Hablar de José Ramón Fernández es hablar de una institución del periodismo deportivo en México. En su trayectoria, “Joserra” ha construido una voz que ha marcado a generaciones y ha construído una manera distinta de entender el futbol, una visión crítica que convirtió la televisión deportiva en conversación nacional.
José Ramón Fernández: El Protagonista incómodo
Mucho antes de que los comentaristas deportivos fueran celebridades o las mesas de análisis se llenaran de polémicas, José Ramón Fernández ya cuestionaba directivos, señalaba intereses políticos y denunciaba irregularidades dentro del deporte más popular del país. Lo hizo desde Canal 13, después desde TV Azteca y más tarde en ESPN, siempre con el mismo sello: frontal, incómodo y profundamente apasionado.
Ahora, con El Protagonista, su cuarto libro, el periodista poblano hace un recorrido por las historias que han marcado sus 54 años de carrera y, al mismo tiempo, por la transformación del futbol en un negocio, asegura, dominado por intereses políticos, económicos y mediáticos.
“El futbol fue cambiando porque es un negocio. El futbol es un espectáculo deportivo de masas”, cuenta.
Antes de las Copas del Mundo, las exclusivas, estaba el niño que iba al estadio con su papá a ver al Puebla. Ahí comenzó una relación con el futbol que, con los años, terminaría por convertirse también en una mirada crítica hacia el sistema que rodea al deporte.
Para “Joserra”, el problema no es el crecimiento del futbol como industria, sino quién ejerce el control sobre él. Habla de FIFA, de los intereses económicos detrás de los mundiales y de cómo el futbol mexicano, desde su perspectiva, dejó de evolucionar.
“México en futbol, a mí me da la impresión de que se ha detenido. No ha buscado nuevas alternativas, mejores jugadores. Lo único que ha hecho últimamente es desbaratar. No hay descenso, no hay ascenso. Todo se maneja de forma muy rara”, asegura.
Su crítica no es nueva. Durante décadas, José Ramón Fernández construyó una carrera justamente a partir de incomodar a los dueños del balón.
El precio de decir lo que piensa
Ese estilo confrontativo que hoy es parte de su identidad también ha tenido consecuencias. Una de las más recordadas ocurrió tras el escándalo de los Cachirules, cuando denunció que futbolistas mexicanos habían falsificado sus edades para competir en torneos juveniles.
“Para el Mundial de Italia (1990) fue castigado el fútbol mexicano y yo fui un antipatriota, que vendía al país, al fútbol”, recuerda.
“El periodista, el que es periodista, tiene que investigar y decir si o no hay trampa, aunque sea México”.
También hubo castigos dentro de la televisión. Como el día que llamó “mercenario” a João Havelange tras el terremoto de 1985 luego de escuchar que al entonces presidente de FIFA le preocupaba más el estado del Estadio Azteca que la tragedia humana por la que atravesaba la Ciudad de México.
“Ese día, la primera nota que leí fue “el señor Havelange está muy contento de que el temblor no hizo daño a las estructuras del Azteca”. Dije: ’Dios mío, no. Es un mercenario”. Me suspendieron 15 días”, cuenta entre risas.
Aun así, nunca cambió el tono. No obstante, el miedo a que su voz fuera silenciada, siempre estuvo presente.
“Si he tenido miedo, pero me tengo que aguantar”, confiesa con la voz de quien entiende que ejercer el periodismo incómodo también implica asumir consecuencias.
La revolución de Los Protagonistas
Si algo terminó por convertir a José Ramón Fernández en una figura irrepetible fue Los Protagonistas. El programa de TV Azteca no sólo revolucionó la cobertura deportiva en México, también cambió el lenguaje de la televisión.
La mezcla parecía improbable: análisis serio, crítica dura y el humor blanco de los personajes de Andrés Bustamante y Víctor Trujillo. Pero ante todo pronóstico, funcionó.
“Nadie ha igualado esa fórmula, la copiaron pero muy mal”, dice.
La idea surgió después de varios mundiales, cuando José Ramón Fernández entendió que hacía falta un gran resumen nocturno que conectara con las familias que no podían seguir las competencias durante el día. Así nació el programa que marcaría época.
Detrás de cámaras, las historias eran igual de caóticas que inolvidables: Andrés Bustamante disfrazado de canguro recorriendo los estudios olímpicos de Sidney; su personaje Ponchito “robándose” la flecha simbólica de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992); o Brozo soltando comentarios imposibles de controlar en plena transmisión.
Todo parecía improvisado, aunque detrás existía una estructura muy clara: hacer televisión deportiva distinta.
Los sacrificios detrás de la carrera
Pero detrás del personaje duro también hubo costos personales. José Ramón Fernández recuerda con absoluta claridad dónde estaba cuando nacieron sus hijos, como si cada uno de esos momentos hubiera quedado archivado junto a esos episodios –muchos de ellos ya históricos— que ocurrían en paralelo.
“En la eliminatoria de Haití (1973) nació mi primer hijo; lo conocí un mes después”, cuenta. Años más tarde, mientras narraba la histórica derrota de México 6-0 contra Alemania en Argentina (1978) —“iban cayendo uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis goles”— nació su segundo hijo, Juan Pablo. Después llegó Asunción, mientras él cubría los Juegos Panamericanos de Puerto Rico (1979). “Cuando llegué al hospital ya había nacido”, recuerda. Y décadas más tarde, su hija Lorea nació mientras él se encontraba en Alemania durante el Mundial de 2006.
“Son cosas que sacrificas”, admite. “Y que a veces los hijos no entienden”.
Lo dice sin dramatismo, como alguien que entiende perfectamente el precio de dedicar la vida completa a una profesión.
Hoy, después de 13 Copas del Mundo y 13 Juegos Olímpicos, José Ramón Fernández sigue siendo una de las voces más influyentes y polémicas del periodismo deportivo mexicano. Quizá porque, incluso ahora, continúa diciendo cosas que muchos preferirían no escuchar.