que te diría el niño que fuiste si entrara por esa puerta y te viera como eres hoy?

Estaría orgulloso y contento de verme pleno y realizado. Aunque todavía me falta.


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BAILA, PERO SIN ALCOHOL

Me dijeron que no bebes alcohol, ¿es cierto?

Te dijeron bien, realmente no, desde chico eh, nunca me llamó, vas a decir que qué aburrido, pero siempre me he divertido sanamente, me gusta la música, me gusta bailar...

¿Y bailas bien?

¡Dicen!

¿Qué te gusta bailar? ¿Cuál es tu mejor ritmo?

Ahí sí, me gustan todos.

Pero en uno tienes que ser mejor, ¿no? La salsa, la música disco...

Fíjate que desde la salsa y las guapachosas, hasta la disco.

Wow, ¿y el pasito duranguense?

¡Sí, también! Cada día aprendo uno nuevo.

Entonces no eres el aburrido de la fiesta que está ahí en la esquina porque no toma y no se integra...

No, no, cómo crees, nunca me han podido catalogar de eso.

¿Pero ni siquiera una vez te emborrachaste, de adolescente?

Bueno, por supuesto, si no no tendría adolescencia, cuando fui joven... ¡si no van a decir que nací señor! Pero son contadas las veces.

¿Alguna vez has consumido algún tipo de droga?

Nunca.

¿No te ha llamado nunca la atención?

No, ni cerca.


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¿OBSESIVO? SÓLO CON EL GYM, LAS SERIES Y LOS AMIGOS

David se levanta diario en punto de las 5:40 para desayunar una proteína o una fruta y se va al gimnasio después de una hora de grooming. Su rutina de ejercicio dura entre una hora y una hora con veinte, e incluye cardio, pesas y resistencia. Nunca ha corrido un maratón (dice que antes corría 100 metros, pero que ahora no llega ni a los 10), aunque es bueno para salir a andar en bici o jugar volibol o futbol (de delantero).

Después del gimnasio vuelve a "desayunar", ya con mucha más proteína. Llega a su oficina poco antes de las 8 y las tres primeras horas de la mañana es muy productivo, con la endorfina a full. A eso de las 11 se toma un snack y come entre la 1:00 y la 1:30. "Soy de comidas cortas", dice, "no me gusta hacer comidas de trabajo, normalmente como solo, pero trato de salir o ir a mi casa para despejarme un poco". Nada extremo, comida balanceada, cinco veces al día. "Lo que sí es que me alejo de la fritanga y de las grasas", dice. Regresa a la oficina y sale entre seis y siete. ¿Qué hace después? "Si me queda tiempo trato de hacer otra vez deporte o jugar tenis". "¡Con razón tan fit!", le digo. Pero no, me confiesa la razón: "Así que digas qué buena condición tengo no, lo que pasa es que de repente me gana lo social y en vez de hacer ejercicio me quedo platicando", dice. "¡Con razón tienes que regresar!", bromeo, y me responde: "Pero de que voy todos los días voy todos los días, ¡eso que ni qué!" Su jornada termina temprano: "¡Creo que no llego ni al noticiero de las 10! (al fin y al cabo, dice que se informa por Twitter). Yo creo que entre 9:00 y 9:30".

Dice que no es obsesivo, pero él mismo se contradice, al menos en cuanto a consumo de series estadounidenses se refiere. "Cuando salió la primera serie en televisión que fue 24, la de 24 horas, me acuerdo perfectamente que no salí el fin de semana, me quedé todo el fin de semana las 24 horas, recuerdo haberme acostado como a las dos de la mañana, y luego nuevamente me levanté como a las siete de la mañana porque era una adrenalina espectacular. Ahorita estoy viendo Madam Secretary, por supuesto que voy al día con Scandal, por supuesto terminé las dos temporadas de House of Cards y una de mis series favoritas fue Damages con Glenn Close".

Para pintar es malo (dice que por eso aprecia tanto a los artistas) y escribir en forma nunca lo ha intentado (cuando más una carta de amor). Pero devora libros de arte, le apasionan las biografías y el drama (su novela favorita de la vida es A la sombra del Ángel, de Kathryn S. Blair) y ve mucho cine (su película es Dangerous liaisons, EU, 1988, con Glenn Close, John Malkovich, Michelle Pfeiffer, Uma Truman y Keanu Reeves).

Con sus amigos es entregado. "Sabe ser muy amigo con sus amigos, como me considero yo", nos dijo Fernando Chico Pardo, presidente del Grupo Aeroportuario del Sureste (Asur). Y agregó: "Es un individuo que tiene un grandísimo corazón, siempre está alegre y bromeando, tiene un extraordinario sentido del humor y un corazón envidiable, le gusta sonreír, le gusta vivir".

