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Casa Yati, la escapada más espectacular y con la mejor privacidad en Mazunte

Hay un tipo de cansancio que ya no se cura con un fin de semana cualquiera, y para ese cansancio específico existe Casa Yati.
Casa Yati
Hay un tipo de cansancio que ya no se cura con un fin de semana cualquiera, y para ese cansancio específico existe Casa Yati. (Cortesía)

A solo 12 minutos del centro de Mazunte, el hotel Casa Yati parece diseñado con una sola misión: que apagues el celular, te olvides del reloj y dejes que el sonido de las olas se encargue del resto.

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Casa Yati en Mazunte

Lo primero que hay que saber es que aquí tú decides el ritmo. Si el plan es moverse, la mañana puede arrancar con una clase de surf, una sesión de yoga frente al mar o hasta una inmersión de buceo antes de que el sol pegue fuerte.

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La escapada más espectacular con la mejor privacidad está aquí, en Casa Yati. (Créditos)

Si el plan es no hacer nada, también está perfectamente permitido, el hotel es boutique, pequeño e íntimo, con apenas ocho habitaciones frente al mar, lo cual explica por qué tantos huéspedes describen la experiencia como un refugio privado más que como un hotel más. Después de cualquiera de los dos caminos, el desayuno espera, y ahí los huevos rancheros y el pain perdu son un must antes de tirarse a hacer la digestión bajo el sol.

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El desayuno espera, y ahí los huevos rancheros y el pain perdu son un must antes de echarte a hacer la digestión bajo el sol. (Cortesía)

Para cuando el cuerpo pida moverse otra vez, la recomendación es caminar a la bahía vecina. Es el lugar donde salen las mejores fotos para tu feed, sí, pero también donde ocurre algo que ninguna cámara termina de capturar del todo, en el sunset, la arena cambia de color y se vuelve negra por el material de la magnetita, un efecto que la naturaleza regala sin pedir nada a cambio.

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Para cuando el cuerpo pida moverse otra vez, la recomendación es caminar a la bahía de al lado. En el sunset, la arena cambia de color y se vuelve negra por el material de la magnetita, un efecto que la naturaleza regala sin pedir nada a cambio. (Cortesía)

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En la mesa, Casa Yati no juega. Los tacos de camarón con la salsa de habanero de la casa, el aguachile fresco y la pasta de mariscos son de esos platillos que uno recuerda semanas después, y las aguas frescas (sobre todo la de maracuyá con agua mineral) se convierten rápido en una necesidad diaria más que en un antojo ocasional.

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Hay un tipo de cansancio que ya no se cura con un fin de semana cualquiera, y para ese cansancio específico existe Casa Yati. (Cortesía)

Pero si hay una experiencia que resume el espíritu del lugar, es el masaje. Sobre todo si Vicky es quien lo da. No ocurre en un spa cualquiera, sino en una palapa construida en la parte alta de una montaña, apartada del hotel, con vista de 360 grados hacia la playa y las olas como único soundtrack. Es el tipo de detalle que separa un buen hotel de un lugar que la gente empieza a contar como anécdota.

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Si hay una experiencia que resume el espíritu del lugar, es el masaje. Sobre todo si Vicky es quien lo da. No ocurre en un spa cualquiera, sino en una palapa construida en la parte alta de una montaña, apartada del hotel, con vista de 360 grados hacia la playa y las olas como único soundtrack. (Cortesía)

Y para quienes no logran quedarse quietos del todo, rentar una moto abre la puerta a un roadtrip por Mazunte, Zicatela y el resto de las joyas escondidas de Puerto Escondido, esa costa oaxaqueña que sigue sintiéndose menos descubierta de lo que debería.

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El servicio es el tipo de detalle que separa un buen hotel de un lugar que la gente empieza a contar como anécdota. (Cortesía)

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