La Gran Vía de Madrid siempre está en movimiento. Pero basta cruzar la puerta del número 20 de la emblemática calle para descubrir otro ritmo: uno lleno de conversaciones que se alargan, libros y otros objetos que parecen guardar secretos y espacios que invitan a quedarse un ratito más.
Brach Madrid: Una historia de amor en la Gran Vía
Esa es la esencia de Brach Madrid, el segundo hotel de la marca de Evok Collection y una de las direcciones más personales de la capital española. Instalado en un edificio histórico construido entre 1919 y 1922, el hotel recupera la memoria de sus muros y la convierte en una experiencia contemporánea, cálida y llena de carácter. La visión es la de Philippe Starck, que imagina aquí un Madrid de nostalgia moderna, literalmente.
Las habitaciones, 57 en total, incluidas cuatro suites, fueron minuciosamente pensadas como capítulos de una novela íntima. Cada una es completamente distinta a la otra. Todas pertenecen a un personaje imaginario distinto y conservan rastros de su vida: fotografías, dibujos, notas y recuerdos de viaje.
En los baños, la piedra de brecha y los espejos enmarcados en cerámica verde musgo suman una nota artesanal. Todo está perfectamente elegido para que el diseño se descubra poco a poco, como una conversación que empieza con un detalle y termina llevándonos a otro.
Y si hablamos de Madrid, es imposible no mencionar su gastronomía. Para seguir con la misma narrativa, la propuesta culinaria de Brach Madrid es un must. Bajo la dirección del chef francés Adam Bentalha, la cocina recorre el Mediterráneo con acentos de Oriente Medio y producto español. El restaurante evoca aquellos grandes cafés madrileños donde las ideas circulaban entre platos y sobremesas, lugares para encontrarse tanto como para comer.
La cocina abierta y el horno de carbón ponen el fuego en el centro de la escena. En la carta, el aceite de oliva, el atún rojo y el jamón ibérico de bellota hablan de una cocina generosa, pensada para compartir.
Como todo en este hotel, el descanso tiene su propio toque. En los 400 metros cuadrados de su spa, el bullicio de Gran Vía queda lejos; una alberca interior, sauna, hammam y cabinas de tratamiento componen un refugio pensado para bajar el ritmo.
A la experiencia se suman tratamientos faciales de Clarins, además de terapias de bienestar que invitan a hacer una pausa entre una caminata y otra por la ciudad. Brach Madrid encuentra su encanto en esa mezcla: la energía de una avenida que nunca se detiene y la intimidad de un lugar que parece conocer ya a sus huéspedes. Un hotel que entiende el lujo a la perfección, el espacio ideal para entrar en una pausa dejar que la ciudad suceda alrededor.