No les cocina a sus amigos porque no sabe hacer ni quesadillas, pero le gusta ser buen anfitrión y ponerse en su lugar antes de darles un consejo. En su círculo cercano también están don Antonio del Valle Ruiz, Carlos Hank Rhon, Juan Domingo Beckmann, Ninfa Salinas Sada, Alberto Torrado Martínez, Álvaro Fernández Garza, Moisés Cosío Espinosa y Agustín Coppel Luken, con algunos de los cuales ha hecho además varios proyectos.

DESPUÉS DE ADELA, AVAILABLE

Viéndonos de frente con esos ojos penetrantes entre azules y verdes que conquistan a sus fans, dice que no sabe por qué la revista Quién lo incluyó en junio de 2013 en la lista de "Los 25 mejores partidos de México". En esa edición tenía la etiqueta "in a relationship" porque llevaba cinco meses de una relación muy sonada con Adela Micha ("¡la hicieron sonar!", dice). Hoy, sólo son buenos amigos. "Es alguien que está y estará en mi corazón", nos confiesa.

Ahora está soltero y buscando a alguien con quien sí pueda tener hijos. ¿Qué necesita alguien para conquistarlo? "Yo creo que lo más importante es que haya química, tanto atracción en lo físico como en los valores y los principios, y más si quieres construir una vida juntos, a futuro", dice. ¿Su potencial pareja tiene que saber mucho de arte? "No necesariamente. Yo creo que lo más importante es que te complementes y aprendas tú de tu pareja y tu pareja de ti", explica.

La verdad es que su estatus actual tampoco es tan extraño: en su vida ha tenido pocas relaciones, aunque estables, además ya no cree en el amor a primera vista. "Me gusta relacionarme con las personas, yo creo que el amor a primera vista es algo de cuando eres más joven (risas)". ¿Y cómo es él como pareja? "Caballeroso, respetuoso y educado", dice.

¿Romántico?

Soy muy detallista.

¿A la antigua? ¿Mandas flores y esas cosas?

Sí, de abrir la puerta, de mandar flores, escribir una carta.

¿Sí te ves en unos años con una pareja?

Ya estoy en una etapa en la que considero que estoy emocionalmente estable, profesionalmente logrando lo que me he propuesto, y estaría feliz de empezar a compartir la vida en pareja con alguien.

Pero estamos de moda los solteros que somos muy felices sin una pareja, ¿no?

¿Sabes qué pasa? Yo vengo de una familia tradicional, sí creo en el matrimonio, no creo que tenga que ser un requisito, como bien dices hoy en día hay diferentes tipos de parejas, pero sí me gustaría el día de mañana casarme y tener una pareja.

Lo dice con mucho entusiasmo, pero la cara se le ilumina al triple al hablar de tener hijos. "Es que soy muy niñero", explica. Por ahora, se está entrenando con sus siete sobrinos. "Según ellos soy el tío consentido", presume. "Me gusta mucho invitarlos a mi casa, los llevo al parque, los llevo por un helado", dice con la sonrisa más grande del día.

¿Qué recuerdos te gustaría que tus sobrinos tuvieran de ti cuando crezcan?

Cómo los quería. ¡O cómo los quiero más bien, en presente!

Voy a parecer el tío incómodo que llega a fin de año a preguntarte esto, pero te lo voy a preguntar... ¿y tú para cuándo? ¿Cuándo piensas tener hijos?

Es un proyecto de vida que tengo y espero que lo pueda realizar.

¿Te urge?

Yo creo que ya estoy listo.

DESPUÉS DE KUSAMA, MÉXICO

David habla español, inglés, francés, y hebreo. Por su trabajo, viaja frecuentemente a las ciudades más hot para el arte, como Londres, Bilbao, Chicago y Nueva York, que lo sigue impactando por su efervescencia. Pero aun siendo un ciudadano del mundo y con los reflectores internacionales sobre su trabajo (ya hasta investigadores de Harvard lo buscaron para documentar su fórmula del éxito en el Tamayo), quiere quedarse en México trabajando en el patronato (que podría reelegirlo este 2015 por dos años más); armando los primeros grandes proyectos de su Fundación para las Artes, Cultura y Educación en México (FACE), que busca replicar su modelo en todo el país, y buscando contribuir a México. "Creo que tengo mucho que dar, estoy abierto a escuchar cualquier tipo de propuesta o invitación, esto me ha dado bastantes tablas", dice.

Con tu formación podrías irte de México, pero decides quedarte. ¿Por?

Porque amo a México, amo a mi país, aquí están mis raíces y de aquí soy. México me dio la oportunidad de hacer lo que estoy haciendo, y siempre voy a estar infinitamente agradecido. Quiero que el día de mañana tengamos un país del cual mis hijos se sientan orgullosos.

(Este texto fue publicado originalmente en la edición 334 de la revista Quién).


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